Ilustrativo título para el recomendable ensayo de escasas cien páginas escrito a dos manos por Noam Chomsky e Ignacio Ramonet. Ramonet expone algo muy parecido a lo que hace Sartori en su libro Homo Videns, del que hablé hace unos días (el de Ramonet, es anterior al de Sartori), acerca del poder de la televisión, la información como espectáculo, la fragmentación, simplificación de las noticias, los telediarios que buscan entretener en lugar de informar. El poder de las grandes empresas dedicadas a la información, el aborregamiento ciudadano y lo difícil que resulta diferenciar la verdad de la mentira. Al hilo de lo expuesto en el libro hay ciertos comentarios que quiere hacer, algunos reproducen lo leído.

No se puede pretender estar informado “viendo las noticias” porque eso nos lleva directamente a la deducción de que lo que no se ve en televisión no existe, así, genocidios, maltratos, explotaciones, son obviadas si no hay una cámara grabando.

Es indubable la inmediatez del medio televisivo con relación a la prensa escrita, pero la información para convertirse en noticia ha de tratarse, buscar el por qué, las causas y motivos de las noticias que se dan, consecuencias previsibles, etc.

Ahora el papel del periodista, cuando lo vemos por ahí agarrando el micrófono en algún lugar remoto es irrelevante, dado que no analiza lo que cuenta, porque solo hay tiempo para dar unos titulares, unas pinceladas, de lo que pasa, de lo que vemos en pantlla. Luego al rebufo de la televisión los periódicos escriben sobre la misma noticia que ha salido en televisión, que la gente ya conoce y ha visto y ésta automáticamente por repetición, adopta visos de realidad.

Al fin y a la postre los grandes medios informativos, dependen de la publicidad, es un negocio , el de la información ligada al espectáculo y como tal debe ser algo ligero fácilmente digerible, y asimilable, que resulte morboso e interesante al mismo tiempo.
El periodismo de investigación, el que pretende informar, investigar y arrojar luz sobre lo menos llamativo de nuestras sociedades es una “rara avis”, que se anuncia a bombo platillo reducido muchas veces a un espejismo, sin mordiente ninguno. Entre noticias que son meros enunciados, esloganes, del que se contagian también los periódicos para hacer columnas de opinión de apenas cien palabras, como son habituales en los periódicos gratuitos, la opinión queda reducida desgraciadamente al mínimo.

De esto y de otras muchas cosas interesante habla este ensayo que se publicó hace más de diez años pero cuya vigencia está fuera de toda duda. En todo caso los males asociados a la televisión no han hecho sino acrecentarse visto lo que la televisión emite hoy en día.

Me quedo con la reflexión que se hace Ramonet, cuando habla de la regulación de contenidos para no dañar a los menores que ven la televisión. Se pregunta el autor por qué no se aplica esta regulación con los programas más violentos que pueblan hoy nuestras programaciones “los telediarios“; emitidos en horario infantil, donde los más pequeños ven ese mundo real, proyección del de los videojuegos, con coches que explotan, cuerpos mutilados o calcinados, tiros en la nuca, plasmadas en imágenes que no hacen ascos al morbo-espectáculo, sin importar poco o nada el valor informativo de la noticia. En la televisión cuenta la imagen, y el valor emocional es fundamental.