julio 2008


Opiniones01 jul 2008 05:58 am

El teorema del Almodóvar es la primera novela de Antoni Casas Ros. Sorprende que se trate de una autobiografía donde el autor de 35 años habla del accidente que mató a su compañera y desfiguró su rostro viviendo desde entonces de cara a la realidad, como un ermitaño virtual, dando clases de matemáticas en la red, viviendo a caballo entre España, Francia e Italia. Resulta pintoresca su lectura, alimentada por el delirio, por personajes como Almodóvar, el director de cine, encargado de llevar a la pantalla grande la historia de Antoni, mujeres como Lisa, un transexual con el que Antoni gozará de su cuerpo después de 15 años de abstinencia, de la madre de Antoni sintonizada con su hijo.

Hay un ciervo, el mismo que truncó el porvenir de Antoni que vuelve a su lado y morará en una terraza, con vistas al mar en la ciudad de Genova. La puerta entreabierta a la esperanza, al amor, reflexiones varias sobre temas actuales, vaivenes argumentales y apuntes autobiográficos donde el autor se ríe con ganas de sí mismo y de su situación. Libro de lectura arrebatada, caótica, disfuncional, normal en obras primerizas, que buscan epatar con algo diferente, sorpresivo, con la fiereza de una sodomización a pleno sol, desgarrado el ser hasta el alma, vertido en sangre y semen.

Me alegro de que finalmente Antoni comprenda las palabras de Juarrozhay otra fiesta en el centro del vacío”.

Ahí van algunas de las frases de la novela:
existe algo comparable a la avidez de un cuerpo que busca a otro?.
La castidad es la prisión del alma.
Toda mi sustancia se halla en este libro. No tengo historia personal que contar.

Opiniones01 jul 2008 05:56 am

Anteriormente ya dije algo sobre otras dos novelas de este escritor extremeño. Tanto Amad a la dama como Paradoja del interventor me agradaron mucho. Sin saber que el autor había sacado nuevo libro me lo encontré sobre la estantería de novedades me lo llevé a casa y lo leí del tirón. Habiendo leído a Bayal sabemos que con su lectura solo podemos gozar. Aquí de nuevo ejecuta en esta novela breve, no llega a cien páginas, un mapa existencial a base de recuerdos y retazos, de los años de mocedad, de la amistad que el protagonista del que no se nos dice el nombre traba con H.

Estudios de filosofía, la semántica de la lluvia, la pertinaz soledad, los libros de Sartre, la naúsea, los perseguidores, la salvación personal en el arte, todo fluye y enfanga la vida de estos muchachos que en París sueñan con la libertad que les ofrece una covacha de mala muerte. Los sueños rotos, las esperanzas desmigadas, el fatalismo, el reverso terrenal de ese campo de amapolas blancas que no es más que un estado mental.
El epílogo lo escribe otro extremeño, Luis Landero ponderando las virtudes de esta obrita inmensa.