Adicción por los moviles y sus usos triviales
Al igual que las drogas, nos dicen ahora que los móviles también generan adicción. Que hay quien no puede estar sin consultar casi constantemente su móvil, viendo si tiene algún sms nuevo, alguna llamada perdida, que se atacan de los nervios, si llaman a alguien y no obtienen rápida respuesta. Esta adicción presumo que cada vez será mayor, ahora que los móviles se han convertido en un apéndice más de nuestro organismo en un sexto dedo.
Es evidente que el teléfono móvil tiene sus virtudes. Se ha dado el caso de personas que han sido secuestradas y gracias a los móviles han podido ser liberadas. En situaciones extremas, tales como una tormenta, una fuerta ventisca, perderte en el monte, sufrir un accidente, o simplemente pedir ayuda, un móvil te puede salvar la vida o resultar de gran utilidad, como lo usan también los famosos cuando quieren evitar a los “moscones del corazón” y se ponen a hablar con el primero que tienen en su agenda, consiguiendo a veces que no los incomoden con sus “preguntas excremantales”.
Pero en el día a día, el uso del móvil se ha vulgarizado de tal modo, que ahora las amas de casa salen con él para bajar al supermercado a hacer la compra, los abuelos los llevan encima para ir al hogar del jubilado o mientras juegan a la petanca, los niños los llevan para ir al colegio y de paso grabar sus gamberradas o las de los otros, los adolescentes los usan para comunicarse con las chicas de clase que les gustan y a las cuales, en vez de decirles las cosas a la cara, prefieren dejarse una fortuna, que pagan los padres, enviando sms, fotos o manteniendo interminables conversaciones, que luego muchas veces se reproducen palabra por palabra cuando se ven.
Las compañías telefónicas que han visto el filón, nos bombardean con anuncios en las televisiones, haciéndonos creer, y lo han conseguido que no podemos vivir sin un teléfono móvil. Los que hace quince años vivían a la perfección con su teléfono fijo ahora ven cómo, sin un móvil no saben estar, si no sienten el cosquilleo en la pantorrilla cuando vibra, o en plena calle, quizá para reforzar el ego y sentirse importante, nos hace partícipes a los que por allí caminamos de sus proezas amorosas, infidelidades, asuntos triviales, resultados deportivos o asuntos laborales, gracias a sus móviles de última tecnología. !Vaya paradoja!. Por un lado cada día nos volvemos más celosos de nuestra privacidad con Leyes que protegen nuestros datos y al mismo tiempo nos despachamos con el móvil delante de todo el mundo contando a este cosas personales.
A mí, los móviles me aburren y me fastidia que cuando estoy a mi aire dando un paseo por un parque me manden algún sms vendiéndome el oro y el moro con alguna fabulosa promocion, con la que hablar más y más barato, o me inoportunen para cualquier chorrada, cuando lo que busco es tranquilidad y reposo, disfrutando de mi tiempo libre. Así que yo y cuatro más hemos convertido nuestros móviles en “móviles-fijos” de los que solo echamos mano en contadas ocasiones. Doy fe de que se puede vivir sin teléfono móvil o cuando menos sin estar enganchando a ese aparatito las 24 horas del día.