Ciento volando de catorce poemas de Sabina
Volando se me ha pasado la lectura del libro de poesía Ciento volando de catorce de Joaquín Sabina. Sabina es sin duda uno de los grandes de la canción, no por su voz cazallera, sino por sus letras únicas. Pocos han sabido aunar la poesía y la calle, para que millones de personas nos sintamos identificados con sus canciones, de ahí el éxito que lleva década tras década, convertido en superventas y llenando recintos. Sabina también escribe poesía, en el año 2001 publico Ciento volando de catorce.
Son nada menos que cien sonetos, en todo un ejemplo de productividad literaria, que me recuerda a Calamaro cuando publicó El Salmón, y la gente se echaba las manos a la cabeza, porque otros con tantas canciones (nada menos que 103) tienen para publicar diez discos. Sabina no escatima esfuerzos y los sonetos bullen en su cabeza, sin aparente esfuerzo. Claro que unos tocan la fibra más que otros.
Unos poemas estan dedicados a sus amigos: Pablo Milanés, Andrés Calamaro, José Tomás, Rafael Azcona, Enrique Urquijo y una larga lista, pero también para sus enemigos, como Ussía, en donde le da un buen repaso, en el poema Don Mendo no se hereda. El libro se convirtió en un éxito de ventas, en el año de su publicación, 2001, algo poco usual en libros de poesía que se venden con cuentagotas, pero estando Sabina detrás, la curiosidad se entiende que era mucha. Lo he tenido mucho tiempo en la estanteria cogiendo polvo, hasta hace pocos días, que me dio por hincarle el diente. Encontraremos paralelismos con los temas de sus canciones, pero el rigor de la poesía, en su forma de soneto le exige a buscar la palabra precisa que no descuadre el verso y eso a veces resulta forzado.
Por lo demás, la poesía de Sabina al igual que sus canciones, son próximas y es fácil reconocerse en lo que se lee, con versos que mezclan la ironía, la ternura, el desencanto, las noches de farra y el alcohol en vena. Me ha resultando muy gratificante su lectura.