Huele a queroseno
y entre las llamas almibaradas
gimen las letras
desangrándose en tinta negra.
Se contraen las páginas en posición fetal,
mudan su color y convertidas a cenizas
son polvo olvidado, no simiente del mañana.
Sin libros no hay memoria,
la presa del conocimiento se desborda
y desaparece absorbida en la tierra.
Es triste quemar libros
pero más triste es
tenerlos a nuestra entera disposición
y no leerlos.