
En El País venía ayer un artículo hablando del Kindle. El Kindle es un aparatito de 18 cm de largo por 13 cm de ancho y 300 gramos de peso, como el de la foto, con una pantalla digital, donde leer los libros que el aparatito almacena en una memoria, con capacidad para 200 libros. Podrán también descargarse 90.000 títulos. Nos dicen que cuando nos vayamos de viaje, nos podemos llevar toda nuestra biblioteca de viaje. ¿quién lee 200 libros en vacaciones?. A mí con llevarme un par de ellos voy sobrado.
Hasta la fecha con los libros virtuales hemos comprobado que su venta ha sido un fracaso en toda regla. Para mí lo bueno de un libro es su tacto, su presencia física. Si después de pasar ocho horas currando delante de la pantalla de un ordenador, llego a casa, me quito los zapatos, me pongo las zapatillas de andar por casa, me tumbo en la cama y para dedicarme a pasar un buen rato de lectura he de coger este aparatito, Kindle, como si se tratara de un consola y dejarme los ojos delante de una pantalla digital estoy apañado. Mientras los editores publiquen libros, y estos sean de papel, yo seguiré leyéndolos mientras me sea posible. La idea de leer un libro en una pantalla no me seduce nada. He leído alguno en formato pdf en un monitor y no he disfrutado nada de la experiencia. Quizá para leer el periódico o algún artículo vale, pero un libro conlleva crear un ambiente, de iluminación, falta de sonido, cogerlo entre tus manos, acariciar las tapas, acariciar su lomo, deslizar las yemas por las palabras de tinta, incluso oler su aroma de libro recién impreso si es nuevo.
Además estas dimensiones 18×13 no tienen en cuenta que nos puede gustar leer libros de arte, de cocina, de fotografía donde deleitarnos con fotografías de buen tamaño, que estos kindle no pueden ofrecernos.
A mi me gusta ir a la estantería y ojear un libro, no depender al 100% de la wikipedia o de internet, para abastacerme de información. Si se produce un formateo virtual, vamos listo, toda la información a freír churros, ya sean mp3, películas o libros. A mí me gusta saber donde los tengo y que aspecto tienen, ver el careto del autor, leer la sinópsis del libro. Pequeñas cosas que hacen de la lectura un placer.
Este libro recoge 59 poemas de Gioconda Belli escritos entre 1987 y 1997. La carnalidad y el sexo están presentes en la obra de Gioconda Belli como lo están en la de
Fernando Fernán-Gómez además de actor, también se dedicó a la escritura, tanto en prosa, con novelas que incluso le hicieron quedar finalista del Premio Planeta en 1987, como poesía. La editorial