September 2007


Poesías06 Sep 2007 12:03 am

Marcó el número y esperó. Oyó su voz al otro lado de la línea. Sí, demandaba. Hay alguien ahí. Eres tú. Él jadeaba. Un mes llevaba enterrado. Su cuerpo aún no se había descompuesto y cada mañana tenía una docena de rosas sobre la lápida. Cariño eres tú, decía una voz calidad y cortada por el filo de la desazón. No puedes hablar, estás amordazado, cómo es ese lugar. Te espero dijo él finalmente con palabras oxidadas y colgó tras cumplir su promesa.

Poesías05 Sep 2007 12:03 am

Dicen en el periódico que según una encuesta reciente sufrir un atentando yihadista es la mayor preocupación de los españoles y que esto nos da mucho miedo, al sentirnos en el punto de mira de un posible “atentado terrorista islamista”. La asociación entres los términos terrorista-islamista sale a diario en todos los periódicos, en las noticias de los telediarios, como si de un binomio evidente se tratara, para acabar formando parte del día a día de nuestro lenguaje como otros términos ya asumidos como “conflicto vasco” o “choque de civilizaciones”.
Despúes, en esta lista de miedos, están los efectos del cambio climático. Debe tratarse de un miedo irracional, porque si alguien tiene miedo a algo y puede evitarlo toma medidas al respecto para tratar de erradicarlo o minorarlo, en la medida de lo posible. En cuanto al cambio climático es cierto que es poco el margen de actuación que tenemos los ciudadanos de a pie. Vemos que a cuenta de la proliferación de cultivos para obtener biocombustibles, hace que estos cultivos no se dediquen a la obtención de piensos y harinas con la consecuente reducción de oferta y subida de los precios. Subirá el precio de la harina y de los piensos en breve nos dicen, también el de la leche al verse incrementado el precio del alimento de las reses. Hablamos de productos básicos. Si sube el precio de la leche lo hará también el de los yogures, el queso y cualquier derivado lácteo.

Comprobamos a diario que los gobiernos autonómicos desoyen resoluciones judiciales para edificar en territorios vírgenes, dando luz verde a su edificación a cambio de crear miles de viviendas, todas ellas innecesarias. Lo único que hay detrás de estas acciones es la obtención de ingentes sumas de dinero en la que participarán empresarios y políticos.
No hay interés general (porque como su nombre indica habría de beneficiar a la generalidad, no a unos pocos. ¿A quién beneficia la construcción en un municipio cualquiera la construcción de cien chalés y campo de golf en un terreno con escasos recursos hídricos. ¿beneficia a los del pueblo, que verá los chalés desde la distancia?. No, beneficia a gente de fuera que va allá de vacaciones a pasar unos días y a jugar al golf, sin importales un bledo la situación del municipio del que no tienen la menor intención de formar parte. Por general entenderíamos beneficiar a la gente del pueblo, toman medidas ques les faciliten las cosas y aumenten su calidad de vida,pero la satisfación que se busca es por el contrario la del foráneo o la del guiri que busca sol y playa. Al lugareño que le den, y que incordie lo menos posible, pues no tiene ni voz ni voto) por ninguna parte. Con el cuento de crear puestos de trabajo se deja de lado la sostenibilidad, se destruye todo el medio natural y se echan los residuos al mar, que hace de vertedero, sin que preocupe en absoluto a esos políticos amantes del desarrollo y el progreso la esquilmación de los mares y la desaparición fulminante de la flora y fauna marina. Lo que importa es el ahora, ese es su lema. Lo demás son romanticismo. El progreso es un monstruo que devora y se alimenta de cemento.

Sin embargo hay otros factores en los que los ciudadanos de a pie podemos tomar medidas. Esa construcción masiva de edificios en el litoral se ve alentada por una demanda real a la que sumar la especulativa. Esos que tienen mucho miedo a los efectos del cambio climático no tienen reparo alguno en derrochar tanta agua como puedan al ducharse o afeitarse, en gastar electricidad sin miramiento alguno, en dejar la tarjeta de débito recalentada cada fin de semana en un centro comercial, en comprarse un 4×4 o un carro de esos que chupan diez litros de gasolina a los cien, que estén dispuestos a endeudarse hasta la extenuación a cambio de adquirir una vivienda en primerísima línea de playa, sin importarle poco o nada, si se ha respetado el medio ambiente en su construcción o si pesa alguna resolución judicial. Esas viviendas frente al gran azul en el momento en que su nivel suba acabará engulléndolas y luego escupirá los cadáveres como el que escupe un hueso de aceituna. A quién pedir responsabilidades entonces cuando esto a pesar de sus miedos (subsanables) suceda. ¿al estado? ¿al cambio climático? ¿a su poca cabeza y necedad?.

Poesías04 Sep 2007 02:30 pm

Las anécdotas diarias y un poco de imaginación me han permitido soltarme y escribir un relato largo que algún editor adicto a las luces rojas y los polvos blancos podría darle el formato de libro. De momento lo cuelgo aquí en mi blog para uso y disfrute del personal.

Agradecimientos

Como si de un libro se tratara, en los agradecimientos habría de citar a mi familia que me apoyó cada mañana desde Benidorm, en la distancia, a las mujeres que vi en la calle y me hicieron coger el tono adecuado, a mi amigo Roberto, que de haber leído el relato me podría haber dado alguna recomendación.

También pongo algunas reacciones que la no publicación de mi relato ha cosechado en el mundo de las letras.

Reseñas

Es fácil escribir un libro, lo díficil es hacerlo tan mal“. (Aurelio Zangróniz de “La Revista Camerana”)

Se me ocurren doscientas cosas mejor que hacer que leer este libro” (John Spencer, The Spectator)

No leía nada tan malo desde la útima vez” (Bernardo Aguado de “La Sinrazón“)

Entremos pues en harina y disfruten con la lectura del relato. De todos modos no me hago responsable de las posibles consecuencias tanto físicas como mentales que su lectura pueda generar.

El furgón del deseo

“El espacio que un hombre tiene dedicado al sexo en su cerebro es 2,5 veces mayor que en una mujer”

Eduardo Punset

1

Las dos manos en el piano acariciando las teclas. Toco de oído y llevo un diminuto pinganillo en la oreja derecha que me da un aire misterioso. Comienzo a tocar y acto y seguido en el techo la vecina hace golpear su escoba, siempre a la misma hora, poco después de que comience mi serenata diaria a las ocho de la noche. La desgraciada me va echar el techo abajo. Acompaña los golpes de la escoba con insultos a viva voz. Una voz poderosa y grave, más propia de un hombre. !Puto piano, puto piano!, lo dice entregada, alargando las oes. Dejo que se desgañite y sigo a lo mío aporreando las teclas durante una hora. Quid pro quo. Además de la misa en latín, esta es la única expresión que recuerdo en esa lengua en desuso, aunque algunos curas tengan la intención de volver a oficiar las misas en latín según vi en las noticias. El quid pro quo, creo recordar que consiste en que nada era de balde y que si querías obtener algo debías dar algo a cambio. En mi caso le di la vuelta a la tortilla.
No le toco las narices a la vecina por gusto, no albergo más odio en mi interior que el común de los mortales, diré en mi defensa, pero tampoco ayudo a las viejecitas a cruzar la acera. Nada es casual, sino que mis actos atienden a un plan. Llevo ya una década oyendo su televisor, no el mío. Intenté una vez tener los dos puestos a todo trapo y desde entonces llevo pinganillo, aunque el Doctor Bartolomé, Bartolo para sus pacientes, nunca me confirmó por escrito que una cosa tuviera que ver con la otra y no pude por tanto denunciar a la vecina. Me conformo ahora con ver las imágenes en mi televisión panzuda. Los decibelios los pone ella, lo cual me obliga si quiero enterarme de algo a seguir su recorrido por las cadenas, con una sincronización que para sí quisieran las de la natación. Soy capaz de adivinar sus movimientos y segundos antes de que cambie yo ya tengo sintonizado el canal. Le pregunté a Grundig un amigo alemán, cámara de televisión si habría algún concurso en el que podríamos explotar nuestra habilidad y ganar unos euros. Me dijo que no y no he vuelto a insistir.
Macarena, que así se llama mi vecina comienza el recorrido por los canales autonómicos y al final siempre recala en el canal generalista, tras echar un vistazo rápido a los programas del corazón, esos donde la gente grita todo el tiempo y no se entiende nada de lo que dicen. En verano me gusta verlos, porque todas las famosas están en la playa y lucen bikinis mínimos y muchas curvas y me acuerdo de la película en la que una negra espectacular salía del agua portando un bikini naranja y entonces me empalmo y tengo que darme una ducha fría. Aprovecho entonces para juguetear con la alcachofa de la ducha multichorro y entre chorro y chorro me voy viniendo.
Algunos días, después del telediario, siempre el de la primera, estoy de enhorabuena y puedo ver y oír alguna serie de moda. Una de un médico gruñón y otra de un tío todo tatuado que organiza una fuga son mis dos preferidas. El fútbol lo veo en el bar de la esquina. Podría verlo en el televisor y escucharlo en la radio dirán los más perspicaces, esos que no te pasan una y tienen todo el día el dedo preparado, pero no lo hago. Los rumanos que viven en el barrio van al bar con sus tambores y los negros no sé si es porque odian todo lo que sea blanco son todos ellos culés y llevan las camisetas azulgranas. La pantalla ocupa toda la pared y cuando algún jugador es zancadilleado y comienza a dar media docena de vueltas sobre sí mismo, parece que se te va a venir encima y todos nos echamos las manos a la cara, como si hiciéramos la ola, salvo los que tocan el tambor que las tienen ocupadas y desafían el peligro con sus palillos. A pesar del pinganillo que compré de segunda mano no entiendo la mitad de lo que dicen, pero no me preocupa. La radio es perjudicial para mi salud. La patología no tiene aún nombre, pero eso no impide que al escuchar la radio, ésta me produzca vértigos que debo contrarrestar metiéndome un supositorio por el ano, cuando empiezo a sentir el vahído, y yo que soy de la vieja escuela, de los que defienden que el culo sirve para cagar y no para meterse objetos, ni mucho menos como fuente o agujero de placer, me pone de muy mal humor hurgar en esa zona y jamás dejaría que un doctor me examinase ahí. Estoy dispuesto a correr el riesgo, a palmarla con un cáncer de colón, pero un hombre debe tener media docena de cosas claras en esta vida y esta es una de ellas. Cuando era chiquitín mi madre me obligaba a escuchar la radio para tenerme ocupado con algo, dejándome en estado catatónico, pues mis tres hermanos pequeños ocupaban la cuna y los otros tres, algo mayores, las camas. Ya entonces al escucharla me mareaba y me entraban sudores fríos, como cuando viajo en autobús pegado a la ventanilla. Esa voz procedente de debajo de la almohada me asustaba, por lo que tenía de extraña. Las otras voces, las de las vecinas, las de mis padres y hermanos me resultaban cercanas y próximas, pero las de la radio resultaban falsas. Había noches que me dormía con ella puesta y cuando alguna pesadilla me sacaba del sueño oía esa voz y no sabía si era real o si provenía de mi cerebro, pero acababa meándome encima del pánico.
Me sabía todas las noticias, no porque fuera más listo que nadie, lo cual era poco probable a nada que alguien se tomase medio minuto en examinar mi rostro, sino porque siempre eran las mismas noticias repetidas cada media hora. Mi padre, después de cenar, cuando toda la familia nos sentábamos frente al televisor, en filas, como si estuviésemos en un cine, me soltaba una colleja tras otra durante los telediarios, porque le iba descubriendo el pastel. Que le dijera los resultados de los partidos lo sacaba de quicio. Me sacudía en las orejas, con la palma de la mano. Este niño es tonto decía una y otra vez en voz alta. Como los allí presentes ya lo sabían no mostraban el menor interés. Mi padre y yo por lo que decía la gente éramos como dos gotas de agua y eso le reconcomía aún más, pues no podía albergar la posibilidad de que yo no fuera hijo suyo. Creía que con tantos toques como recibía en mi mollera cada día, en una de esas mi cerebro se movería de sitio, giraría sobre su eje repetidas veces y se produciría finalmente algún cortocircuito que me dejaría alelado para el resto de mis días, aunque estaba casi seguro que si esto se producía, salvo mi madre que era la más observadora de la familia, nadie se daría cuenta.
Hubo un tiempo en que mi vecina Macarena me gustaba. Fue antes de que engordase y le creciesen pelos en el bigote y en las orejas. Los años no pasan en balde me decía siempre mi abuela que murió a los ochenta y dos años en una parada de autobús. Antes de casarse Macarena estaba maciza, era la más guapa del barrio con diferencia, a años luz de las demás mujeres. No eran solo sus curvas las que nos hacían babear, eran sus ojos brillantes y luminosos, como faros. Si te miraba a los ojos más de tres segundos, estabas perdido. No había vuelta atrás, quedabas hipnotizado para la eternidad, o eso creíamos entonces. Cuando empezó a ensanchar, sus tetas pasaron de ser apetecibles a ser inabarcables, al igual que sus caderas. No fue ese hecho, previsible, la que la despojó de golpe y porrazo del pedestal donde habíamos situado a nuestra Diosa, sino que el fulgor de su mirada se extinguió de la noche a la mañana y pasó a ser una más. La diosa se había convertido en una humana de abultada carnalidad. Ya entonces era madre de dos niñas que eran cagadas a ella, pero no tenían ese brillo ocular. Esa luz nunca la volvimos a ver nunca más en ninguna mujer. Comprendimos entonces que el amor verdadero no existía y el nuestro tendríamos que mendigarlo en las faldas de cualquiera. A veces, cuando echo mano de esos recuerdos de la infancia, me puede la nostalgia, pero no me embarco en ella pues corro el riesgo de encallar en las arenas de la depresión, ya que tengo un carácter borrascoso. A carcajada limpia me río cuando oigo comentar a alguien de mi quinta eso de que cualquiera tiempo pasado fue mejor. Está bien endulzar el pasado, aunque sea con sacarina, pero eso es una cosa y otra muy distinta es cambiarlo en su esencia, falsear la historia. Hay mucho romántico proclive a fantasear con lo inteligentes que éramos antes, lo putas que lo pasábamos y lo agudo que teníamos el ingenio, que nos permitía siempre salir adelante. No nos engañemos, tontos ha habido y habrá siempre. En mi cuadrilla había algunos que no sabían ni en qué consistía hacerse una paja. (more…)

Poesías03 Sep 2007 05:50 pm

Dice Ray Loriga, autor que se dio a conocer con su libro Héroes y Días extraños, que lo complicado es publicar el primer libro, que luego si tienes cierto éxito te publican cualquier cosa y que los editores no dedican mucho tiempo a leer el material nuevo ni a cuestionar su calidad. Lo que interesa para la editoriales es un escritor, reducido a un nombre, que venda bien, que tenga cierto tirón y que publique regularmente (para lo cual es mejor deshacerse de la idea de buscar la inspiración precisa que permita alumbrar una obra maestra), convertidos en funcionarios de las letras, para tener las estanterías de las librerías y de los centros comerciales abarrotadas, en las secciones de novedades. Se lee lo mismo que siempre, muy poco y se publica más que nunca. Es posible que el 90% de la población española solo haya leído un libro este año y que ese libro sea La catedral del mar. No es un libro redondo, no se convertirá en un clásico pero Falcones tenía su manuscrito, en un taller de creación literaria se lo pulieron y su editorial ahora que ha despachado más de un millón de copias ha descubierto que lo que había entre manos era un diamante, no en cuanto a calidad, sino en cuanto cantidad. Falcones seguirá publicando y seguro que vendiendo como lo hace Matilde Asensi, Nuria Navarro o Javier Sierra a rebufo de obras anteriores que vendiero mucho. Dan Brown es el ejemplo más claro de la irracionalidad en el mercado. Publicó el Código da Vinci y luego le publicaron todo lo anterior que antes no lo había querido ninguna editorial. Sus libros de la noche a la mañana no eran mejores, ni estaban mejor escritos, pero eran más vendibles. Dan Brown ya era “todo un nombre”, una máquina de hacer dinero, así que había que coger material anterior y darle salida, que viera la luz, así se publicaron tres libros anteriores suyos. Parecido han hecho con Zafón que a raíz de superventas ahora han reeditado sus libros anteriores de literarura infantil. La literatura está para hacer dinero y obtener unas plusvalías, lo mismo que el cine o la música, es así. Al final las vacas sagradas de la literatura como ocurre con las películas de las “major americanas” copan las estanterías y se nombran en los telediarios como sucedió con el último libro de Harry Potter, mientras los que publican en editoriales minoritarias, no se jalan una rosca, venden cuatro libros están muy lejos de los gastos que se permiten ciertas editoriales, premios mediante para vender sus productos, digo libros.