No debemos preocuparnos por lo que decimos, o menos de lo que nos pensamos. Según el antropólogo Albert Mehrabien el porcentaje del mensaje que captamos a través del lenguaje corporal es de un 55%, el 38% nos llega a través del tono de la voz y el 7% mediante las palabras. Otro antropólogo, Ray Birdwhistell afirmó que sólo el 35% del significado de una conversación corresponde a las palabras, y el otro 65% a los movimientos del cuerpo (que estudia la cinesis). Otros estudios afirman que si introducimos a un grupo de hombres en una habitación pequeña se vuelven desconfiados y agresivos, sin embargo, si son mujeres se harán amigas. Si alguien vulnera nuestro espacio de seguridad, al igual que los animales nos volvemos violentos (a no ser, digo yo, que la acción discurra en una discoteca, donde a un/a joven/a se le acerque un/una mujer/hombre que le ponga los flujos a punto de nieve, alterando sus hormonas con la líbido disparada. En ese caso la distancia de seguridad deseable será la menor posible, buscando el rozamiento, frotamiento, ensalivamiento, chuperreteo y el ulterior acoplamiento, si se da el caso).
Si cuando hablamos con nuestro interlocutor, éste dilata las pupilas, es que le interesa lo que oye. La dilatación de las mismas es un comportamiento involuntario, que dicen que emplean los presdigitadores cuando hacen que en su espectáculo algún asistente coja una carta al azar. Cuando la vuelva a ver sus pupilas se dilatarán. También sirve para los comerciantes que venden algún producto a sus clientes. Sus pupilas les delatarán al dilatarse, ahora bien, si nos quedamos pasmados mirando las pupilas de nuestros clientes, sitos al otro lado del mostrador pensarán
a) que somos gilipollas
b) que somos unos descarados
c) que les estamos tirando los tejos
d) que tienen unos ojos preciosos
Si al hablarnos nos frotamos la nariz, nos tocamos el lagrimal o nos acaraciamos el mentón, esto indica desprecio o rechazo. Si nos rascamos la frente o levantamos las gafas damos a entender que no creemos lo que nos dicen. Nada se nos dice sin embargo, acerca del significado de comerse las uñas, de meterse el dedo en la nariz y hacer pelotillas, de estirarse como un cristo crucificado, de pasar la mano por el cabello provocando un “alud cáspico”, de reventarnos ese grano puñetero que no está dando la mañanita…
Todo este caudal de conocimientos y muchas cosas más las he aprendido en un curso de comunicación no verbal on-line de “cinco horas” de duración.