No reconocía su voz, ni su cara en el espejo. No cantaba en la ducha, ni sonreía sin cesar. Releyó libros que no recordaba, canciones que sonaban nuevas. Le saludaba gente que era extraña. La cara del hombre que venía en el DNI se parecía a la que veía por las mañanas en el espejo, pero sabía que no era él. Algún ladrón de cuerpos había suplantado su personalidad. Debía encontrar al chorizo. Se sacó el carnet de camión. Aumentarán mis posibilidades pensó. En una plaza del Ferrol creyó la semana pasada verse, pero fue un espejismo. Se parecía mucho era cierto, tenía su misma estatura y el mismo color del pelo, pero no era él. Duda que esta vida sea suficiente para cumplir su objetivo. Los ojos arrasados de mirar necrológicas, pero si no tira la toalla es porque a pesar de estar solo, sus vecinas le saludan como si le conocieran de toda la vida, cuando aparca el camión y va a casa a reposar y la vecina de arriba no deja de tirarle los tejos e incluso reconoce que ahora es más guapo, que su voz suena más metálica, incluso habla inglés, pero cada día se siente un impostor, su cruz cada vez es más pesada y las astillas no le dejan pensar.
November 19th, 2007 at 2:18 pm
Todos los días yo también descubro un hombre desconocido frente a mí. Y en realidad soy yo mismo, un día más dormido o un tiempo más despierto.
November 19th, 2007 at 4:57 pm
Si el río fluye y nunca es el mismo, a nosotros aunque no nos demos cuenta nos sucede parejo. “El mundo tras las legañas”, sería un buen nombre para un poema.
Saludos.