CrŪtica


CrŪtica and Libros and Opiniones22 abr 2008 02:12 pm

Peque√Īas bienvenidas de Alejandro PalomasDoce historias como ventana abierta al reencuentro, al olvido, a la melancol√≠a. Diversas ciudades; Florencia, San Francisco, Nueva York, Amsterdam, Budapest. Ciudades del mundo y geograf√≠a humana. En cada historia fluye lo anecd√≥tico, el desenga√Īo, la desesperanza, el descarrilamiento de trenes afectivos que circulan por v√≠a muerta. No hay posibilidad de enmienda, todo est√° perdido y s√≥lo queda pues apuntalar el fracaso. As√≠ las hijas no toleran a las madres, las amigas dejan de serlo sin posiblidad de enmienda. Los di√°logos apuntalan la vacuidad de sus existencias. Las profesiones art√≠sticas de sus protagonitas; pintoras, escritoras, no les permiten conocerse mejor ni comprender mejor el mundo, as√≠ que en su vac√≠o llueve sobre mojado. Alejandro Palomas construye historias, retazos, flecos chorreantes de desesperanza, la cual no trasciende de la letra escrita, por lo que no ha conseguido afectar mi √°nimo, como lector. Me he distraido con las historias, leo nombres de ciudades, de calles, observo los desencuentros, con escepticismo vislumbro la situaci√≥n pero no consigue conmoverme un √°pice. El sexo liberador no es m√°s que otro cautiverio de piel donde escribir con sangre las derrotas acumuladas sobre el camino. A pesar de su pertinaz pesimismo, afortunadamente es un calabobos que no impregna, que no anega el esp√≠ritu ni las ganas de vivir.

Autor: Palomas, Alejandro
T√≠tulo: Peque√Īas bienvenidas / Alejandro Palomas
Editorial: Barcelona : El Cobre, 2005
Descripción física: 132 p. ; 22 cm
Colección: La diversidad ; 44
ISBN: 84-96095-80-0

Alejandro Palomas es autor también de las novelas, A pesar de todo (2002), El cuaderno del mago : donde aguarda la felicidad (2007), La isla del aire(2005), Tanta vida (2007), El tiempo del corazón (2002).

CrŪtica and Libros and novedades and Opiniones21 abr 2008 01:17 pm

Carlos Ruiz Zafón portada de El juego del ángel

Los libros como las películas han de leerse del tirón, lo cual las obligaciones familiares o laborables a menudo hacen inviable, pero sí que pienso que es interesante leerlos en el menor lapso de tiempo posible, a fin de que la lectura no se dilate en el tiempo y se pierda así la intensidad y las sensaciones de todo orden que deparan la lectura.

Este tocho de Carlos Ruiz Zaf√≥n, titulado El juego del √°ngel, de 667 p√°ginas, en el cual estando ese trasunto de Lucifer por medio se pod√≠a haber constre√Īido a 666 p√°ginas, para haber dado m√°s juego a los amantes de lo anecd√≥tico, me lo he metido entre pecho y espalda este fin de semana, en un cautiverio autoimpuesto entre paredes de celulosa.

El despliegue medi√°tico del nuevo libro de Zaf√≥n le ha permito aparecer en todas las revistas, peri√≥dicos, emisoras de radio e incluso fue noticia en los telediarios con la presentaci√≥n del libro en el Liceo. No est√° mal que se publiciten los libros, la pregunta es por qu√© se le da tanta pompa a Zaf√≥n y no a los otros miles de libros que se publican en Espa√Īa y cuyos autores para nada cuentan con semejante promoci√≥n en los medios.

Tras La sombra del viento, que me encant√≥ y una espera de siete a√Īos, era presumible que Zaf√≥n no se hab√≠a dejado llevar por las urgencias y que ese plazo de tiempo le hab√≠a permitido dar a luz el libro que ten√≠a en mente sin ning√ļn tipo de cortapisa o imposici√≥n editorial.

Para un escritor, el √©xito, adem√°s de ver su nombre en la portada de un libro pasa porque sus libros se vendan, pero m√°s importante aun es que adem√°s de vender muchos ejemplares estos se lean. Recuerdo que La sombra del viento en mi casa pas√≥ de mano en mano y luego cay√≥ en las de algunos amigos, as√≠ que cuando volvi√≥ a mi poder lo hab√≠an le√≠do m√°s de media docena de personas, con un s√≥lo ejemplar, de ah√≠ que el n√ļmero de ejemplares vendidos arroje una cifra que luego el n√ļmero de lectores puede aumentar o disminuir considerablemente.

El juego del √°ngel, lo he devorado, primero por curiosidad y buena disposici√≥n por mi parte, al tratarse de esos libros que uno coge con ganas, ayudado por una prosa nada engolada ni artificiosa que permite ir avanzando por los diferentes cap√≠tulos sin apenas esfuerzo, movido por la inercia de los acontecimientos acaecidos y venideros. Zaf√≥n pone en boca de sus personajes tanto de Andreas Corelli como de David algunas reflexiones que seguro que el autor tiene en mente, como el hecho de que se desde√Īe un libro por el n√ļmero de ejemplares vendidos, el papel de los intelectuales que se llaman as√≠ porque no tienen nada que decir, la vanidad de los escritores que les lleva a pactar con el diablo si es preciso para alimentar su orgullo o la obligaci√≥n de pasar estos por el aro si se quieren vivir de la literatura, al tiempo que loa la labor de escribir, el derramamiento en tinta, esa disyuntiva entre vivir la vida o escribirla y da alg√ļn rapapolvo a los funcionarios y su conducta ineficiente y malencarada. (vuelva usted ma√Īana).

A menudo los escritores centran sus historias en las desventuras de otros escritores como sucede aqu√≠. El protagonista de El Juego del √°ngel es David Mart√≠n un ni√Īo que comienza como correveidile en el peri√≥dico La voz de la industria mediada la primera quincena del siglo XX en la ciudad de Barcelona, peri√≥dico en el que su padre trabaja como vigilante, hasta que le surge la ocasi√≥n de manifestar su talento, escribiendo historias para el peri√≥dico con la saga ‚ÄúLos misterios de Barcelona‚ÄĚ. Enseguida sus escritos calan en el p√ļblico y Basilio, regente del peri√≥dico le insta a dejarlo, despidi√©ndole de paso, porque est√° desaprovechando su talento, as√≠ que David caer√° en manos de dos editores facinerosos, Barrido y Escobillas para los que escribir√° la serie ‚ÄúLa ciudad de los malditos‚ÄĚ, bajo el pseud√≥nimo de Ignatius B, orillando as√≠ su ego que deambular√° entra las sombras del desconocimiento (pero no tanto como para que ciertas personas le acaben reconociendo).

Durante todos estos a√Īos David contar√° con el amparo y protecci√≥n de Pedro Vidal, de buena cuna y oficio escritor, compa√Īero de trabajo en La voz de la industria con una cohorte de lameculos a su sombra, el cual le alienta a escribir sus propias historias, sabedor de su talento incomparable. Unidos ambos por un lazo de sangre que Vidal se ver√° obligado finalmente a confesar si quiere albergar algo de paz.

Hay una joven, Cristina, hija del chofer de Pedro Vidal del que David se enamora desde su más tierna infancia y a la cual le unirá una industria que ambos deciden poner en marcha toda vez que Cristina le ponga al corriente de la situación de Pedro.
Surge de la nada un extra√Īo editor franc√©s de apellido it√°lico, Andreas Corelli, que le ofrecer√° a David una suma a cambio de que le escriba un libro. Una suma que impl√≠citamente conlleva un no por respuesta. Andreas Corelli va y viene como la marea entre los diferentes cap√≠tulos, sabedor de su clarividencia y es el personaje sobre el que se cimenta la historia ya que su encargo es el meollo de la historia, al menos en su tramo central, para luego dar paso a las diligencias policiales.

Sabremos de la triste infancia de David, de sus anhelos por leer, por escapar de su mundo de brumas y miseria a trav√©s de las p√°ginas de los libros; puertas que lo liberan moment√°neamente de su cautiverio, libros le√≠dos a escondidas, de los encontronazos con su padre a cuenta de esas lecturas nocturnas que aumentar√°n la factura de la electricidad, las cuales para su progenitor no alumbrar√°n nada bueno, m√°s que llenarle la cabeza de p√°jaros y el rostro de moratones, al tiempo que afianzan en David la certeza de que las ‚ÄúGrandes Esperanzas‚ÄĚ est√°n bien para titular un libro de Dickens pero que rara vez se cumplen en la vida real.

Aparece de nuevo en El juego del √°ngel El cementerio de los libros olvidados. David a falta de una madre que se ocupe de √©l y de un padre criando malvas, as√≠ como de cualquier pariente o familiar que le suministre algo de cari√Īo o afecto encontrar√° algo similar en el librero Sempere y en su hijo. Sempere padre ser√° la humanidad y la bondad personificada, ese camino de luz y verdad que siempre permanece firme bajo las mentiras y las asechanzas, bajo las vanidades y los orgullos de escritores letraheridos como David Mart√≠n.

La otra protagonista femenina de peso en la historia es Isabella, una joven aguerrida en la que David se ve reflejado, un esp√≠ritu indomable donde late la pulsi√≥n de la literatura, una joven que quiz√° propicie la catarsis de David, la √ļnica posibilidad de enmienda, de cruzar el umbral del ego√≠smo para demostrarse asimismo y al mundo su capacidad adormecida de amar al pr√≥jimo.

Las fuerzas del orden están presentes también en la piel del inspector Grandes y sus dos perros mastines; Marcos y Castelo. Con el archiconocido rol de poli bueno poli malo. En esos pasajes finales de corte policial, parece Zafón que se nutre de lo visto mil veces en pantalla, para que sus personajes se comporten como tales, y así en lugar de ser la literatura la que nutra el cine, se da la circunstancia inversa, lastrando esos pasajes, como el episodio del funicular.

De una manera mecanicista Zaf√≥n abre cada cap√≠tulo con una descripci√≥n de los cielos de Barcelona seg√ļn la hora del d√≠a o la estaci√≥n del a√Īo, una f√≥rmula como otras empleadas que dilatan el libro en exceso, con pasajes que bien hubieran precisado una poda.

Una vez que David Mart√≠n asuma su condici√≥n de escritor, la segunda parte del libro es una concatenaci√≥n de tr√°gicos sucesos, en los cuales David siempre tiene el morro metido, que como un trasunto de la parca, mata todo aquello que toca o sobre lo que fija su mirada. As√≠ el libro trota por la senda de la intriga, la mara√Īa de personajes se va imbricando para ir arrojando algo de la luz a una historia que la bruma va velando, borrando los perfiles de lo verdadero, lo so√Īado e imaginado.

Es evidente que La sombra del viento como la del cipr√©s es alargada, y aqu√≠ las comparaciones son odiosas pero ineludibles. De hecho Zaf√≥n est√° donde est√° no por sus libros infantiles, sino por su anterior obra, que le catapult√≥ al estrellato, le hizo vender diez millones de ejemplares, recibir cr√≠ticas elogiosas que lo situaban junto a autores consagrados y ser traducido a treinta idiomas, as√≠ que ahora con este libro hemos de constatar si Zaf√≥n ha dado un paso m√°s, si ha perge√Īado una obra monumental e imperecedera con trazas de cl√°sico o si m√°s bien ha creado un artificio entra√Īable y divertido de digesti√≥n r√°pida y olvido moment√°neo.

Su anterior obra me cautivó, me sorprendieron sus diálogos, sus personajes poderosos y memorables, su sentido del humor, la creación de atmósferas, su homenaje a la ciudad de Barcelona. En El juego del ángel, el oficio de Zafón es evidente, el talento sobrevuela el relato, pero el resultado no me permite ensalzar esta obra como maestra, ni nada parecido (la maestría de un relato consiste en el poso que deja, la capacidad de emocionarnos, de permitirnos interiorizar los personajes, las situaciones, sus reflexiones). Cumple eso sí su cometido de entretener, de tenerte pegado unas cuantas horas al papel, durante más de seiscientas páginas. Eso ya es un éxito para cualquier escritor, pero siendo Zafón el que escribe y con La sombra del viento detrás, esperaba más, muchísimo más.

Estos reparos no serán óbice para que Zafón despache sin problemas el millón de ejemplares que Planeta ha suministrado en las librerías y muchos más, pero una cosa nada tiene que ver con la otra. Hará las delicias de los barceloneses que irán alimentando sus nostalgia al tiempo que harán memoria colectiva del cambio experimentando por su ciudad durante estas décadas, tras el cambio experimentado con la Exposición Universal.

Por √ļltimo comentar que resulta gracioso leer el nombre de mi ciudad, entonces provincia de Logro√Īo, al confundir un periodista una entradilla con una tapa de esta ciudad (si se da la circunstancia de que en 1920 Logro√Īo fuese conocido por sus tapas, como si lo es ahora por La calle Laurel ‚Äúla senda de los elefantes‚ÄĚ). Comentar tambi√©n una errata que he visto; la palabra ‚Äúurgar‚ÄĚ y algunas apreciaciones que hace Vidal, como su comentario acerca de El Premio Nacional de la Cr√≠tica, la trata de blancas, el presunto veneno que contienen los puros, o el abarrotamiento de novedades que maneja cada semana Sempere en su librer√≠a, aspectos todos ellos m√°s propios de estas √ļltimas d√©cadas, que de comienzos del siglo XX.

CrŪtica and Libros and Opiniones17 abr 2008 10:21 am

Los amantes de silicona Javier Tomeo portadaLa pareja formada por Lupercia y Basilio, el escritor en ciernes Ram√≥n, los mu√Īecos de silicona Big John y Marylin y la voz del narrador conforman este sexteto descacharrante donde abunda el humor. Ram√≥n ha escrito una novela en la que quiere comprometer a un amigo, con el que ha compartido novia durante a√Īos. Ante la negativa de √©ste, cuando menos se aviene a leer su novela y hacer las correcciones ortogr√°ficas pertinentes, sin atentar a la esencia del relato. A medida que va recibiendo los diferentes cap√≠tulos de la novela, nos la va presentando a nosotros los lectores.

Basilio y Lupercia ya ni si quieren, ni se aman, ni se desean, pero viven todav√≠a bajo el mismo techo, durmiendo en lechos separados. A fin de calmar sus apetencias sexuales recurren a unos mu√Īecos de silicona. Basilio se afana con Marilyn una mu√Īeca de √ļltima generaci√≥n capaz de reproducir sentencias latinas y cantar en alem√°n y de introducir en el debate sentencias plat√≥nicas, incluso de serle fiel a ra√≠z de su minusval√≠a sexual. Lupercia a su vez recurre a Big John para calmar su furor uterino, dotado de un monumental pene. Todo va bien hasta que una noche encuentran a los mu√Īecos dale que te pego corri√©ndose una buena juerga. Despechados, los humanos deciden poner fin a esas cornamentas con medidas dr√°sticas.

Javier Tomeo entra a saco con una historia que da mucho juego, al dotar a unos mu√Īecos de silicona concebidos √ļnicamente para dar placer a los humanos, de cierta humanidad, unos sentimientos y reflexiones que les proporcionan su placas base, pero que luego, como en la rebeli√≥n de las m√°quinas son capaces de generar sus propios sentimientos, pensar por s√≠ mismos y tratar de encontrar una salida digna.

Por momentos la historia resulta descacharrante, Tomeo no deja t√≠tere con cabeza y aprovecha para dar unos puyazos contra el estado general de la televisi√≥n, el monopolio del f√ļtbol, la tragedia del sexo, las consecuencias del pensamiento, los pliegues de la soledad, las secuelas del desamor, abonando todo ello con buenas dosis de humor, de di√°logos chispeantes, de una imaginaci√≥n desbordante puesta al servicio de una novela pornogr√°fica que nada tiene de tal, donde los humanos y los mu√Īecos de silicona con √≠nfulas de trascendencia se debaten en el amor, en ese dif√≠cil equilibrio entre el no poseer y el poseer, que dec√≠a Plat√≥n, para lidiar con su soledad, sus frustraciones y miedos, en ese hilo de cordura de fun√°mbulo donde los juanetes y la carne marchita hacen cada vez m√°s dif√≠cil la permanencia.

Autor: Tomeo, Javier
Título: Los amantes de silicona / Javier Tomeo
Edición: 1ª ed.
Editorial: Bercelona : Anagrama, 2008
Descripción física: 142 p. ; 22 cm
Colección: Narrativas hispánicas ; 426
ISBN: 978-84-339-7164-7

CrŪtica and Libros and Opiniones02 abr 2008 04:12 pm

El apicultor de Maxence FerminePara no ser un autor excepcional este es el tercer libro que leo de Maxence Fermine, despu√©s de Nieve y El Viol√≠n Negro. En esta historia, titulada El apicultor, ambientada de nuevo en siglos anteriores, el XIX en este caso, no hay haikus, ni operas magistrales, ni violines, pero Maxime sigue el mismo esquema narrativo que en sus anteriores trabajos. Hay de nuevo pocos personajes, que se pueden contar con los dedos de la mano y escasos di√°logos que se ventilan con frases lapidarias tales como ‚Äúnunca es demasiado tarde para nada‚ÄĚ.

Aur√©lien se pone en marcha una aventura √©pica, donde de nuevo el personaje principal debe asentar su genialidad, su √°nimo de trascendencia llevando a cabo una tarea singular. Si en Nieve era la poes√≠a y en el Viol√≠n negro la m√ļsica ahora Aur√©lien descubre su pasi√≥n por las abejas (capaces estas de crear la √≥pera de la abejas) y por su oro l√≠quido. (m√°s…)

CrŪtica and Libros and Opiniones28 mar 2008 01:35 pm

Ir√®ne N√©mirovsky en ese relato disecciona con precisi√≥n el alma humana y describe lo que bien conoce, procedente ella de una familia acomodada. La voz la pone una cr√≠a de catorce a√Īos muy observadora y espabilada, que aprovechando un baile que van a organizar en su casa, ve el modo de vengarse de todo aquello que la hace sentir mal, en especial el trato que recibe de sus padres, que la tratan como una ni√Īata atontada. La familia ha pasado de una clase media a una clase alta, merced a unas operaciones en bolsa que hacen que ahora la familia est√© inserta en otra clase social, movi√©ndose en otras esferas, hasta entonces desconocidas para ellos, y el baile es la manera de darse a conocer en sociedad, de autoafirmar su riqueza, de juntar a las m√°s insignes personalidades. (m√°s…)

CrŪtica and Libros and Opiniones11 mar 2008 01:43 pm

La carretera √ļltimo libro de Cormac McCarthyCormac McCarthy en este libro m√°s que crear personajes dibuja para el lector un paisaje post-apocal√≠ptico, donde sin saber las causas que han llevado a esa situaci√≥n, un padre y su joven hijo (del que no sabemos la edad), sobrevive a duras penas huyendo del norte, camino del sur, buscando algo de calor, ya que el fr√≠o que los envuelve es tal que puede romper las piedras.
Es el paisaje que transitan un paraje desolado, hosco, agrestre, pintado de negro, con el aire cargado de ceniza, donde los cuerpos siguen en las calles y en los campos, demacrados, hollejos del fuego que los devoró.
Además del padre y del hijo, en su deambular, estos se cruzan con otras personas que sobreviven como pueden, muertos de hambre, vestidos de harapos, deshumanizados o bien bandas de criminales capaces de devorar los cuerpos de los bebés o de comer carne humana.
En esa huida desesperada, siguiendo las indicaciones de un plano, pegados a la carretera, a modo de cord√≥n umbilical que los lleve a la placenta vivificadora, donde cada uno de los d√≠as es m√°s gris que el anterior, tratan de mantenerse √≠ntegros, de preservar una compostura √©tica, de seguir siendo humanos a pesar de todo, y el padre transigir√° as√≠ con la inocencia de su reto√Īo, que no puede digerir tanta violencia, un horror tan descarnado y nauseabundo, con cad√°veres que poblar√°n sus pesadillas, cada vez m√°s aciagas.
La prosa de McCarthy va directa al grano. Se suceden los párrafos como ráfagas, sin abusar de la adjetivación y el engolamiento y empleando las palabras justas y precisas para recrear ese paisaje que a medida que vamos leyendo vamos interiorizando, hasta ser capaz de oler esa lluvia, que huele a ceniza mojada, y seguir las famélicas sombras de estos supervivientes, en su camino hacia el sur.
La carretera es una lección de supervivencia, de superación, impregnada cada gesto, cada acción, de un amor filial, infinito, imponderable, que deja un marca indeleble de hollín en el paladar, de ceniza en la mirada y tiznado el corazón. Una obra contundente como un bofetón bien arreado y desoladora como lo es la imagen de un mortecino sol fagocitado por un mar grisáceo.

Del escritor americano, Cormac McCarthy se ha llevado a la gran pantalla su anterior novela, No es país para viejos.

CrŪtica and Libros and Opiniones04 may 2007 07:46 am

La venganza de la tierraSugerente el título y la portada la de este libro escrito por el científico octogenario James Lovelock, que postuló a comienzos de los 70 junto a Lynn Margulis la Hipótesis de Gaia, que luego se convertiría en la Teoría de Gaia (la tierra es un sistema autorregulado que surge de la totalidad de organismos que la componen, las rocas de la superficie, el océano y la atmósfera, estrechamente unidos como un sistema que evoluciona. El sistema tiene un objetivo: la regulación de las condiciones de la superficie para que sean lo más favorables posible para la vida que en aquel momento pueble la Tierra. Se basa en observaciones y modelos teóricos y ha realizado predicciones correctas).
En la portada se muestra la tierra convertida en una bomba, con la mecha encendida. ¬ŅCu√°ndo explotar√° la tierra?. Esto no lo sabe ni Lovelock ni nadie, pero el autor se plantea una situaci√≥n, la actual, en la que podr√≠amos afirmar que hemos sobrepasado la l√≠nea de no retorno. Esto es, hagamos lo que hagamos, ya es tarde, para restablecer la salud de la tierra. Solo podemos pues poner parches. No afirma el autor que la tierra vaya a saltar por los aires, o a explotar, sino que la biosfera, all√° donde vivimos, est√° seriamente da√Īada y nuestra civilizaci√≥n en el futuro se ver√° mermada. No desaparecer√° por tanto la humanidad, sino que habr√° millones de bajas. Algunos sobrevivir√°n. Con la subida del nivel del mar, muchas ciudades ser√°n sepultadas bajas las aguas, lo que har√° que la gente tenga que desplazarse a nuevos lugares. La temperatura ser√° mayor, pues el sol calentar√° con m√°s fuerza y la gente morir√° como pas√≥ en Francia en el verano de 2003, los recursos se ver√°n limitados, la tierra no dar√° de s√≠ para abastecer a los futuros ocho mil millones de personas. Habr√≠a que dejar de maltratar a la tierra, no talar tantos √°rboles, contaminar menos la atm√≥sfera con di√≥xido de carbono, reducir la dependencia del petr√≥leo y hacer las cosas de otra manera…
Lovelock habla detalladamente en un cap√≠tulo de todas las fuentes de energ√≠a actuales y futuras de las que dispondremos. El autor defiende a capa y espada la energ√≠a nuclear. Seg√ļn √©l, es la que menos muertes causa, la m√°s eficiente, pero tragedias como la bomba at√≥mica de Hiroshima o Chernobyl crearon mala prensa de todo aquello que oliera a nuclear, siendo demonizada desde entonces. Lovelock aboga por esta energ√≠a, que genera menos residuos y ocupan mucho menos espacio que los residuos derivados de la quema de f√≥siles, adem√°s es ‚Äúla √ļnica fuente de energ√≠a que satisfar√° nuestra demanda sin suponer una amenaza para Gaia ni inferferir en su capacidad para mantener el clima y una composici√≥n atmosf√©rica adecuadas para la vida. Las reacciones nucleares son millones de veces m√°s potentes que las reacciones qu√≠micas‚ÄĚ.
Para el autor, el n√ļmero de muertes ocurridas en Chernobyl que se dieron por buenas, fue una gran mentira, pues no fueron m√°s de 75 las personas que murieron.
A la hora de hablar de las energías alternativas como la energía solar o eólica, no duda el autor de su limpieza e incluso de su eficiencia futura, pero no es eso ahora lo importante, sino más bien, si es lo que ahora, ante esta situación de emergencia que vive la tierra, el mejor camino a seguir. De nuevo Lovelock reivindica la energía nuclear como un gran remedio a nuestros males, hacen faltan soluciones urgentes y la energía eólica, biomasa, o la solar no aliviaran a corto plazo la salud de la tierra, incluso pueden llegar a empeorarlo.
Lovelock en algo más de doscientas páginas no hace una sesudo estudio científico, ininteligible para las grandes masas, sino que trata de hacernos comprensible la problemática de la tierra para que todos la entendemos, abogando por el debate, la reflexión, por discutir las cosas y no asumir ciertas planteamientos e ideas que científicos interesados y grupos de presión dan por válidas, sin rechistar (como la maldad de la energía nuclear), buscar soluciones, pero para ello habría que tener presente que el problema existe, que el calentamiento global es hoy una problema que afecta a todo el planeta y visto el percal no parece que todos los Gobiernos tengan la misma sensibilidad hacia el problema.
Como en la ciencia no hay certezas, no se puede decir qu√© suceder√° dentro de cien o de quinientos a√Īos, pero Lovelock nos explica el camino seguido hasta la fecha, la actuaci√≥n de los humanos en el h√°bitat, la idea equivocada de que el planeta nos pertenece, y c√≥mo la tierra se vengar√° de sus ocupantes, nosotros, que tan mal la tratamos. Merece la pena dedicar unas horas a leer este libro. Aprenderemos muchas cosas interesantes y nos abrir√° los ojos a ciertas realidades que entre unos y otros han creado, impidiendo que los ciudadanos nos preguntemos nada acerca de lo que sucede.
Me he re√≠do con las palabras dedicadas a esos ‚Äúecologistas urbanos‚ÄĚ que no han pisado el campo en su vida.
Si no sabemos nada del estado real de la tierra, pues como dice Lovelock apenas se publica nada al respecto, a no ser publicaciones cient√≠ficas como Science o Nature, exclusivas de especialistas ¬Ņde qu√© vamos a debatir entonces nosotros los ciudadanos?. ¬Ņc√≥mo hablar de lo que desconocemos?. De ah√≠ que los parques e√≥licos que destrozan los paisajes nos parezcan maravillosos.