A mi me gusta el piriri pin pin, con el pan parara pan pan
A mi me gusta el pin, piribi, pin, pin, de la bota empinar, parara, pan, pan,
con el pin, piriri, pin, pin, con el pan, parara, pan, pan,
al que no le gusta el vino, es por no pagar, o no tiene un real.
Esta canción es un clásico que cantaban los Hermanos Anoz, que me sirve a modo de introito para el tema que nos ocupa.
La ley antitabaco se hizo a medias y luego las comunidades se encargaron de matizar aún más la ley, suavizándola, vía decreto, lo que ha supuesto que por ejemplo en Logroño en el casco antiguo, de los más de doscientos bares y cafeterías que hay, solo encontramos una cafetería en la que no se puede fumar: La Redonda, del mismo nombre que la espléndida concatedral de la Plaza del Mercado.
Ahora están todo el día dándonos la brasa con la Ley del alcohol. Encontrándonos en La Rioja, se entiende el revuelo organizado a cuenta del vino. El vino tiene alcohol, eso todos lo sabemos, pero también es un alimento saludable para nuestro organismo, que por su fermentación se aleja de las bebidas destiladas más nocivas para nuestra salud, argumentan sus defensores.
Dicen que los jóvenes no beben vino, que en los botellones que organizan en Logroño, en el Parque del Ebro, priman las bebidas más fuertes, de más graduación alcohólica, como la ginebra, el licor de manzana, el martini, el ron, o el güisqui.
Al menos en La Rioja los que hemos empinado el codo antaño y hemos frecuentado con asiduidad la calle Mayor, y la Laurel, no hemos desdeñado nunca el calimocho, mezcla de vino y coca cola, ya que es una de las bebidas más baratas, y no creo que los jóvenes, a los que no les sobra el dinero, no beban calimocho, vino por tanto.
Del mismo modo, basta dar un paseo por cualquier barrio de la capital riojana para encontrar un buen número de hombres de mediana edad, que van en romería de bar en bar, “chiquiteando“, que no es otra cosa que es ir a un bar, pidiendo, no mostos o cerveza, sino un corto de vino, bebérselo de un trago para luego buscar el siguiente bar, así hasta completar la ronda que pueden ser 10 o 20 vinos, para luego llegar a casa haciendo eses. Habría que saber que piensan al respecto sus sufridas mujeres, al encontrarse con sus príncipes azules en la puerta apestando a alcohol, a vino, mejor dicho.
Esos hombres achispados deben ser ya una causa perdida, a los que no parece necesario prestar atención. Por eso la ministra dirige sus pretensiones a los más jóvenes, a esos niños que pronto serán adolescentes, intentando que estos no se den a la bebida desde corta edad, ya que cada vez comienzan antes a empinar el codo.
Lo que más gracia me hace del asunto es que ahora el Gobierno paralice la Ley del alcohol, porque se ha dado cuenta de que no hay consenso. Cuando el gobierno elaboró el anteproyecto de ley, no había que ser muy espabilado, para prever cual iba a ser la reacción de la industria del vino si esta bebida era considerada peligrosa o perniciosa para la salud. Las medidas a adoptar deben buscar el “interés general“, y los consensos y las unanimidades son imposibles, cuando hay posturas que son antagónicas, como los derechos de los fumadores y los de los no fumadores. Me recuerda aquello de “méteme sólo la puntita, que es menos pecao”
Echar ahora marcha atras y paralizar la ley me parece una chapuza, que deja en evidencia la morbidez de un gobierno, aquejado del “síndrome Flandhul“, el cual antes de tomar una decisión hace un cálculo electoralista y luego obra en consecuencia. Tratando de contentar a todos solo consigue mostrar su mano temblorosa.
Con el tabaco pasó lo mismo, para no disgustar a algunos, se hizo una ley ambigua que a una inmensa mayoría nos ha dejado igual que antes de la ley. Ahora si quiero tomar un café en Logroño, en la zona antigua, sin ser ahumado, únicamente tengo un lugar adonde acudir. Eso es lo que el gobierno debe entender por “interés general”.
Como colofón, comentar que no solo el vino, consumido en gran medida, intoxica, y puede conllevar un coma etílico y la muerte, sino que el agua, ingerida en abundancia también puede ser letal, como esta mujer que falleció en un concurso de ingesta de agua.