Oímos con frecuencia que más vale prevenir que curar. Llevarlo a la práctica no es que no sea fácil sino que no interesa. Las voces de alerta sobre el daño que infringimos a diario al planeta tierra, empiezan a sonar con fuerza, autores como Lovelock afirman que el daño ya está hecho y que el crecimiento sostenible es una milonga. Aún dejando hoy de vertir gases a la atmósfera, residuos a los ríos y a los mares, de talar bosques, todo esto no servía de nada, porque el daño ya es irreversible. Esto gustará a esos partidiarios de vivir el día a día.
Si todo está perdido más razones tenemos, pensarán muchos para arrasar todo cuanto podamos, urbanizar más y más rápido, sin preocuparnos demasiado por las sacudidas que la naturelaza a veces ofrece, en forma de tornados, ciclones, sequías, tsunamis o inundaciones. ¿interesa prevenir?. Primero habría que reconocer que el cambio climático es un problema y luego ver que soluciones tomar.
Países como EEUU o China no ven el problema o miran para otro lado. Ellos quieren crecer, aumentar su PIB, reducir sus tasas de desempleo y el medio ambiente no van a permitir que sea una palo en las ruedas de esa bicicleta propulsionada hacia la modernidad y el crecimiento económico. Si los gobernantes que son los que tienen la postestad de llevar a cabo los grandes cambios y de adoptar las medidas precisas piensan así, ¿qué podemos hacer los ciudadanos?. Los más optimistas quitarán leña al fuego, y se preguntarán por qué se habla tanto ahora del cambio climático cuando hace una década nadie sabía en qué consistía y solo se hablaba del agujero de ozono. Dirán que atiende a una campaña mediática, que busca asustar a la población, meterle el miedo en el cuerpo, con teorías fatalistas, pues es poco probable, sino imposible que la Tierra deje de existir a corto plazo. Como esas ideas las compartirán y defenderán también los gobernantes todo seguirá como hasta ahora, o peor.
Otros, menos optimistas, entre los que me incluyo creemos que la Tierra tiene memoria y se tomará antes pronto que tarde justa venganza. Algún día vendrán a nuestras costas olas de gran tamaño, no sé si Tsunamis y se llevarán un pedazo de litoral tierra adentro, también claro está las urbanizaciones y campos golf allá ubicados. Habrá miles de muertos, la gente se llevará las manos a la cabeza, eso sólo les pasa a los otros, pero aquí en España, no tiene ningún sentido, dirán entre sollozos, ¿por qué nosotros?. Se buscarán culpables ya sea el Gobierno central, el autonómico o el local. Dirán entonces que esto tenía que pesar tarde o temprano, que no se puede ni debe edificar en cualquier parte y cosas similares, pero como siempre pasa en este país se hablará de ello y mucho, a toro pasado, cuando la tragedia haya acaecido y los muertos se cuenten por miles.
Mientras, nuestros políticos siguen aprobando planes urbanísticos que destrozan zonas vírgenes en zonas costeras, dando luz verde para que se edifique en cualquier parte, sin importar que se trate de zonas protegidas o no, construyendo campos de golf sin orden ni concierto, sin preveer si habrá agua suficiente, no para que los ricachones que van a darle a la pelotita la gocen en unos campos alfombrados de verde, sino los vecinos de la zona, que ven indefensos como sus recursos naturales se esquilman para que unos pocos vayan allí de vacaciones, mientras que los alcaldes, concejales de urbanismo, y constructores entre otros se enriquezcan.
Si al menos hubiera algún partido político que propusiera algo diferente habría un rayo de esperanza. Habrá que estar atentos para ver cuantos minutos destinan Rajoy y Zapatero en su campaña al cambio climático, al crecimiento sostenible, cuantas veces van a hablarnos de como entre unos y otros están destrozando todo el litoral, porque en todas las comunidades, sean del PP o del PSOE cuecen habas. No nos dirán tampoco que medidas van a tomar para evitar la dependencia energética del petroleo, o que políticas piensan llevar a cabo para incentivar las energías limpias, no nos dirán tampoco si para ellos el cambio climático es una pamema o un problema serio que ocupará su agenda.
La cuenta atrás ya ha empezado.