Anteriormente ya dije algo sobre otras dos novelas de este escritor extremeño. Tanto Amad a la dama como Paradoja del interventor me agradaron mucho. Sin saber que el autor había sacado nuevo libro me lo encontré sobre la estantería de novedades me lo llevé a casa y lo leí del tirón. Habiendo leído a Bayal sabemos que con su lectura solo podemos gozar. Aquí de nuevo ejecuta en esta novela breve, no llega a cien páginas, un mapa existencial a base de recuerdos y retazos, de los años de mocedad, de la amistad que el protagonista del que no se nos dice el nombre traba con H.

Estudios de filosofía, la semántica de la lluvia, la pertinaz soledad, los libros de Sartre, la naúsea, los perseguidores, la salvación personal en el arte, todo fluye y enfanga la vida de estos muchachos que en París sueñan con la libertad que les ofrece una covacha de mala muerte. Los sueños rotos, las esperanzas desmigadas, el fatalismo, el reverso terrenal de ese campo de amapolas blancas que no es más que un estado mental.
El epílogo lo escribe otro extremeño, Luis Landero ponderando las virtudes de esta obrita inmensa.