Dijo Gilles Lipovetsky hace más de 20 años que “La cultura del sacrificio ha muerto“. Lo comenta Bauman en su libro El arte de la vida. La velocidad, el continuo movimiento, lo digital que acelera y conecta y desconecta a seres de esta aldea global, crea ansiedad en la gente, todo tiene que ser ya, de ahí que los proyectos a largo plazo no entran en los planes de futuro de mucha gente, que van a lo inmediato, si quiero algo y no puedo pagarlo ahora lo pago a crédito, y así disfruto el futuro por adelantado.
Al hilo del esfuerzo y el sacrificio, comentar que adquirí hace unos días el libro Después del Reich, luego miré en internet a ver si encontraba alguna crítica sobre el libro. Tras mucho buscar hallé algunas blogs, donde los autores, comentaban el libro por lo que aparecía en la contraportada del mismo, o por la reseña de la editorial. Esto de entrada ya me sorprendió, pues si hablas de un libro por su reseña es tanto como juzgar una película por su trailer o por su sinópsis. Lo mejor vino cuando la escritora Rosa Montero en El País, escribío un artículo titulado El mal y el bien. La escritora hablaba acerca de este libro y entonces me dije “Al fin alguien ha leído el libro y me dará su parecer”. Pequé de ingenuo.
Así comienza el artículo
“Una de las informaciones más deprimentes que he leído en los últimos meses es la reseña del libro Después del Reich, crimen y castigo en la posguerra alemana, del historiador británico Giles MacDonogh (Galaxia Gutenberg), que se presentó hace un par de semanas en Barcelona. Aún no he leído la obra, pero los datos que ofrece son escalofriantes”.
Esta es otra modalidad de periodismo, similar a la de los periódicos gratuitos que ofrecen titulares en lugar de noticias para reflexión, o programas que en lugar de debates serios y estructurados prefieren a personas que griten, insulten y den espectáculo (un mal espectáculo, por cierto). No he leído el libro, pero hago un artículo sobre lo que deduzco después de leer una reseña. Es más cómodo leer una reseña que un libro de 700 páginas. Es más duro y sacrificado lo segundo, claro está. Pero cuando escritores que uno tiene por serios caen en esta lasitud, las palabras de Bauman (Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010) cobran mayor sentido.
En estos tiempos el PIB como un indicador de la riqueza de un país es puesto en entredicho por gente como Bauman, Taibo o Latouche. Los políticos siempre recurren a este índice para alardear de la buena salud de nuestra economía. Si el PIB va al alza no tenemos de qué preocuparnos. En todo caso el PIB atiende al mercado de bienes y capitales, de ahí que miles de cosas que afectan a nuestro bienestar diario no sean tenidos en cuenta al considerar lo rico o próspero que es un país. Como decía JFK “aquellas cosas que hacen que la vida valga la pena no aparecen en el PIB”. Como lo mataron cuando solo llevaba dos años como presidente, no sabemos si él hubiera podido hacer algo al respecto.
Actividades como pasear, leer el periódico en una biblioteca, charlar con los amigos, darte un revolcón con tu pareja sobre el cesped humedo, contar estrellas, ver amaneceres, dormir una siesta recuperadora, sentir la caricia de un hijo, hacer tus pinitos con una guitarra, plasmar tus ideas sobre el papel, cuidar de un abuelo enfermo, etc, todo esto no cuenta en el PIB, y no genera riquez (ya que la riqueza se vincula exclusivamente a lo material, dejando lo espiritual de lado y que yo sepa los humanos somos cuerpo y alma). Si no se compra y vende, si no consumimos, gastamos o invertimos, el PIB no se ve alterado.
En el caso de alguien que fume, la compra de cigarrillos le supone un desembolso, el estado se llevará parte de ese dinero vía impuestos, luego aumentará la recaudación estatal, y si más tarde el fumador debe ir al médico y éste le receta algo, o contrae un cáncer de pulmón esos medicamentos o los gastos sanitarios que acarree su hábito, también serán un gasto por lo que el PNB se verá afectado doblemente (¿seremos así el doble de ricos?). Igualmente en el PIB computan los gastos armamentísticos, todos los necesarios para hacer este mundo más seguro o inseguro, gastos sanitarios de todo, gastos en obra pública (como el béndito AVE, que lo pagamos todos y lo disfrutan cuatro, pues no se trata en ningún caso de un “transporte popular”)..
Resumiendo, que nos pueden decir misa cantada, hablarnos de que vamos a crecer mucho o poco, en resumen que el PIB irá al alza o no, pero en cuanto a nuestro bienestar personal, tengan presente que no guarda ninguna relación con estas siglas, el PNB es un camelo, uno de tontos, quiero decir de tantos. Además si la sociedad enferma, esto hace aumentar la riqueza nacional, porque los gastos sanitarios de toda clase irán al alza (aumentan las ventas de medicamentos, antidepresivos, rehabilitación, consultas, intervenciones…). Tendremos una “sociedad rica y enferma” (en términos económicos definidos por tecnócratas), cuya enfermedad contribuirá precisamente a ser más rica. Un sinsentido.
Porque me he tragado la oscuridad
ahora das palos de ciego
buscando mi disfraz de piel sobra la osamenta
sí, bebí los vientos por ti
embriagado guiñé el ojo del huracán más salvaje
arremolinados fuimos uno
“amasijo de carne encendida al roce”
la marea llenó nuestros silencios de caracolas con mares
nuestras mentes de espuma salada
contamos los años por décadas
menos prodigiosas que vulgares
transmitimos los genes
-más vida, más alegría, más dolor-
La oscuridad sigue dentro
pero mis ojos refulgen
como una idea pura.