Pensó que la clave de su relación estaba en el cambio. Así que cedió y poco a poco casi sin quererlo se avino a sus pretensiones, se plegó a sus deseos, reformó su carácter, pulió sus maneras, venció sus miedos, alumbró las partes más recónditas de su personalidad, bailó al son de sus reproches y pasados seis meses, cuando ella lo tenía bajo control, hecho a su imagen y semejanza, fue entonces cuando lo mandó a paseo. Lo detestaba tanto a él, como se detestaba a sí misma.