February 2007


Poesías28 Feb 2007 12:03 am

Quería hacerlo pero pensé que…
querías decirlo pero pensaste que…
queríamos ser iguales pero pensamos que…
queríais coger altura pero pensásteis que…
querían no pensar en nada pero pensaron que…
uno que en nada pensaba
hizo el trabajo de todos ellos
con una pala y un cubo.

Poesías27 Feb 2007 04:02 pm

El grado de placer y felicidad que nos proporciona a los humanos el dinero sigue un “rendimiento decreciente”. Esto nos viene a decir que si pasamos de ser mileruristas a ser dosmileuristas nuestra felicidad se duplicará, algo de todas maneras muy dificil de cuantificar. El incremento de nuestra felicidad obtenido al pasar de cuatro mil a cinco mil euros será inferior que el de pasar de mil a dos mil. Por eso son decrecientes, por que llega un momento en el que una vez cubiertas las necesidades básicas, el dinero proporciona un placer cada vez menor.

Hay gente la cual una vez llega a un determinado nivel económico, no es capaz de manejarse con sumas tan elevadas y comienza a desbarrar. Vemos como gente de la farándula: actrices, actores, cantantes, deportistas, hijos de famosos, etc comienzan un peregrinaje que les lleva por clínicas de desintoxicación y recorren un vía crucis por el lado más salvaje de la vida, hasta que algunos cruzan la línea y se van para siempre al más allá.

Dicen los economistas que el umbral, tras el cual se encuentra el bienestar y la felicidad, está en un nivel de renta de unos mil cien euros, para un país como España. Esa cantidad se asocia a la felicidad. Habría que matizar. No cunde lo mismo un sueldo en una ciudad como Madrid, que un pueblo pequeño. Todos conocemos también gente que ganando un sueldo superior a esa cantidad está amargada. No tiene tiempo para nada, tampoco amigos. Trabaja más de lo que quisiera, para así poder tener una segunda vivienda en la costa o en una urbanización, seguir endeudado con hipótecas a cincuenta años, durante media vida y no poder disfrutar de todo lo que tiene. Otros no llegan a los mil euros y no pierden la sonrisa. Cierto es, en parte, eso de que no es rico el que más tiene sino el que menos necesita, una frase que suena muy bien, pero dificil de llevar a la práctica si nuestros ingresos son tan bajos, que la necesidad es una imposición y no una opción personal.

El ahorro no obstante es una tarea difícil de llevar a la práctica, en una sociedad consumista, que requiere que todo sea repuesto a velocidad de vértigo, y donde la etiqueta “antiguo” es algo desdeñable. El “boom” de los móviles ha supuesto que ahora las facturas que se pagan a las operadoras cada mes, sean en muchos casos de importe superior a la suma de lo que que pagamos de gas y electricidad en un mes, cuando el móvil es algo perfectamente prescindible (se puede vivir sin un teléfono movil, aunque a algunos les parezca increible) y lo otro es necesario (sería muy jodido estar en una vivienda en la que no tuvieramos electricidad ni agua caliente).

El dinero creo que no da toda la felicidad, pues hay cosas como la salud, el amor verdadero o una amistad que no pueden comprarse, tampoco nos evitas las desgracias, ni los malos tragos, pero una posición desahogada contribuye en gran medida a conseguirla. No creo que nadie pueda ser feliz con un sueldo de seiscientos euros, o con una pensión pareja al Salario mínimo interprofesional. Con esa cantidad dificilmente se puede llegar a fin de mes. Hay unos gastos fijos de electricidad, gas, agua, cuotas de saneamiento, gastos de la comunidad, seguros, que son ineludibles. Igual que el gasto destinado a la alimentación o al vestir.
Por mucho que intentemos estirar los euros hasta lo inverosimil está claro que con 600 euros se malvive, que siempre andaremos con la lengua fuera. Cualquier imprevisto hará que se desbarate toda la economía como un castillo de naipes, y se nos negará la posibilidad de pensar en el mañana, de hacer planes, pues el presente será una correa alrededor de nuestro cuello, que nos ahogará cada día.

Sorprende oir a la gente que viaja a los países del Caribe a su regreso comentar eso de “no tienen nada, pero se les ve tan felices”,”si quieren algo de comer, lo cogen de los árboles” y “duermen en casas hechas de uralita, en las que el buen clima no les hace morirse de frío”….

Quizá esas afirmaciones valgan para aquellas latitudes, pero no creo que en nuestro querido país, nadie roce la felicidad, durmiendo entre cartones, ni alimentándose de lo que dan nuestros frutales. Un sueldo digno es la base sobre la que construir toda nuestra vida. Si el sueldo es bajo, nuestra vida tendrá cimientos de papel, y el destino nos tendrá contra la pared un día sí y al otro también.

Si algún día triunfa el verdadero comunismo y todos acabamos siendo iguales, yo reivindico, desde ahora mismo un salario de 1.200 euros para todos. Así todos contentos y felices, al menos en teoría.

Un salario mínimo que ofrecía IU en las elecciones de marzo de 2008, y que parece que no ha cuajado en la ciudadanía pues ha dejado de ser grupo político y LLamazares ha sido barrido por el tsunami bipartidista.

Poesías27 Feb 2007 04:00 pm

Hay ciudades a las que uno sueña con volver, como Roma, por ejemplo. Después de la visita, siempre quedan cosas que ver, calles que recorrer, monumentos que contemplar, restaurantes en los que deleitarnos con la gastronomía italiana. Así que cuando nos es posible, cogemos la maleta y regresamos, con ilusión de seguir conociendo una ciudad que nos encandila, que idealizamos en la distancia pero que de nuevo en ella, no nos defrauda, pues nunca deja de sorprender, pues las ciudades siguen evolucionando, o quizá evolucionamos nosotros, que lo vemos todo con otros ojos.

Un amigo mío acaba de regresar de París, tras un viaje de cuatro días. Lo ha visto todo ha dicho, o al menos lo más importante. Eso sí, han andado mucho, hasta acabar reventados. Para ello han contado con la información detallada y exhaustiva que le ha proporcionado la hija de una amiga. Un guía de fabricación manual, que les ha permitido ahorrar tiempo y moverse de modo éficaz para no dejarse nada, o el menor número de cosas en el tintero.

París, al igual que Roma es otra de esas ciudades que enamora. Como me ha dicho mi amigo. “París es una ciudad a la que hay que regresar, no como Londres“. No he tenido ocasión de ir a Londres así que no sé que ocurrirá el día que vaya. Si la ciudad me tocará el corazón de tal modo que me hará regresar o no, pero cierto es que París es una ciudad bella, viva y vital. Con una belleza monumental evidente que supone un deleite para los sentidos, de esas ciudades que se disfrutan caminando de plaza en plaza, de barrio en barrio, de iglesia en iglesia, de bar en bar, de restaurante en restaurante. Además, junto con la española, la gastronomía Francesa es de las más reconocidas a nivel internacional. Si bien, cuando vamos de turista rara vez podemos disfrutar de la verdadera cocina francesa, y solo rascamos la superficie, comiendo lo típico: el entrecotte con patatas fritas, la baguette, el café au lait y los croissants matinales.

Hay otras ciudades como Helsinki, Gotemburgo, Estocolmo que merece la pena visitar, ya que soy de los que piensan que hay que visitarlo todo, al menos una vez, pero que no me dejaron esa huella, ese veneno, que solo una nueva visita, sirve como antídoto. Lisboa es otra ciudad que engancha, que me suministra agradables recuerdos y alimenta la evocacion de los buenos momentos, esos a los que aferrarse cuando al echar la vista atrás, hacemos balance de los placeres vividos.

Si tuviera que visitar una ciudad por última vez, porque el mundo se acabase mañana, iría a Roma sin dudarlo, recorrería sus plazas, comería focaccia hasta hartarme, tomaría un café bien cargado y me adentraría en una pizzería en Trastavere y allí esperaría el final con una sonrisa en el rostro y la mirada acuosa, buceando dentro de mí.

Algo que también guarda relación con lo anterior, es como se realiza un viaje. No se vive de igual manera yendo solo que acompañado. La intensidad y el disfrute no es igual de ir en plan mochilero, en un viaje organizado por el INSERSO, en un viaje de fin de curso, con el grupo de amigos, que con tu pareja, ya sea durante un viaje de novios, o cuando inicias una relación, y te enciendes al roce, y entonces te da lo mismo estar en Roma, que en un camping de mala muerte, tumbado sobre un suelo duro como una piedra, con un calor infernal, mosquitos chupándote la sangre y la cabeza como un tambor de hojalata recalentado, ya que todo será maravilloso aún a riesgo de que el exceso de azúcar nos produzca un shock-hiperglucímico.

Poesías27 Feb 2007 03:56 pm

La política se está convirtiendo en un elemento distorsionador de la realidad. Por un lado nos hablan de que España, mediante las reformas de algunos estatutos se desmiembra, pero al mismo tiempo parece que los políticos no tienen otra misión que la de dividir y confrontar a los Españoles, manteniendo en pie “las dos Españas”. Así si cuando el partido que gobierna hace algo, lo que sea, tendrá a la oposición en frente para decirle que todo ha sido un desastre, que la gestión ha sido pésima, que todo lo que ha pasado, pasa y pasará es culpa suya, que deje de hacer el ridículo, que el país necesita otra cosa, líderes firmes, programas políticos sólidos, gente capaz de tomar decisiones y de asumir sus responsabildades (¿dimitir también?).

Luego, los que gobiernan, una vez estén en la oposición, emplearán las mismas tácticas de sus predecesores, pues se viene demostrando que dan buenos réditos electorales.

Esas buenas palabras de nuestros políticos, ese pensar en los ciudadanos y ciudadanas, debiera transformarse en un sentimiento de fraternidad, de tal modo que los políticos desde sus poltronas y desde el poder que ejercen sobre la sociedad, debieran dar ejemplo, actúar de referente, mostrar a la ciudadanía, que ellos son de otra pasta, que les mueve el amor al prójimo, que por su país, por su España, por su nación única e indivisible son capaces de todo, también de tender las manos a su enemigos, que no son otros que los partidos de otra tendencia política. Porque son eso enemigos, no compañeros, ni nada parecido.

No estaría mal que la utopía se materializase con los políticos trabajando codo con codo, en una empresa común, en hacer una sociedad más justa, más solidaria, más respetuosa. Pero es eso una utopía, porque al encender el televisor y oir las declaraciones de nuestros políticos vemos que la inquina, la mala leche, el rencor, el revanchismo, las represalias verbales, el odio patente, está presente en todas y cada una de sus manifestaciones.

No les mueve a los políticos en sus actuaciones el bien común, la fe en un proyecto, sino derribar al que gobierna para ocupar su lugar cuanto antes, moviendo los hilos que sean necesarios, caiga quien caiga. Importan los fines, no los medios, alardean algunos políticos, presidentes de Comunidades Autónomas desde las ondas.

Luego la ciudadanía, que está a otros menesteres, que quiere vivir bien y en paz, les de la espalda a los políticos, como en el referendúm sobre el Estatuto Andaluz, cansada de oir siempre lo mismo, las mismas barbaridades, que justifican lo injustificable, de que les tomen por estúpidos.

La ciudadanía cada vez confía menos en los políticos. Se lo tienen ganado. Pocas cosas generan hoy tanto recelo como un concejal de urbanismo o un alcalde con un plan urbanístico entre manos.