Recibió cuatro balazos en el pecho pero no murió. Los sanitarios que iban con él en la ambulancia no le daban un porvenir superior a media hora. Llegó al hospital y aún tenía pulso. Lo operaron de urgencia y no perdió el conocimiento. El cirujano dijo que aquello era inutil porque el paciente estaba ya sentenciado. Lo operaron durante cinco horas y lo llevaron a un habitación. Su mujer vino a verlo. El médico le permitió pasar un momento para despedirse. Ella cogió su mano y él seguía vivo y consciente. Le dijo cuánto lo amaba y se despedió con los ojos arrasados, como si él ya estuviera muerto. Pasó esa noche debatiéndose entre la vida y la muerte. Al alba tenía el rostro demacrado, pero sus constantes daban fe de que aún estaba en el reino de los vivos. Sus hijos vinieron de muy lejos y postrados sobre su pecho dijeron cosas tan hermosas que sintió un cosquilleo en las zonas erógenas, pero las palabras no llegaban a su boca, ni tenía la fuerza suficiente como para abrir los ojos y poner los párpados a trabajar. Amigos y compañeros del trabajo quisieron estar también en esos momentos finales. Oyó todo desde su letargo, desde su postración no voluntaria. Lloró, rio, se convulsionó, pero nada de esto trascendió porque seguía conectado a unos tubos en estado comatoso.
La enfermera lo lavaba cada día con dulzura y el médico hizo saber a su esposa que milagrosamente se estaba recuperando. Siempre había sido un triunfador en todos los aspectos de su vida. Dejaba los trabajos en la cumbre del éxito. Quería ser el mejor marido, el mejor padre, el mejor amigo. Su afán de superación no tenía límite. Esos días de cama le hicieron ver que estaba en su pleno apogeo, que todos sus seres queridos habían pronunciado las palabras que cualquier ser humano quería oir y que jamás se repetirían con igual fuerza y sinceridad. Concentró toda su energía y la canalizó en su brazo que le permitió desenchufar la máquina que lo mantenía con vida. Nada pudieron hacer por él. Ya habían hecho bastante, pensó mientras expiraba con una sonrisa en los labios.