Asomada en la ventana, el sol se despereza
el murmullo del oleaje, su chocar contra las rocas
espolea sus sentidos. Olor a salitre,
viento suave, fresco, que eriza el vello,
de su cuerpo desnudo. La arena, manto de oro,
que lamen las olas. Barcos en lontananza,
pequeñas manchas ocres encaramadas
sobre el espejo azulado,
guiñan los ojos al buen observador
mientras se alejan. Los primeros bañistas,
resquebrajan la quietud con el pico de las sombrillas.
El manto desaparece bajo los pies
y las toallas. El mar se rebela
las medusas se defienden
atacando al invasor. El sol
dora los cuerpos en parrillas
de vívidos colores, enrojeciéndolos.
La música de moda, bullanguera,
vomitada por los chiringuitos
“ameniza” el ambiente.
Ella, entonces, da media vuelta,
cierra la ventana, baja la persiana
regresa a la cama, de espaldas a su mar