March 2007


Devaneos18 Mar 2007 12:03 am

Los ayuntamientos y las comunidades autónomas se ponen de acuerdo para edificar en espacios protegidos, para lo cual aprueban decretos y leyes, que les permitan convertir terrenos no edificables en edificables. Luego se lleva a cabo el proyecto, desoyendo las voces de los vecinos y los ecologistas, escuchando el vozarrón de la Diosa fortuna, y los palabras mimosas de los constructores y edifican pareados, chalets, urbanizaciones u hoteles. Da igual que sea frente al mar y que haya sentencias recurridas ante el Tribunal Supremo instando a la paralización de las obras. Ellos siguen para adelante, hasta concluir la obra. Luego a veces sucede como pasó en Almería, en el Cabo de Gata, que un hotel, El algarrobico, tiene que ser demolido y el Estado con el dinero de todos los españoles debe ir recomprando terrenos y fincas por el litoral. Los mismos terrenos que los ayuntamientos y las comunidades cegados por el dinero y la sinrazón vendieron a los constructores. De esos ingresos que las comunidades autonomas reciben de los Presupuestos generales del Estado, deducería las cantidades que el Estado va pagando en estas recompras.

El único culpable de esta asquerosa situación, de esos afanes inmobiliarios, de esa locura consistente en crear campos de golf en lugares donde falta el agua, son los políticos irresponsables, los alcaldes y concejales de urbanismo, los cuales comprados por suculantes comisiones son capaces de venderse no ya ellos, sino también los terrenos municipales al mejor postor. Que el futuro medioambiental de muchos municipios esté en manos de esta gentuza, obliga a tomar medidas, a fin de controlar sus acciones y si es preciso hacer que la ordenación del territorio pase a manos del Estado. No puede ser que un puñado de políticos corruptos jueguen con nuestras costas, con los terrenos protegidos, con el medio ambiente, que ya es lo bastante frágil como para que gente sin ningun miramiento se enriquezca a costa de dejarnos como legado toneladas de cemento y ladrillos

Devaneos17 Mar 2007 12:03 am

Antes la sal era un tesoro, moneda de cambio en las transacciones comerciales y una materia prima valiosa que servía para conservar los alimentos. Salándolos, estos podían durar más tiempo evitando que se pudrieran, haciendo la sal las veces de nuestros frigoríficos y arcones actuales. Hoy la sal abunda y su precio es bajo. Podemos comprar un kilo de sal por menos de un euro. Basta darse una vuelta por las salinas de Torrevieja para ver las toneladas de sal que allá se obtienen, muchas de las cuales se destinan al exterior.

Algunos platos, como la dorada o el cordero pueden cocinarse a la sal, basta con poner en una bandeja profunda, el pescado o la carne y cubrirlo enteramente con sal y luego meterlo al horno. La sal también está muy presente en la época invernal, cuando se suceden las nevadas y entonces toneladas de sal son vertidas sobre el asfalto para derretir la nieve.
Este invierno, 2070 toneladas se usaron para hacer frente a las nevadas por parte de la Delegación del Gobierno, solo en Asturias, así que a nivel nacional pueden hacerse una idea de las toneladas necesarias para todo el invierno.
Poco importancia se presta al efecto que esas toneladas de sal pueden tener sobre el medio ambiente, cuando el agua derretida por obra de la sal, va a parar a los ríos o los terrenos adyacentes. La sal abrasa cuanto se encuentra en su camino. Si tiene un campo y no quiere volver a ver fruto en él, sálelo, como hacían antes los guerreros con sus enemigos para quitarles el sustento que sus campos podían ofrecerles; los romanos, para llevar hasta sus máximas consecuencias la destrucción de Cartago, sembraron sus campos con sal.

Hoy se tiran toneladas de sal en las carreteras impunemente y lo vemos como algo normal, un mero trámite que permite dejar las carreteras limpias en un plis plas y poder así circular, sin sufrir los rigores invernales, evitando que una nevada desbarate nuestros planes. Minimizando el efecto de las nevadas con la sal, estamos perjudicando irremediablemente los ríos y los campos. Ójala que los poderes públicos y aquellos que pueden tomar cartas en el asunto muevan ficha y aborden el problema para darle otro enfoque que evite el derramamiento masivo de cantidades ingentes de sal, buscando fórmulas menos nocivas.

Devaneos16 Mar 2007 12:08 am

Al igual que las drogas, nos dicen ahora que los móviles también generan adicción. Que hay quien no puede estar sin consultar casi constantemente su móvil, viendo si tiene algún sms nuevo, alguna llamada perdida, que se atacan de los nervios, si llaman a alguien y no obtienen rápida respuesta. Esta adicción presumo que cada vez será mayor, ahora que los móviles se han convertido en un apéndice más de nuestro organismo en un sexto dedo.

Es evidente que el teléfono móvil tiene sus virtudes. Se ha dado el caso de personas que han sido secuestradas y gracias a los móviles han podido ser liberadas. En situaciones extremas, tales como una tormenta, una fuerta ventisca, perderte en el monte, sufrir un accidente, o simplemente pedir ayuda, un móvil te puede salvar la vida o resultar de gran utilidad, como lo usan también los famosos cuando quieren evitar a los “moscones del corazón” y se ponen a hablar con el primero que tienen en su agenda, consiguiendo a veces que no los incomoden con sus “preguntas excremantales”.

Pero en el día a día, el uso del móvil se ha vulgarizado de tal modo, que ahora las amas de casa salen con él para bajar al supermercado a hacer la compra, los abuelos los llevan encima para ir al hogar del jubilado o mientras juegan a la petanca, los niños los llevan para ir al colegio y de paso grabar sus gamberradas o las de los otros, los adolescentes los usan para comunicarse con las chicas de clase que les gustan y a las cuales, en vez de decirles las cosas a la cara, prefieren dejarse una fortuna, que pagan los padres, enviando sms, fotos o manteniendo interminables conversaciones, que luego muchas veces se reproducen palabra por palabra cuando se ven.

Las compañías telefónicas que han visto el filón, nos bombardean con anuncios en las televisiones, haciéndonos creer, y lo han conseguido que no podemos vivir sin un teléfono móvil. Los que hace quince años vivían a la perfección con su teléfono fijo ahora ven cómo, sin un móvil no saben estar, si no sienten el cosquilleo en la pantorrilla cuando vibra, o en plena calle, quizá para reforzar el ego y sentirse importante, nos hace partícipes a los que por allí caminamos de sus proezas amorosas, infidelidades, asuntos triviales, resultados deportivos o asuntos laborales, gracias a sus móviles de última tecnología. !Vaya paradoja!. Por un lado cada día nos volvemos más celosos de nuestra privacidad con Leyes que protegen nuestros datos y al mismo tiempo nos despachamos con el móvil delante de todo el mundo contando a este cosas personales.

A mí, los móviles me aburren y me fastidia que cuando estoy a mi aire dando un paseo por un parque me manden algún sms vendiéndome el oro y el moro con alguna fabulosa promocion, con la que hablar más y más barato, o me inoportunen para cualquier chorrada, cuando lo que busco es tranquilidad y reposo, disfrutando de mi tiempo libre. Así que yo y cuatro más hemos convertido nuestros móviles en “móviles-fijos” de los que solo echamos mano en contadas ocasiones. Doy fe de que se puede vivir sin teléfono móvil o cuando menos sin estar enganchando a ese aparatito las 24 horas del día.

Devaneos15 Mar 2007 12:15 am

Las compañías telefónicas y aquellas que prestan servicios de ADSL son las que más quejas reciben por parte de los usuarios. No les basta con dar un servicio pésimo, con marearte cada vez que llamas al servicio técnico y “hablar” con media docena de voces pregrabadas y otras tantas voces humanas, para finalmente te salga alguien diciendo que has de llamar a otro número. No es suficiente con eso, sino que ahora también me entero de que una cosa es lo que nos venden y publicitan a bombo y platillo con sus maravillosos anuncios y otro lo que luego nos ofrecen en realidad.

En comunidades pequeñas como La Rioja, si contratas una línea ADSL de 20 mbps (2.355,2 kbytes/seg), luego cuando pagas el servicio y te sientas úfano delante de tu monitor y comienzas a navegar, en lugar de ir a bordo de una embarcación que va como un tiro, surcando océanos virtuales a velocidad de vértigo, te encuentras encima de una cáscara de nuez que se mueve renqueante, a paso de burra, y esos 2300 kbytes/seg se quedan en 698 kbytes/seg, es decir en un 43% de su capacidad.

¿Cómo se permiten abusos como estos?. ¿Cómo alguien puede vender su producto al 57% de su cantidad, rendimiento y que no pase nada?. Me temo que tras la liberalización del mercado de las comunicaciones de hace unos años, al final todas aquellas empresas que surgieron para plantar cara a Telefónica; Wanadoo, Ya.com, Tele-2, Ono, no han podido con ella, y así ni hemos visto mejorado nuestro servicio, ni los precios han bajado, pues en comparación con otros países europeos pagamos una barbaridad por nuestra ADSL y a cambio obtenemos una velocidad irrisoria.

Contraté hace unos meses mi ADSL con una de estas operadoras, de las que además de ofrecerte el servicio ADSL te permite no pagar a Teléfonica la cuota fija que pagaba antes por la línea y ahora si no se me cae la línea, oigo eco al hablar por teléfono. Soluciones por parte de la compañía ninguna, más allá de darte largas con más o menos salero, pero las facturas me llegan religiosamente. Al final visto el percal se hace bueno el dicho ese que dice que “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Nuestro sino por tanto, pasa por conformarnos con lo menos malo, mientras veo como cada año estas operadoras de tres al cuarto, a pesar de su pésima gestión y su patético servicio siguen ganando cifras astronómicas.

Relatos15 Mar 2007 12:03 am

No pegó ojo en toda la noche. Su corazón se encabritaba sin que pudiese hacer nada al respecto. Oía el eco de sus latidos dimensionados en su pequeña habitación. El aire le faltaba, creía ahogarse. ¿ Cómo podía estar en coma, al borde la muerte, ese chico simpático, pura vida, que la miraba sonriente desde el retrato situado sobre la mesilla de noche? . El chico que la hacía sonreír sin esfuerzo y del cual estaba locamente enamorada. Las cosas no podían ser así. No se podía pasar del ser, al no ser, en un abrir y cerrar de ojos, no era tolerable, no era justo. Lloró con rabia, con desesperación, con infinita tristeza. Sentía que se había hecho mayor de golpe; que la vida la había acorralado en un callejón, y que una hoja de acero acariciaba su gaznate. Le habían robado su juventud, su futuro, sin poder oponer resistencia. El destino había enseñado sus cartas y a ella le había tocado bailar con la más fea, convidada de piedra en una partida amañada.
Todo se había hecho añicos de repente. Quizá Ismael regresase, o tal vez no. Y si regresaba era muy probable que ya no fuese ese chico divertido y alegre, poseedor de una sonrisa maravillosa, si no otra persona; ochenta kilos de carne y prolongaciones de cables.
Un cuerpo incapaz de amar, de soñar, de reinventar la realidad. Intentó dejar la mente en blanco. No pensar. Era imposible. Un torbellino de negros pensamientos confluían en un mismo punto, haciendo que sus sienes latiesen aceleradamente. No aguantaba más. Se incorporó y salió a la calle. No había refrescado apenas y la temperatura era similar a la tarde; un bochorno espantoso e insufrible. Al final de la calle una cafetería permanecía abierta. Entró. Se daban cita en el local los más madrugadores, y los que terminaban su turno de noche. No eran aún las seis de la mañana y Regina sentía su cuerpo pesado, como si anduviese a contracorriente por una playa de gruesa arena y cada paso implicase un esfuerzo cada vez mayor. Tomó asiento. Bebió dos cafés solos, bien cargados y se sintió algo mejor. Su mente se despejó, lo cual no suponía pensar con lucidez. Todo era confuso. Ójala fuese un sueño pensó. Que no daría por ir a dormir y al levantarse encontrar todo en perfecta sintonía, oír la voz de su chico al otro lado de la línea, pasear juntos, recostarse sobre su vientre bajo la sombra de un árbol. Pero la realidad se imponía, manifestada en los rostros cansados de esas personas vencidas, que a su lado, pasaban la página de otro día más, que se había ido por el sumidero.

Pensamos que había muerto, dijo Rosauro, el padre de Ismael, en el coche, camino de Madrid. Desapareció un día y nunca más lo volvimos a ver. No llamó. No escribió. Nunca, ni al principio, ni luego. Lo dimos por muerto. Las noticias de los telediarios no eran alentadoras, rara vez en estos casos la cosa terminaba bien. Nunca supimos por qué se fue. Le queríamos, le dimos todo el cariño que pudimos ofrecerle, lo hicimos lo mejor que supimos. ¿era muy buen estudiante, quería ser ingeniero sabe?. Días antes de su desaparición su madre sintió algo raro en él. De la noche a la mañana se retrajo y dejó de hablar. Su mirada nos asustaba, parecía un lobo al acecho. No era el mismo de siempre y pocos días después nos dejó. Nadie sabe lo que hemos pasado. Noches y días enteros llorando, sin entender nada. Tras su desaparición nuestra vida ya volvió a ser igual. Nos ha consumido la amargura.

Regina asentía. Ismael era un calco de su padre; los mismos gestos y ademanes, ese tic nervioso que tanto detestaba ella y que consistía en hurgar en su nariz con los dedos, buscando no sé que cosa, o el baile del sambito, ese continuo movimiento de piernas que la exasperaba. Regina les contó como había conocido a su hijo. Como de la amistad habían pasado a mantener una relación de pareja que cumpliría su primer año el lunes próximo. Luego entró en harina. Les contó la situación, sin edulcorantes, palabra por palabra reprodujo las palabras del facultativo. Era muy probable que Ismael no saliese con vida del coma. No se podía hacer nada. Solo esperar.

Ya en el hospital las defensas cayeron, los sentimientos se desbordaron y afloraron las lágrimas. Los padres lloraban por el reencuentro con su hijo, al que volvían a ver, postrado en la cama, ausente. Isabel, la madre de Ismael que hasta ese momento había permanecido en un segundo plano, asintiendo a cuando su marido decía, se acercó a Regina y disponiendo sus pequeñas manos sobre las húmedas mejillas de la adolescente, le dijo, vivirá, Dios no lo quiere aún a su lado, ve a descansar, te hará bien. Gracias por todo hija.

No podía abrir los ojos. Soñó. Las imágenes eran borrosas. Cuerpos en movimiento. Luz regándolo todo. Y frío mucho frío. Un frío paralizante. Temblaba y no conseguía controlar el tembleque. La imagen desenfocada ganaba en nitidez. Visualizó un escudo de alabastro sobre una fachada de piedra, dispuesta encima de un gran portón de madera. Le resultaba familiar. También las calles y la pequeña ermita que se alzaba sobre la cresta de la loma. Era su pueblo. La puerta se abría sigilosamente, una figura alargada se asomaba y miraba tímidamente a izquierda y a derecha. Asomó un píe luego el otro, pegado a la pared avanzó unos metros. Se perdió por un camino flanqueado por árboles. No le costó trabajo reconocerse en esa figura. Así era como había abandonado todo lo que hasta ese momento había sido su vida. De una manera no premeditada ese hecho se repetía machaconamente una y otra vez en su subconsciente, agitándolo. Logró abrir los ojos. Parecía un hospital. No sabía que hacía allí. Movió las piernas y los brazos, todo estaba en orden. Liberó sus miembros del cableado y probó a incorporarse. La cabeza le daba vueltas y una náusea le provocó una arcada. Sentía el estómago vacío. No reparó en la persona que dormitaba en la cama de al lado, se vistió, comprobó que en su bolsillo llevaba unos euros, y abandonó el hospital sin que nadie le diera el alto.

Había escasa actividad a esas horas de la noche en las calles próximas al hospital. En el bolsillo trasero de su pantalón encontró la llave de su apartamento. Encontró todo en orden. Se lanzó de bruces sobre el colchón y acto seguido estaba dormido.

….continuará…

© Chufowski

Devaneos14 Mar 2007 04:06 pm

Dice el escritor Manuel Vicent., en su estupendo libro “Comer y beber a mi manera” que antes la diferencia entre ricos y pobres estribaba en tener o no harina y comer por tanto pan o no. Los que antes veían el cielo abierto cuando podían echarse al estómago un trozo de pan, daba lo mismo que tuviera una semana, ahora ven como se llevan los panes integrales, demandados por gente que quiere mantener una esbelta figura. Comer poco es lo que te mantiene delgado, oigo a menudo en boca de estas gentes. Antes estábamos delgados por necesidad, porque pasamos mucha hambre, porque durante la posguerra no había nada que echarse a la boca.

Hoy sucede lo contrario. La Organización mundial de la salud (OMS) quiere que el sobrepeso sea catalogado como una enfermedad, como ya lo es la anorexia, pues entiende que una persona que deja de comer voluntariamente es como otra que come compulsivamente, las dos estarían enfermas, pues no son capaces de poner freno a su situación.

El sobrepeso apuntan que será un gran poblema en pocas décadas, de hecho cada vez se ven más niños gordos. La pésima alimentación y el escaso ejercicio son las dos principales causas que lo explican. Aún con todo, España es uno de los países con una población más longeva, a lo que contribuye la comida Mediterránea, que hace que en nuestra alimentación estén presentes las verduras, frutas, hortalizas, aceite de oliva. Pero entre la gente más joven, la bollería industrial en los desayunos y almuerzos, los platos precocinados, en comidas y cenas y la poca querencia por las verduras, frutas y las hortalizas, como se ve en los comedores infantiles, hará que nuestras calles, plazas y playas sean testigo de multitudes de gente sobrada de kilos. Son muchas las enfermedades asociadas al sobrepeso, además limita la movilidad, impide realizar ciertas actividades, y aumentan las posiblidades de sufrir un infarto. No es necesario que la ministra se saque de la manga, una ley para manternos delgados. Basta con leer,informarse y apelar al sentido común. A partir de un determinado peso, cada kilo de más es un tortura para nuestro organismo, al que haremos sufrir innecesariamente. Al fin y a la postre, el cuerpo y la mente es lo único que nos pertenece.

Muchas veces en las comidas se da el caso de que una vez que algunos comensales tras empapuzarse con su primer plato, su segundo y su postre y tras tomarse una copichuela, a la hora del café piden sacarina en lugar de azúcar, porque la sacarina engorda menos. Sería preferible que en lugar de sustituir las calorias asociadas a dos cucharadas de azúcar por la de una sacarina, se comiera menos antes de tomar el café. Esto es de cajón, de sentido común, claro como el agua de lluvia, pero seguro que habrá algún dietista o algún famosete que saca un libro escribiendo estas obviedades y se forra. Así está el mercado y los humanos de estas latitudes.

Ya que tenemos el día del padre, de la mujer trabajadora, de los enamorados, del cáncer, el día de Europa, “apagones reivindicativos”, “día de los móviles apagados” prongo el “día del ayuno” un día en que todos, contagiados de estos movimientos solidarios, decidamos no ingerir un alimento durante 24 horas. ¿Quién se apunta?.

Devaneos13 Mar 2007 06:40 pm

¿A quién se parece?
¿os deja descansar?
¿qué tal hace la noche?
¿ha tenido cólicos?
¿habéis probado el colikin?
está para comérselo
aprovechar ahora que esta época se pasa volando
¿el vuestro no vomita?
….

Devaneos12 Mar 2007 04:27 pm

Una noticia se ha erigido como protagonista estelar sobre todas las demás, eclipsándolas. Una noticia que ha movilizado a millones de personas, ha copado los medios televisivos y radiofónicos y todo lo demás ha pasado entonces a un segundo plano. Si hay que relativizar las cosas, la prisión atenuada de un preso que estaba en la cárcel acusado de terrorismo verbal, tras haber cumplido una magrísima condena por sus veinticinco asesinatos anteriores, sería menos importante que el número de víctimas de tráfico que se cobran a diario las carreteras, que las mujeres maltratadas y asesinadas por sus parejas, que el calentamiento global, que los precios estratosféricos de los pisos, que el aumento de la delincuencia, que los pelotazos urbanísticos. Pero todo esto ha pasado a un segundo plano hace semanas.

Ahora solo les interesa a los políticos estar todo el día a vueltas con el mismo asunto, convocando manifestaciones, apelando a la unidad nacional y al mismo tiempo tirándose los trastos a la cabeza, creando división entre gente de distinta ideología, como si hubiera que criminalizar o cuando menos insultar al que piensa diferente a nosotros, para apuntarlo con el dedo y estigmatizarlo a los ojos de los demás. Dudo mucho que la labor política consista en eso, en denigrar al contrario, cuando debería afanarse en la consecución de la convivencia pacífica de todos los ciudadanos, tratando que estos fuésemos más solidarios y transigentes. Viendo como se las gastan nuestros políticos (nuestros máximos representantes) que no escatiman en insultos, en una vorágine asquerosa del “y tú más“, en buscar cualquier herida por pequeña que sea para meter el dedo, donde todo vale, y les importa un pimiento bailarles el agua a las víctimas del terrorismo, no porque compartan su pena y su dolor (como se ve en el diferente trato que reciben los asesinados por ETA y los que murieron en el 11-M, por parte de los grupos políticos mayoritarios. No olvidemos que el 11-M le costó el gobierno al PP y su afinidad con estas víctimas es menor, pues muchos familiares de los muertos en el 11-M piden responsabilidades a los altos cargos del PP que gobernaban entonces), sino porque ellos son la llave para ganar las próximas elecciones, es de un cinismo atroz, penoso y triste. Convertir la política en un juego de cuchillos, en un campo minado y viciado donde todo huele a podrido, enfrentando a los ciudadanos, en un lenguaje cargado de odio y rencor, debería salirles caro, costarles un precio político.

La gente moderada, que gracias a Dios somos la mayoría en este país, es lo que permite que todavía prevalezca el buen juicio y la atmósfera sea aún respirable, pero de seguir con esta crispación y esta cruzada electoral, no sé que veremos en el futuro, pero seguro que no será agradable.

Relatos12 Mar 2007 12:02 am

Se levantó y comenzó a caminar. A su alrededor un río humano de gente lo desbordaba por ambos lados. Llevaba ya unos meses en la ciudad pero la marabunta de gente en las calles le aceleraba el pulso. Gustaba de observar todo cuando tenía a su alrededor. Acababa agotado. Debía entonces fijar su atención en otro punto. Algo fijo, inamovible, que no lo distrajese. Sintió un cosquilleo en la zona superior del muslo. El móvil estaba vibrando. No descolgó. Funcionaban con llamadas perdidas. Les gustaba más así. Era su código particular que al igual que otros muchos jóvenes, agudizando el ingenio, ponían en práctica para ahorrarse unos euros al final de mes.
Enfiló la empinada calle que se perdía en el horizonte. Al final, el sol se escondía entre los tejados de la parte alta de la ciudad. El calor y la humedad perfilaban charcos de sudor en su desteñida camiseta ocre. Limpió de sudor su frente con el antebrazo, ató sus cordones y aceleró el paso. A esa hora el tráfico era intenso, asfixiante, los bocinazos orquestaban el caos circulatorio y los coches, como hormigas acosadas, buscaban esconderse en las calles que se derretían bajo un sol abrasador, ya en retirada. Si no se apuraba no llegaría al encuentro con Regina. El semáforo en rojo lo conminó a detenerse. Adelantó una pierna y miró a su derecha. Un coche, lo arrolló. Salió lanzado por los aires varios metros hasta ir a estrellarse contra el asfalto, perdiendo el conocimiento en el acto, con la cabeza enmarcada en un charco de sangre.

Ismael, que así se llamaba el joven, había llegado a la ciudad hacía pocos meses, con el firme propósito de echar para adelante con sus estudios de ingeniería. Su tesón se desvaneció poco tiempo después. La marcha nocturna, la vitalidad que la ciudad exudaba en todas sus manifestaciones, lo alejaron del camino de la razón y lo introdujeron de tapadillo, en la senda del despertar a los sentidos. Las tardes de verano las pasaba en los parques, con sus amigos, reunidos bajo los frondosos árboles, charlando, gozosos de coger los días por el cuello de la camisa y mirarlos a los ojos, no como esos otros, a los que detestaba, que pasaban los días a la luz de una lámpara, hincando los codos, ratones de bibliotecas, que miraban la vida de reojo, hasta bizquear.

Sentía entonces la felicidad en cada uno de los poros de su piel. En cada acto de su sencilla vida. Quería a sus amigos, sentía que formaba parte de algo. Las piezas encajaban. Conocer a Regina fue lo mejor, lo que desató un maremoto en su interior. Nunca antes había experimentado tantas sensaciones agradables como las que brotaban en su pecho cada vez que ella rompía la distancia prudencial, propia de la amistad y rozaba con sus labios su piel. Olvidó a su familia, a sus amigos de antes, como si su vida de ahora y la de antes fuesen dos polos opuestos, que se repelieran; más cariño hacia ella implicaba menos afecto hacia su familia. Sólo tenía entonces ojos para ella y de tanto mirarla el amor lo cegó. Escondió bajo llave lo aprendido y fue al frente de batalla del amor, con ingenuidad e ilusión. El amor duele siempre, pero sólo la primera vez toca el hueso, quiebra las rodillas y te hace besar el suelo. Eso lo aprendería después, cuando el pasado ganase la partida al presente.

Regina se presentó en el hospital minutos después. Su rostro daba cuenta de los estragos que la noticia había hecho en ella. En pocas horas, el peso del tiempo había cincelado en su rostro nuevas arrugas, las primeras. Sobresaltada, no cejaba en mover los manos, cómo si tanta actividad la aliviase, descargando su pesar, haciendo más digerible el mal trago.

En el hospital supieron que el chico se llamaba Ismael gracias a su teléfono móvil, artilugio que se había convertido ya en un apéndice más, en un sexto dedo. En la libreta de direcciones, un nombre ,“amor” hizo pensar a la chica de admisión que despachaba los asuntos administrativos que sería el teléfono de su chica. Llamó y acertó. La persona que le atendió al otro lado de la línea se quedó muda. No gritó. Parecía que siempre hubiese esperado esa llamada, el fatal desenlace, el quebrantamiento de su felicidad, la constatación de que la vida era un valle de lágrimas. Gracias, dijo y colgó.

Ismael había entrado en coma. El impacto contra el asfalto había sido brutal. Lo increíble es que a esas horas aún estuviese con vida. El doctor no se aventuró a dar un pronóstico. Mucho menos a cimentar falsas esperanzas. Fue tajante. Las posibilidades de salvación son ínfimas. No todo está perdido, pero debe de estar preparada para lo peor dijo apoyando la mano, con ternura en el hombro de ella. Pensó que no lo escuchaba, que la chica estaba muy lejos de allá, con la mirada perdida a saber en que pensamiento. Al final lentamente asintió.
El doctor la vio alejarse lentamente, arrastrando los pies.

En el enamoramiento se impone el deseo, la atracción física, el torrente sexual no requiere de parrafadas, de datos, de fechas, de palabras entorpecedoras. Nunca antes Ismael le había hablado de su familia, de sus amigos o del pueblo del que procedía. Nada. Así se lo hizo saber él, la primera vez que se besaron. Acabo de nacer ahora, tú me has dado una nueva vida, eres mi compañera de viaje, la persona que quiero comparta mi vida de ahora en adelante. Todo lo anterior no existe. Olvidémoslo. Nunca te hablaré de ello. De hacerlo mis heridas nunca cicatrizaran. Ella lo miro largo rato, buscando los porqués a tan extraña conducto detrás de sus ojos ocres. Al final cedió. Está bien. Borrón y cuenta nueva, cogió su mano y lo besó. Yo te bautizo dijo derramando el contenido de su botella de agua sobre su cabeza. Ismael sé bienvenido a la vida, yo seré Eva y tú Adán.

Ahora ella lamentaba haber aceptado sus condiciones. Quería llamar a los padres de Ismael, si es que vivían. Ponerles al tanto de la situación. Repartir la responsabilidad entre sus seres queridos. Y debía hacerlo pronto. Antes de que la cosa fuese a mayores y la realidad se plasmase en paletadas de arena sobre una caja de pino.
En el hospital le hicieron entrega de las pertenencias personales de su chico. Rebuscó dentro de una mochila de cuero, ajada, de la que Ismael nunca se desprendía. Encontró una cartera pequeña de tela. La abrió. Encontró un pequeño papel arrugado y amarillento que recogía tres palabras. Los datos personales de alguien pensó. Llamó a un amigo suyo pirado por los ordenadores, al que siempre recurría para estas cuestiones, el cual tenía la sorprendente habilidad de resolver sus dudas en cuestión de segundos.
Apunta el número que te voy a dar. Y la próxima vez espero que me tengas preparado algo más complicado. No hay vida sin riesgo, dijo entre risas. Lo intentaré, respondió ella despidiéndose, al borde del llanto.

-Sí, soy yo respondió. Sí, ¿cómo no voy a conocerlo señorita?, Ismael es nuestro hijo. ¿A Madrid?. Lo siento, no tenemos coche. Tendríamos que desplazarnos hasta Albacete y luego coger allá un autobús que nos llevase a la capital. ¿Haría usted eso?. ¿ No es mucha molestia?. De acuerdo entonces, nosotros le esperamos. Hasta mañana.

Regina no sabía que hacer. En el hospital sólo podía pasar las horas muertas velándolo. Necesitaba salir de allá. La atmósfera era opresora y odiaba el olor característico de los hospitales. Iría a recoger a los padres de Ismael al pueblo y los traería ante él. Eso aliviaría su carga, y rebajaría su dolor.

….continuará….

© Chufowski

Devaneos11 Mar 2007 01:16 pm

Mujeres con la bandera española

Cada vez que hay una manifestación, luego las cifras de los asistentes a las mismas nunca son las mismas según que periódico o radio escuches. En la de ayer, 10 de marzo convocada por el PP, sobre el “caso de Juana“, El País dice que fueron 337.500. Según la delegación del Gobierno, fueron 342.655 y según la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, 2.125.000.
Más allá de cuántos fueron realmente, llama mucho la atención que algo que se puede medir casi con exactitud teniendo en cuenta las calles que se recorrieron y el número de personas estimadas por metro cuadrado, que haya ese abismo entre una cifra y otra, casi siete veces más, me obligan a pensar que nos quieren hacer pasar por estúpidos, unos, los otros o los dos.

No hace mucho oí a un jefe de policía encargado de vigilar la seguridad en estas manifestaciones donde comentaba que se sabía perfectamente el número de gente que acudía a las manifestaciones y que el margen de error con las cifras que ello daban (las que arroja la Delegación del Gobierno) era mínimo.
Aquí el tema es polemizar con lo que sea, si es de índole política aún más. Si fueron 300.000 los que se manifestaron, representaría el 3% de todos sus votantes del PP, si fueron 2 millones y medio entonces, casi el 25%. ¿A qué atenernos?.

Poesías11 Mar 2007 12:58 pm

Las banderas españolas tomaron las calles en la manifestración

Me dan miedo las banderas
me da igual el color, el tamaño
si el viento las hace ir
a la izquierda, a la derecha o al centro

la multitud enfervorecida
atronando
me dan miedo los trapos de colores
la sangre derramada por ella
los hijos muertos en el frente
sus cuerpos envueltos en ellas

me dan miedo las banderas
que matan
que hieren
que separan
que dividen
que generan odio y diferencia
me dan miedo las banderas
que meneas con brío
millones han muerto y morirán
por ellas
¿serás tú el próximo?

© Chufowski

Devaneos10 Mar 2007 09:35 pm

Hay una escritora que en su día recibió el premio Planeta, el Nadal o el Primavera de Novela y que lleva ya tres acusaciones de plagio. Lo mejor del asunto es que ella sigue erre que erre plagiando, cogiendo un poco de aquí y un poco de allá, y sale airosa de todos los marrones.
Ahora dice que espera que con estas acusaciones de plagio vertidas sobre ella, su libro se venda más todavía. Siempre he pensado que hay escritores limitados, cuyo torrente imaginativo se seca. Hay quien entonces se dedica a otra cosa, vuelve a dar clases en la universidad, a su profesión de periodista, o su anterior ocupación a la espera de que algún día las ideas luminosas vuelvan a su cabeza y entonces ilusionados se enfrenten al papel en blanco con ganas de plasmar sus ideas propias en él.

Otras quieren seguir viviendo de las rentas, de los premios, de su fama y para que no se les acabe el chollo, antes que dejar la escritura y dedicarse a otra cosa, echan mano de las ideas ajenas, copian sin miramiento parrafos de unos y de otros, y luego tienen la desfachatez de hacerlos pasar por propios, sin que se le caiga la cara de vergüenza.

Lo único que un escritor tiene en su haber es el honor, la dignidad de que su trabajo es suyo. Claro que las lecturas ajenas influyen a la hora de escribir algo, pero eso es una cosa y otra diferente es coger párrafos ajenos y plantarlos tal cual en tu libro. Ya no es entonces citar una fuente sino valerte de ella para enriquecerte.
Visto el tema, esta señora seguira escribiendo, colaborando en los periódicos, copiando, plagiando, vendiendo libros y enriqueciéndose.

Le propongo un título para su próxima novela, “El arte de plagiar”, cuando menos ese libro no me cabe duda de que lo escribirá ella, pues de eso sabe mucho.

El plagio ha consistido en lo siguiente:

“Las relaciones de pareja de los dependientes emocionales son marcadamente asimétricas, desequilibradas. Uno de sus componentes es el que domina claramente en la pareja y el otro (en este caso el dependiente emocional) sólo se preocupa de su bienestar, de hacer lo que su pareja desee, de magnificar y alabar todo lo que hace”.

Ya no sufro por amor (2005) pág. 71
LUCÍA ETXEBARRIA.

“Las relaciones de pareja de los dependientes emocionales son marcadamente asimétricas, desequilibradas. Uno de sus componentes es el que domina claramente en la pareja y el otro (en este caso el dependiente emocional) sólo se preocupa de su bienestar, de hacer lo que su pareja desee, de magnificar y alabar todo lo que hace.”

Dependencia emocional y violencia doméstica (2004)
JORGE CASTELLÓ.

Como hemos dicho, la forma estándar de dependencia emocional es la que acabamos de describir (…) Sin embargo, existen lo que han dado en llamar «formas atípicas» de dependencia emocional en las que este fenómeno aparece simultáneamente con otros. Una de estas formas atípicas es la dependencia dominante.

Ya no sufro por amor (2005) pág. 83
LUCÍA ETXEBARRIA.

Como hemos dicho, la forma estándar de dependencia emocional es la que acabamos de describir (…) Sin embargo, existen lo que han dado en llamar «formas atípicas» de dependencia emocional en las que este fenómeno aparece simultáneamente con otros. Una de estas formas atípicas es la dependencia dominante.

Dependencia emocional y violencia doméstica (2004)
JORGE CASTELLÓ.

¿Puede uno persona honrada dormir a pierna suelta después de hacer esto?.

© Chufowski

Devaneos10 Mar 2007 09:19 pm

James Lovelock, padre de la Teoría de Gaia ha publicado recientemente su libro La venganza de la Tierra. Lovelock dice que nuestro planeta se encuentra en “estado terminal”, similar al que sufriría una persona afectada por una enfermedad de corazón o de riñón. Hacia 2040 lo habitual será sufrir veranos como el que asoló Europa hace cuatro años, dejando cerca de 15 mil muertos en Francia. Así las cosas, a uno se le queda el cuerpo destemplado. De la noche a la mañana, lo que se venía barruntando hace tiempo se hace conocido a nivel mundial, gracias entre otros al empeño de gente como Al Gore y su Verdad incómoda o inconveniente, que demuestran que el planeta está enfermo y que debemos tomar medidas ya. Hace falta voluntad política dice Gore, porque los medios técnicos los tenemos.

No quiero ser agorero pero me parece que países como China que están creciendo más que nadie no se andarán con chiquitas ni pondrán cortapisas a su crecimiento porque nuestro planeta “esté enfermo“. Los humanos somos egoistas. Los demás que arreen, es un pensamiento muy extendido. Yo vivo como un pachá y las generaciones próximas que se las arreglen como puedan.

Si Lovelock está en lo cierto, y nada parece señalar que se equivoca, solo resta esperar el final, rezar nuestras oraciones y pedir perdón a nuestros hijos y nietos, porque su futuro es el legado decrépito que les vamos a dar. Un futuro calatimoso, canceroso y terminal.

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Devaneos10 Mar 2007 09:10 pm

Me sorprende oir a los políticos hablar de los carriles bici y su implementación en las ciudades. Si queremos que las bicicletas sean una alternativa, silenciosa, económica y saludable al coche, se han de tomar medidas que tiendan a implantar carriles bici dentro de las ciudades, creando carriles que estén al lado de los destinados a los vehículos, como se hace en otras ciudades. En Gotemburgo por ejemplo tienes carriles para coches y carriles para bicicletas que recorren toda la ciudad. De este modo puedes ir con la bici, al trabajo, a la universidad, a la discoteca, a casa de tu novio/a, a la biblioteca. De ese modo la bicicleta toma sentido y se convierte en “un medio de transporte“. En nuestras ciudades españolas, lo más que se crean son carriles bicis periféricos, situados en los parques o en zonas no transitadas. Lo interesante sería que en plena Gran Vía Madrileña o en las Ramblas Barcelonesas se hicieran carriles bici. Pero con un par de calles se quedaría el asunto en algo anecdótico. Lo más chocante es que cuando se edifican nuevos barrios, no se ven carriles bici por ninguna parte. Si la idea es implementar carriles bicis, sería lógico hacerlo entonces, al tiempo que se urbanizan los solares, y no después cuando ya todo está montado y resulta casi imposible restar espacio al coche para otorgárselo a la bicicleta. De hacerlo el coste es infinitamente mayor.
Cuando he visitado Holanda o Suecia y he visto ciudades en las que la gente se desplaza en bicicleta, con un tiempo mucho peor que el nuestro, he sentido envidia. Si el calentamiento globlal obliga a tomar medidas, no estaría mal que nuestros políticos con la vista puesta a largo plazo tomaran medias encaminadas a que los ciudadanos podamos coger la bici, si ésta se convierte en un “verdadero medio de transporte” y no en un vehículo con el que pasear los fines de semana por alguna vía verde. Nos queda aún un largo camino que recorrer.

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Devaneos10 Mar 2007 09:00 pm

Ir al cine se convierte en una tortura. Uno va con toda la buena disposición dispuesto a pasar un buen rato. Si se trata de un estreno de cartelera es presumible que la sala esté hasta los topes, pero en alguna ocasión he ido a primera sesión, sobre las cinco de la tarde y nos hemos reunido media docena de personas. No sé si el hecho de ver una sala tan grande a algunos les da miedo o que, pero el caso es que allá estábamos los seis en la sala y todos juntos, en las filas próximas, casi codo con codo. Tres eran jóvenes que llegaron pertrechados de cajas de palomitas y bebida en abundancia. Refrescos de un litro. Al poco de comenzar la película empezó “el festival sonoro“. Las escenas se acompañaban de bocados de palomitas y sorbetones al refresco, con algún erupto que otro, hasta que me harté y me fui a la primera fila a ver la película a mi aire sin ser importunado por los ruidos ajenos. Pueden ser palomitas, pero también cacahuetes, maices, o un bocata de chorizo, que alguno lleva envuelto en papel de aluminio y estamos todos pendientes de “ese agua de lluvia” que se genera con la fricción de dicho papel.

Si queremos disfrutar de algo, de lo que sea, se requiere prestar atención, sea una canción, un cuadro, una película, una conferencia, lo que sea. Hoy ir al cine se convierte en toda una aventura, para al final volverte a casa iracundo porque después de dejarte seis euros en taquilla, encima no has podido disfrutar la película al cien por cien por los ruidos ajenos.

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Relatos10 Mar 2007 12:02 am

Mi amigo Ernesto es un sibarita, le encanta comer y también se da buena mano en los fogones (es un decir porque él tiene fuego a inducción). Su sueño era conocer a Ferrán Adriá, al que algunos han nombrado como el mejor cocinero del mundo. Es Español, Catalán y tiene un restaurante, el Bulli, en el que hay que pedir mesa con antelación de varios meses. Mi amigo, el uno de enero entró en la página web y pidió mesa. Le contestaron dándole una mesa para dos a mediados de junio, del año pasado. Al leer el correo, los ojos de Ernesto quedaron arrasados por las lágrimas. Si le hubiera tocado la lotería o hubiera conocido a Monica Bellucci creo que el efecto hubiera sido más tibio. Así que allí fue con su pareja. Llegó al restaurante y comieron el menú degustación. Le emoción lo embargaba. Comió con fruición, regodeándose, atónito ante las creaciones de Adriá. (otro día hablaré sobre como fue la comida). Su pareja que no tenía tanto apetito como Ernesto, y además se trataba de una cena, dejó que mi amigo comiera lo suyo y parte de lo de ella. Serían los nervios, la fotografía que se hizo con su ídolo, la emoción acumulada de tantos meses, que cuando llegaron al hotel, después de lavarse la cara con agua bien fría, se acodó sobre el inodoro y lo echó todo. Por el retrete se fue toda la cena. Me dice que le da igual. Que el disfrutó lo suyo y que le quiten lo bailado, pero estp es como que te toque la lotería y no poder gastar un centavo.

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Relatos09 Mar 2007 04:06 pm

Antes no teníamos Nintendo ni Play station, de primera, segunda o tercera generación. Tuve un Amstrad PC, con unos juegos que comparados con los de hoy en día son como del siglo XIV. Pero era lo que había y te podías pasar las tórridas horas del verano, pegado a la pantalla, jugando al frontón, donde había unos ladrillos, una pelolita y una barra horizontal que movías con los cursores para que una vez que la pelolita golpease en la barra saliese disparada y rompíera los ladrillos. Por no hablar de “la plaga galáctica”. Eran juegos cutres, sin el menor atractivo visual, pero entretenían tanto o más que los de ahora. Si bien creo que eran menos adictivos, de ahí que enseguida nos vinieran a buscar los amigos y fuésemos al patio de colegio a jugar a futbito o echar unas canastas. Otros optaban por los juegos recreativos y pasaban sus horas fundiendo la paga semanal jugando a las máquinas. Alguna vez que lo intenté comprobé que no era lo mío, y los que habían llegado a adquirir buenos números, cuyos nombres figuraban en las mejores puntuaciones, era como fruto de un trabajo constante y diario que exigía un buen capital, que yo prefería gastar en comprar cromos o tebeos de Roberto Alcazar y Pedrín, El capitán Trueno, o Tintín, por no hablar de los fantásticos Super Humor que entonces costaban unas cuatrocientas pesetas, creo recordar.

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Poesías08 Mar 2007 12:02 am

Hace un año
que mi novia
me dejó plantado
ayer
comencé a echar raíces

© Chufowski

Relatos07 Mar 2007 12:02 am

Donde antes había un solar, en el que asábamos los pimientos en el periodo primaveral, bajo la sombra del único árbol, ahora hay casas. Frente a mí solo veo bloques de edificios, de igual altura, similares en su belleza o fealdad. El campo ha sido forrado de cemento. La campa en la que nos líabamos a pedradas al salir del colegio también. Junto a la vía organizábamos batallas campales, durante el recreo, y alguien llegaba a casa magullado o con el ojo a la virulé. Luego nos domésticamos, calmamos nuestros ímpetus, y metimos la cabeza en los libros, limpiando las migas de los bocatas de chorizo o chocolate con nuestras melenas, entre cabezada y cabezada. Si tenías suerte te llevabas media docena de cánicas a casa. Nunca fui bueno jugando al guá. Prefería correr, ser policía o ladrón, o jugar a la peste, todo el día corriendo de un lado para otro. No nos perseguía nadie, pero con el movimiento no te quedaba tiempo para pensar en nada y a la noche, derrengado, te abrazabas a la almohada hasta el día siguiente. Coleccionábamos cromos de fútbol, así conocíamos a todos los jugadores, los suplentes y los fichajes de última hora. En el patio cubierto del colegio le metíamos unos zambombazos al balón que parecía que el edificio se fuera a venir abajo.

En la biblioteca había pocos niños, pero esos pocos eran ávidos lectores. Petete, uno de ellos, leyó por todos los niños de nuestra clase. Cuando el profesor preguntaba algo, allá estaba él respondiendo con la contestación correcta. En aquella época, estaba el Libro gordo de Petete, y vendían unas fichas donde se explicaban cosas interesantes relacionadas con la ciencia, la historia, la tecnología..

El niño devoraba esas fichas y otros muchos libros, de ahí que se quedara con el apelativo de Petete. Luego el niño, como todos los demás, se hizo mayor, y al tiempo que su cerebro se expansionaba, almacenando millones de datos, cibras y pensamientos ajenos y germinando los propios, también ganó en flexibilidad, como nos hizo saber en clase, aunque no lo acompañó de una demostración, gracias a Dios, de que “se la chupaba a sí mismo“. Nos quedamos atónitos. Estábamos acostumbrados a que Petete nos hablara de los Episodios Nacionales de Galdós que se había leído de cabo a rabo, antes de sus trece años, del fiasco de Trafalgar, de lo extraordinario que era El Quijote con el que se partía de la risa, pero no lo veíamos como un ser sexual, capaz de ir dos zancadas por delante de los demás y pasar de la común pajilla a una auto churripadilla. Desde ese momento lo vimos con otros ojos, pero al imaginarlo en esa postura de auto complacencia nos daba la risa tonta. Sus mocos verdes daban miedo. Cuando estornudaba todos nos tapábamos los ojos porque lo siguiente era ver como una masa viscosa, tipo blandiblue, salía de su nariz, tipo Alien, y se te quitaban las ganas de almorzar y casi hasta las de comer. La mala suerte siempre nos acompañó. Nuestro colegio era solo de varones hasta que un buen día comenzaron a matricularse niñas, para pasar a ser el colegio mixto. Cuando las niñas llegaron a clase, nosotros ya estábamos en el tercer curso, así que nunca pudimos confraternizar con ellas, pues esos dos años eran una distancia insalvable que marcaría nuestras existencias.

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Poesías06 Mar 2007 12:02 am

Necesidad de compañía
de animales de compañía
de mi “loro”
farolas y luces dispuestas
como piezas de un puzzle
que al final encuentran el orden
y encajan perfectamente
luces de casas
cortinas
sombras
niños sentados en las alfombras
pegándose
jugando
pendientes del último anuncio
reñidos por su padre
o por la madre
o por los dos a la vez
Columnas rojas sustentando bloques de oficinas
tejados con grandes vidrieras
bien pudiera ser una piscina climatizada
nieve deshaciéndose buscando un sitio mejor
huyendo de los desagües
serpientes multicolores
luces rojas
hormigoneras que parecen ambulancias
coches con la larga puesta
todos anunciando su presencia espectral
Puentes, túneles, cañerías de ida y vuelta
anillos y circunvalaciones,
luces que se apagan
una tras otra
desmoronándose como piezas de domino
dispuestas en fila india
necesidad de que los tertulianos
cambien su mundo
grandes letreros indicando distancias
velocidades
obligaciones
autobuses rebosantes
cincuenta formas de entender el mundo
buscando un destino físico o mental
necesidad de sentirte rodeado
aunque sea de objetos que no responden
a nuestros mandados
el mismo cantante
y la misma canción oída cien veces
Cuento hasta diez
y al llegar a ONCE,
la oscuridad lo toma todo
abrazado a Morfeo

© Chufowski

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