Triunfa un programa de música con triunfitos y el resto de las cadenas crea un programa parecido. Ahora visto el éxito de Callejeros, da igual el canal que pongas que todas tienen algún programa de reporteros que son envíados a las playas, a hablar con los que allí se torran al sol, con dueños de chiringuitos, con esos que se desmadran mientras corre el champán por las ubres siliconadas de sus acompañantes. Todo es fiesta, diversión y desenfreno. Gente preparando comidas pantagruélicas en playas, fiestas donde dilapidar varios miles de euros en unas pocas horas, mucho petardeo, mucha carne al adobo solar, y escaso glamour.

Tengo la sensación de estar viendo todo el tiempo lo mismo. La primera vez que ves un programa de estas características tiene su encanto por lo que hay de novedoso y sorpresivo, pero luego es todo reiteración y aburrimiento. Ahora visto que ciertos temas están ya saturados, se abren fronteras y los reporteros se van a otros países, a la caza de españoles que viven en esos lugares. A veces no hay mucho donde elegir, de ahí que en un reportaje sobre Lituania uno de los protagonista del reportaje fuera un fotógrafo que llevaba sólo dos meses en la ciudad. Lo que sí parece claro es que si alguien está dispuesto a dejar su casa, familia, amigos y demás y quedarse a vivir en otro país, donde casi todo es distinto y por qué no decirlo muchas veces peor que la situación de origen, es por AMOR y lo pongo en mayúsculas para que se lea bien. Casi todos los que dejan su tierra y cruzan la frontera fue porque a su lado había una mujer o un hombre, capaces de hacerles olvidar todo lo demás y equilibrar la balanza hacia eso que se conoce como felicidad, cualquier cosa que signifique. Dicen que el amor mueve el mundo, cierto y son muchos los que se mueven buscándolo por lo ancho y largo de este planeta