Comentaba el otro día que teníamos planeado ir a Potes. Al final fuimos. Saliendo de Reinosa está un pueblo de nombre Matamorosa. Comento esto porque camino de Potes pasamos por otro llamado Matamorisca. Se coge entonces la autovía que comunica Reinosa con Aguilar de Campóo, que está practicamente terminada, a no ser por unos kilómetros que son de territorio Palentino.
Una vez en Aguilar de Campóo se coge dirección Cervera. Hicimos una parada en el Parador de Cervera, que es espectacular por las vistas que ofrece al pantano de Ruesga, como se ve en la fotografía.

Foto de la parte trasera del Parador de Cervera de Pisuerga que da al Pantano de Ruesga.

El edificio como se ve en la fotografía no es de piedra y luce más bien poco, por dentro está acondicionado a la última, como cualquier parador. De nuevo en la carretera nos liamos en el camino y visitamos sin querer el pueblo de Polentinos, donde un grupo de doce mujeres en fila de india dejaba el pueblo y se adentraba en la carretera a hora tempranera. ¿qué harían los maridos en su ausencia?.

Tras pasar por el alto de Piedrasluengas (1515 m) y extasiarnos con las vistas que se obtienen desde el parador llegamos a Potes, a paso de burra, pues un camión iba ocupando los dos carriles y haciendo filigranas por una carretera que es estrecha para semejantes mastodontes. Potes cada vez tiene más turismo, y es hoy un reclamo turístico a nivel nacional y el número de visitantes y autobuses próximos al aparcamiento daban fe de ello, así como las numerosas tiendas que venden productos de la tierra: chorizo de jabalí, de ciervo, orujo de miel, cecina, etc..
Tras dar un paseo por sus empinadas calles y disfrutar de las balconadas de madera y las casas de piedra muy bien cuidadas, no todas, como la de la foto

nos dirigimos a comer a Casa Cayo, un clásico de la gastronomía de Potes, fundada en 1936. La ubicación no podía ser mejor. Nos asentaron junto a la ventana que da al río Quiviesa y donde se divisa el puente de piedra y el Castillo.

La masificación a menudo hace que la calidad de lo ofrecido en lugar de ir al alza, decrezca. De otra visita por Potes recuerdo que a la hora de pedir cocido lebaniego en uno de los pueblos próximos, que entraba en el menú, nos pusieron unas cacerolas con los fideos, las legumbres y la carne y allí había carne para un regimiento, y nosotros que entonces éramos jóvenes, estábamos en edad de merecer y nos comíamos el mundo a bocados, no pudimos acabar todo lo que nos pusieron sobre la mesa. En Casa Cayo sin embargo, eramos cuatro y la camarera nos dijo que con tres cocidos íbamos sobrados.
Le hicimos caso. Las raciones estaban contadas. Garbanzos y repollo en abundancia, pero el chichi, el meollo, la sustancia, que es la carne estaba milimetrada. Cuatro trozos de chorizo, cuatro de tocino, cuatro trozos de carne de morcillo y lo mismo para el relleno. Así que al final no te levantas con la tripa a reventar y el cocido te sale por 13 Euros, sin IVA, cada uno. Luego le sumas, 2,5 Euros por el litro de agua, 60 céntimos cada ración de pan, cuatro euros por un flan o una natilla y 5,80 por un café escocés, 15,40 por un tinto Finca Resalso y la comida no sale nada barata, pero nada que ver con comer en The Fat Duck regentado por Heston Blumenthal, en Maidenhead, donde el cubierto sale por 370 Euros, eso sí, previo papeo de 16 platos diferentes y tres estrellas en la guía Michelín.
Ya en Potes hay que ir a Fuente Dé, donde puedes coger un telesférico que te lleva hasta lo más alto, en pleno Picos de Europa.
Ahí va la foto que hice.

Desde la distancia ves un punto blanco que se desliza en dirección a una caseta blanca que es lo único que se ve a lo lejos. Estaba atestado de gente que hacía cola de dos horas para montar en el telesférico.
De allí fuimos al Camping El Redondo, un sitio precioso, flanqueado por montañas, donde el mal tiempo de estos días, hacía que el camping estuviera sólo al 35% de ocupación. Precisamente todos se querían poner junto a la entrada, que es donde estaban los baños y los que llegaban se podían llevar la idea equivocada de que el camping estaba a rebosar, cuando no era cierto.
En la cafetería, las mesas y los asientos eran troncos sin apenas pulimiento.
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Hacía rasca, soplaba un viento fresco y emprendimos entonces el camino de vuelta hacia Reinosa.