Oímos a menudo eso de “mientras hay vida hay esperanza”, aunque lo más normal es tirar la toalla, una vez que cunde el desánimo y lo vemos todo negro. Leo que un hombre polaco ha pasado 19 años de su vida en coma hasta que recientemente ha abierto los ojos, vio al lado a su mujer que no se despegó de su lado ni un día, mientras la gente le preguntaba qué cuándo la palmaría.
Ella siguió erre que erre, haciéndole sus cuidados, ejercitando sus músculos, hasta que se obró el milagro. Este hombre ahora alucina con lo que ve. Polonia ya no es un régimen comunista y las tiendas están abarrotadas de productos, con sus habitantes entregados al capitalismo, hablando en las calles por el móvil y quejándose. Lo que le ha sucedido a este hombre es poco probable, algo casi milagroso, pero demuestra que hasta que no morimos estamos vivos y que algunos comas son reversibles. Visto como avanza la ciencia de mes en mes y la poderosa tecnología que poseemos no me parece imposible que los parapléjicos puedan volver a andar, conseguir que su columna vertebral vuelva a funcionar.
Es cuestión de tiempo. Diez años, cincuenta, cien. ¿Cuánto tiempo hay que esperar para que la ciencia nos de una solución y cúanto tiempo somos capaces de resistir en semejante situación?.
A la primera pregunta no hay una respuesta cierta, a la segunda algunos deciden acabar con su vida, cansados de esperar, de sufrir, de vivir un sinvivir, sin movilidad en brazos y piernas. Tan importante es que haya libertad para vivir como para morir, si este es nuestro deseo, y nadie debe obligarnos a vivir un infierno si hemos decidido que es lo queremos hacer con nuestra vida.