Relatos


Relatos and Actualidad31 Jan 2012 07:34 pm

Sonó el teléfono
no quería cogerlo
lo dejó sonar hasta que descolgar se hizo irremediable
carraspeó
¿sí?
sí, soy yo
¿hoy?
¿a las tres?
dijo, bien, aunque se sentía mal
las letras se le deshicieron dentro del paladar con sabor a hiel
su compañera le miraba con los ojos como platos
asintió
finito
las lágrimas le sacaron flotando, para siempre, de la oficina

Relatos01 Jan 2012 06:45 pm

- ¿Pero qué haces ahí, parado, como un pasmarote?.
- !Enciende la tele!.

Relatos and 20N18 Nov 2011 05:04 pm

Preguntó a sus amigos a quien iban a votar. Ni puta idea le contestaron. Son todos la misma mierda, una panda de chupópteros. Ya, dijo encogiéndose de hombros. Pero el 20N allí estaba él, por vez primera frente a la urna, metiendo el sobre en la rendija. Votó, le dijo un señor de bigote, tras devolverle el DNI. Le hizo gracia. Se sentía agusto. Le gustaba ir contracorriente.

Relatos26 Oct 2011 09:07 pm

Pulsó delete y así salió para siempre de su vida.

Relatos29 Aug 2011 11:44 am

Cruces
y
rayas

Relatos29 Aug 2011 11:43 am

Hallo todo lo que busco.

Relatos29 Aug 2011 11:42 am

A veces veo árboles.

Relatos22 Aug 2011 04:14 pm

Ahogado en un pozo de sabiduría.

Relatos18 Aug 2011 08:49 pm

Decidió volver. Lo hizo, no caminando sobre las aguas, sino a bordo de una patera, custodiado por mujeres ingrávidas de rostros atezados devorados por la noche. Tras ser interceptado Él y todos los demás por la Guardia Civil y recluido en un centro de internamiento de inmigrantes, fue finalmente devuelto a su país. A saber, ¿El Reino de los Cielos?.

Relatos18 Aug 2011 08:28 pm

Cemento
Cenizas
Alcohol
Aire acondicionado

Los cuatro elementos.

Relatos18 Aug 2011 08:27 pm

Desde que mis ventanas tienen puente térmico no sé si el perro de mi vecino ladra o estornuda.

Relatos18 Aug 2011 08:25 pm

Imprime a sus palabras tanta negrura que es imposible diferenciar las originales de sus fotocopias.

Relatos04 Aug 2011 04:55 pm

Después de haber finalizado las obras, él seguía taladrado.

Relatos15 Jan 2011 08:43 am

Tenía hambre y frío. Ni un duro en el bolsillo. Se alimentaba de las hostias consagradas que recibía de los curas en su peregrinación diaria por distintas parroquias. Cuando un vehículo metalizado lo elevó por los aires como una cometa para besar segundos después el asfalto, ofreciendo a los presentes un crujido de huesos rotos y veneros de sangre espesa nadie hubiera dado un duro por él, tras semejante hostión, pero se salvó. Cuando abandonó el hospital lo hizo solo. Nadie supo de su accidente ni de su milagrosa recuperación. Bajo el brazo llevaba unas radiografías. Las examinó. Una de ellas era de su abdomen. En ella le pareció ver un rostro. Alguien le guiñaba un ojo. Demasiadas horas sin echar un tragó pensó. Saludó a dos conocidos que fumaban fuera de un bar y pidió un Rioja. Con la sangre de Cristo corriendo por sus venas se sintió mejor. Oyó las campanas. Hora de volver al tajo pensó.

Relatos28 Dec 2010 08:47 pm

Al igual que a otros muchos la burbuja inmobiliaria también le estalló en la cara, arrasando todo a su paso, dejándole como a un Adán que pisa sobre un paraíso de cemento y nubes que pasan indiferentes frente a los múltiples anuncios de pisos en venta. Mientras su Eva, al igual que los bancos, no da crédito.

Relatos28 Dec 2010 05:22 pm

Cambiaba de humor como las estaciones, así que el primer año de casados tuvo la sensación de haber estado con cuatro mujeres distintas.

Relatos04 Sep 2010 11:08 am

A veces puedo entrar en mi blog y otras no
es una tema de ipés dinámicas
o algo por estilo
me lo dijo un amigo informático
quien ya de chiquitín
leía el PCManía.
Así que cada mañana enchufo el portátil
conecto el módem
cruzo los dedos y espero.
A veces hay suerte y logro entrar
en mi morada virtual
otras no y maldigo o simplemente
berreo bajo la almohada
para no despertar a los vecinos.
Hoy logré entrar
en este camposanto
de ángeles custodios
que fueron a por tabaco
y desaparecieron flotando en su nubes de humo
y tecla a tecla parí esto
o más bien lo vomité
porque no hubo dolor ni sufrimiento
pero antes de conectarme,
-suena como el que se mete un jeringuillazo de sustancias prohibidas-
pasé por una librería y la dueña me dijo
“he comenzado a leer lo último de Almudena Grandes”
dicen algunos críticos que son como Los Episodios Nacionales de Galdós,
pero en moderno, añadió.
Lo leeré repliqué.
Mentí.
Ni he leído los Episodios Nacionales
ni leeré Inés y la alegría,
o quizá sí
pues solo necesito de
un verso
una caricia
una sonrisa
un lametón
una mentira
un baccio di farfalla
para desdecirme.

Relatos and Actualidad and Humor28 Jan 2010 04:22 pm

Sonsonete en el pasillo, toses, quejíos. Trastabillear, caer, besar el suelo. Buscar los enchufes, las esquinas más mordaces. Golpear hacer ruido, y gritar, runfar. Sentada con los brazos abiertos, esperando ser alzada. Rebuscar en los juguetes, tirar, dispersar, aporrear, mirar concentrado desvelando la esencia de una tortuga de peluche, el mecanismo de un puzzle, los reflejos del metal. Chupar la alfombrar, arañar, lamer el suelo, horadar el parqué, mover las sillas, degustar las nubes de polvo, las toallitas humedas, chuperreteo de falanges, coprofagia inconsciente. Seguir runfando. Buscando la manilla de la puerta, a años luz de su cogote. De nuevo al suelo, esta vez sin manos, llorar, pulmones a plena máquina, mejillas encendidas. Zapatilla volando, calcetín también, propulsada por el pasillo, gateando, huyendo, buscando la fría porcelona del vater. Verticalidad en desequilibrio. Caer o no caer: he ahí el coscorrón. Cualquier rincón es lo suficientemente grande para esconderse, cualquier agujero lo bastante grande para el trajín de dedos, cualquier momento apto para llorar.
Microdescanso interrumpido.
Ya voy..ya vooooy..ya vooooooooy….

Relatos11 Jan 2010 08:12 pm

Lo mejor de las Navidades es que siempre se acaban.

Relatos and Literatura02 Feb 2009 03:51 pm

Episodios Regionales.
Devaneos de un Logroñés desnortado.

I. La senda de los elefantes.

Enfiló la calle Laurel con paso vacilante. Quería huir de la sombra viscosa, la presencia espectral que le asustaba, un presagio que como el verbo, luego se haría carne, que lo acechaba al salir de cada bar. A pesar de la desazón dio cuenta de unas orejitas trisconas en El Perchas, se zampó una zapatilla en Juan y Pinchamé, después un cojunudo en El Simpatía, pidió un matrimonio (no sabemos si homosexual o heterosexual) en el Blanco y Negro, unas patatas bravas en el Jubera, ultimó un pincho moruno en el Paganos, degustó la untuosa y chorreante tetilla casi líquida que se desparramó por su gaznate y antes de dejar la senda se ventiló un tío Agus. Todo ello lo regó con vino crianzas excelsos, a saber; Luis Cañas, Ramón Bilbao, Luis Alegre, Ramírez de Ganuza, Trasnocho, Baigorri, Barón de Chirel, Monte Real….
Se dejó veinte euros en poco más de media hora por La Senda de los Elefantes, pero en algo debía gastar su botín, se decía así mismo, como si invertirlo en solazar sus sentidos con buenos manjares y caldos fuera menos pecado que dilapidarlo frente a una máquina tragaperras de luces magnetizadoras.
Con el entendimiento brumoso por la ingesta del néctar granate, antes de irse al suelo, trastabillando, se agarró a una figura hercúlea que lo mantuvo en pie, elevado del suelo medio palmo, pataleando como un bebé en una trona. Le costaba respirar, pero la soga cárnica en su cuello, con forma de mano cuyo dorso recorrían venas abultadas como cinceladas por un picapedrero, lejos de aminorar la presión, presentaba cada vez una mayor rigidez.
Cuando su oreja derecha estuvo a la altura de los labios de esa especie de Poseidón, éste con una voz que parecía provenir de un pozo sin eco, le detalló que lo iba a abrir de arriba abajo en busca de lo que le había robado.
- Me haré unas morcillas con tu sangre si es necesario, dijo el forzudo. Esa fue su carta de presentación.
Luego lo estrelló contra la pared, como un plato en un día de furia o de celebración, y tras patearle los riñones, le instó a hablar.
-¿Dónde está?.
Las manos en la zona lumbar. La cara congestionada.
- Lo siento, no soy nada curioso. Me importan un bledo tus preguntas.
El puñetazo, por otra parte esperado cuando uno se sobrepasa de listo, sonó como el crujido de una nuez quebrada por el cascanueces.
Un venero de sangre corrió desde su nariz hasta abrevar en su boca.
- Dulce, ¡cómo a mí me gusta!…no me vendrá mal algo de glucosa. ¿Ladrón yo?, Qué va, yo sólo soy un jardinero que poda cactus al amanecer, el hijo bastardo de la noche, el alma solitaria de la fiesta, el que cierra los bares, un náufrago del presente desoyendo los cantos de sirena del mañana, ¡ese soy yo!, no quien tú buscas.
El siguiente puñetazo le inflamó la carne que circunda el ojo, amoratándolo.
- Mátame si quieres, arráncame la piel a tiras si te va ese rollo, me ofrezco como tu San Bartólome particular, préndeme fuego, decapítame, empálame, sea tu voluntad, pero no contestaré a tus preguntas. Picas piedra.
El verdugo calibró la situación. Si tensaba demasiado la cuerda, lo más probable es que aquello acabara mal para su víctima, y aún peor para él, en el caso de no recuperar el dinero.
- Está bien, vamonos a picar algo tú y yo. Lo incorporó y en volandas lo llevó hasta la barra de un bar anejo, donde comieron una ración de setas y una brocheta de sepia a la plancha mal descongelada. La camarera se interesó por la salud del damnificado. Los ojos de ella mostraban sorpresa y miedo pero también el arrojo necesario para hacer una llamada a los maderos.
- Esta es su última voluntad antes de morir, le dijo guiñándole un ojo y acercándole un billete de cincuenta euros por debajo de una servilleta, donde estaba escrito el nombre del bar con letras negras rodeando un escudo, atravesado por dos espadas en aspa.
La camarera guardó el billete, orilló su curiosidad y les sacó unos mejillones, y unos calamares a la romana.
- Esto resucita a un muerto, musitó, para sus adentros el Lázaro del siglo XXI, porque apenas era capaz de articular palabra. A pesar de los golpes, de la cara descompuesta, seguía tomándose a broma su situación. A uno no le zurran la badana todos los días pensó.
- Pocas cosas hay más sabrosas que un mejillón de roca en su jugo. El día que suban de precio, entonces todos reconocerán sus virtudes. Somos siempre así de estúpidos.
Al lado suyo el verdugo asintió, levemente sorprendido por lo cabal de las apreciaciones de ese guiñapo.
- A ver, centremos la situación.
Poniendo una mano rocosa en el pescuezo del retenido le obligó a mirar hacia abajo. Creyó este entonces que su atacante era un maniaco sexual, el cual tras mostrarle su entrepierna abultada, le ofrecería luego chorizo de cantimpalo a modo de estilete, ensartándolo, que lo sodomizaría antes, para luego tirarlo como a un perro eviscerado en cualquier cuneta. Pero no, aunque el señor X se ruborizó discretamente al comprobar el efecto que su voluminoso paquete había causado en su presa, le hizo ladear el cuello, hasta fijar la mirada en un reflejo metálico, proveniente de un arma bien lustrada que asomaba por encima del pantalón
- Una buena suma, eh. Tres mil euros justos. Seis billetes de quinientos. Unos pocos gramos. Una superficie mínima. Un mínimo orificio.
- Te ofrezco la última oportunidad de salir con vida de esto.
- El calcio es bueno para la memoria. Una tabla de quesos me vendría muy bien
La mano fue en busca del arma.
- Está bien, está bien, te daré lo que buscas, pero no aquí.
La calle comenzaba a llenarse de gente que buscaba un rato de ocio gastronómico probando los pimientos, las carnes, los champiñones, las setas de la tierra, degustando las creaciones de los bares que jalonaban la calle ofreciendo todos ellos diferentes tapas. No era la Laurel otra cosa que, además de visita obligada de todo turista a su paso por Logroño, un punto de encuentro adecuado donde dejar apartado el estrés semanal, el aliento de la crisis, el lugar propicio para la charla, la risa y la celebración: una manifestación pues del goce de vivir.
Apartados del bullicio, bajo la sombra estéril, dada la hora, de un árbol frondoso, cantó.
- Lo gasté.
- Imposible.
- Lo gasté.
- Imposible.
- Lo gastt.
- Imposible
- Lo gassss
- Imposible
- Lo gaaaa
- Imposible
- Lo ggggg
- Imposible
- Looooo
- Imposible
- ellll
- Imposible.
Caían los puñetazos, las letras, también los dientes. El Ratoncito Pérez de buena gana se hubiera declarado en huelga ante tamaña labor.
Le tomó el pulso. Vivía. Podó la camisa dejándola sin mangas de un par de tirones. Bajó sus pantalones. Dos piernas blancas, de pelo ralo y rodillas resecas afloraron hiriendo la negra noche con un sarpullido de algodón. Por debajo del calzoncillo asomaba un trozo de papel sonrosado con trazas de billete. Lo giró. Del ano asomaba un cordel, una porción de hilo insignificante, sólo aparente para ojos escrutadores. Tiró con cuidado. Hubo un suspiro y luego otro, y otro más, o quizá fueran estertores. Surgieron como por arte de magia tres bolas chinas, trasparentes. De su interior, tras pasarlas por el agua de un botellín que siempre llevaba consigo, extrajo cuatro billetes. Cogió el quinto del calzón, y encontró otros cuatro billetes verdes en el pantalón tirado bajo el banco. Total dos mil novecientos euros.
Matar por una cantidad ridícula. Miró los montes difuminados, en lontananza, bajo un cielo que se apagaba y hubiera querido perderse en cualquiera de ellos, de buena gana hubiera arrojado el móvil y su cartera al contenedor, se hubiera desprendido de su identidad y de la ropa, y recobrado su vida anterior, la que tenía antes de entrar a trabajar para el Sr. Majestic, pero sabía que no podía escapar, lo sabía desde hacía mucho tiempo. Desde que las voces interiores fueron bramidos, convertido él también en una bestia, puro instinto. Matar le calmaba, aplacaba sus ansias y le daba una tranquilidad que ninguna otra actividad le profería. No era felicidad, era otra cosa, un alivio momentáneo el que experimentaba al apretar el gatillo o emplear sus manos letales.
El puño cerrado del perro apaleado, se distendió y allí encontró otros ochenta euros, hechos un zurullo. Extrajo entonces de su cartera veinte más y completo la cifra. Tres mil. Sonaba tan bien como toda cifra redonda. Misión cumplida. Se sintió un buen profesional. Miró su reloj. Tiempo de ejecución: 88 minutos. Erguido y ufano como un guerrero sabedor de su poder, curtido en mil batallas, pasó bajo el Arco del Revellín también llamado Puerta de Carlos V.

Frente al Parlamento el chófer del Sr. Majestic abrió la puerta del Audi metalizado.

- Entra, dijo una voz nacida de las vísceras del auto.

Está fuera de peligro, afirmó un sanitario dirigiéndose a un compañero, tras comprobar las constantes vitales del tullido. El cual, acto seguido, fue devorado por el estómago de una ambulancia que lo llevaría al San Pedro, sin obligarle, o ese era su deseo, al menos de momento, a rendir cuentas. (more…)

Relatos07 Jan 2009 10:25 pm

Cuando supo de su pérdida, sintió tal vacío que creyó ser devorada por la nada.

Relatos06 Jan 2009 08:25 pm

En lugar de tomar partido por una o por otra, decidió jugarlo y levantar la copa triunfal hasta emborracharse.

Relatos04 Jan 2009 11:14 pm

El día de su boda su mujer le regaló una brújula a fin de que nunca perdiera el norte.

Relatos and Logroño09 Oct 2008 08:44 pm

Espartero bajó de su caballo y vio los leones dormidos, recostados todos ellos sobre su pata izquierda. A su espalda unas figuras envueltas para regalo, tendencias vanguardistas, anhelos ciudadanos, necesidades a satisfacer que impelían a los concejales de turno a llenar la cabeza de la gente con frases ocurrentes en ciudades inventadas que a veces no obstante solucionaban un aprieto.

Caminó a trancas, con pasos cortos, moviendo su pesado cuerpo en dirección a la Concha del Espolón. Allí, resguardados del fulgor de las estrellas, de los alaridos de las lluvias de estrellas, de los coitos de la luna, unos cuantos desheredados, ocultos entre papeles y cartones mostraban sus botellas ultimadas a modo de defensa, como si los reflejos de vidrio o más bien su contenido fuera lo único que les mantuviera con vida, su único alimento fecal, que ingerían y vomitaban, cuando sus estómagos eran ya arcones ajados de soledad y silencios con eco.

Allí se plantó Espartero, en medio de todos ellos. Los hombres de verde hacían la lluvía con sus apéndices de agua, el cielo descorría el manto oscuro y dejaba filtrar los primeros rayos, esos agijones de luz y vida que reconfortarían a todos por igual, dado que de momento el sol no había sido privatizado.

Movió su espada en dirección a un periódico amarillento bajo el cual adivinó unos pelos ralos y grasientos. Hubo un respingo, también gritos, movimiento, injurias, afrentas con botellas y guijarros de pena, y Espartero antaño regente y ahora soporte palomero vio la soledad en esos rostros, certificó su vía crucis en los brazos picados, buscó respuestas sin ni siquiera saber como hacer las preguntas oportunas y le venció la realidad hiperbólica, y como un leño mecido en un venero de lodo y semen se dejó ir hasta su pedestal. Subió en él, asió las bridas de su cabello y tieso, siguió mirando al frente, como había hecho todos estos años, desde que lo habían plantado allí en una plaza en el centro de Logroño.

Relatos05 Oct 2008 08:07 pm

..en busca del tiempo perdido…

Relatos04 Sep 2008 09:32 pm

..una pequeña parte de mí…

Relatos and Humor05 Aug 2008 10:19 pm

Va a la biblioteca a dormir. Cada día del año por la tarde repite el ritual. Coge el libro de la estantería, un mamotreto de mil páginas, se va al fondo de la sala, se acomoda, dispone la cartera y el móvil sobre la mesa, abre el libro por la página 1234 y pocos después, como si la lectura fuera un embrujo, como si el contacto de las yemas con el papel obrara el milagro, irremediablemente cae dormido. Luego, a veces, entreabre los ojos y vuelve poco después a cerrarlos. No ronca y es gratificante estudiar a su lado. Los no avisados lo llaman concentración extrema.

Relatos04 Aug 2008 09:23 pm

Cuando desperté, mi asesino aún estaba allí.

Relatos03 Aug 2008 06:12 pm

El día que dejó su casa no sabía que daría la vuelta al mundo. Regresó cinco años después con millares de historias que contar. Sus amigos flipaban con todo cuanto contaba, pero mucho les extrañó a todos ellos que no tuviera ninguna foto para acreditar aquello que decía. Así, conforme iba desgranando su periplo, descubriendo países a sus amigos y conocidos, fue creciendo el rumor que decía que donde había estado el cuentacuentos era en la cárcel y que todo ese alud de aventuras y circunstancias no eran sino fruto de sus lecturas carcelerias, pues todos sabían que muchos aprovechaban su tiempo a la sombra para estudiar una carrera o instruirse. Así que poco a poco cada vez menos gente se fue interesando por sus historias, hasta que se quedó sólo hablándole a una botella vacía. Un día recibió una carta y junto a las letras una foto que se había hecho en la selva amazónica. No reconoció al tipo de la foto y mesándose las barbas dejó irse en el mar etílico que lo acunaba.

Relatos02 Aug 2008 10:35 pm

Juntaba palabras como quien hace calceta, enhebraba los términos, desbastaba los folios de impurezas y luego ante sus ojos, leía y leía, llenaba los pulmones de viento y de humo de cigarros y enhebró también minutos y horas y días y así llego su final, cubierto de fardos de palabras cosidas a su piel, revestidas a su lengua y aún tuvo fuerzas para escribir su epitafio en una lengua que nadie conocía, cansado más de escribir que de vivir en un mundo hecho a su palabra.

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