La política española se asemeja cada vez más a un Circo Romano donde entre aplausos y vítores se pide la cabeza de los ajusticiados a cada rato, a la menor ocasión. Quienes deben lidiar con los leones ávidos de sangre, sobre la arena, son el Gobierno en ciernes. Los que jalean y piden sangre son la oposición.

Me decían de chiquitín que no era de gente de ley alegrarse de las desgracias ajenas, pero en la política comprobamos muy a mi pesar que todo vale. Cada error del Gobierno, son votos para lo oposición, o eso creen. Los dos partidos están uno a cada lado de la balanza y cada error del gobierno la desiquilibra.

La cuestión estriba en saber qué es exactamente un error achacable al gobierno y que no lo es. Un artículo de Javier Marías en El País hablaba de eso, de que cosas son aquellas sobre las que que creemos que debemos culpar al Gobierno y cuales no. Este es el país de la pataleta, de tirar balones fuera, donde la autocrítica nunca está bien vista, donde un político antes de abrir la boca, jamás se pararía un segundo, primero a analizar el problema en profundidad y segundo a ver que medidas tomaría su partido en el caso de estar en el Gobierno para solucionar el problema.

Esto no cambia, Zapatero en el ruedo

Las más de las veces, las medidas a adoptar son las que el Gobierno ha adoptado. Pero reconocer esto sería tan inusual como que un escritor alabe a otro compañero de profesión. Es mucho más cómodo críticarlo todo, de modo sistemático, con o sin razón, eso da igual. Si estamos todo el día dando la murga (respaldado por unos potentes medios de desinformación, si la información, no es plurarl y sólo va en una dirección, es desinformación), conque todo se va a ir a pique, que esto ya no es lo que era, que España se parte en dos, que no sé donde vamos a ir a parar, qué estas cosas antes no pasaban y a todo eso le ponemos cara, lo personalizamos en un Jefe de estado o en las sigla del partido en el gobierno y eso cala en la población por osmosis, al final, el cambio de gobierno es sólo cuestión de tiempo, pues el ciudadano acaba viendo fantasmas donde no los hay.

Algo parecido hizo el PSOE cuando decía a los cuatros vientos en sus mitines !que viene la derecha, que viene la derecha!. Y vino la derecha. Y las noches sucedieron a los días, y España siguió la senda del crecimiento económico y no hubo suicidios en masa, ni gente llorando por las esquinas y la derecha perdió el poder y la izquierda volvió al poder y la vida siguió igual, con lo que un analista perspicaz sacaría en claro que hay muy poca diferencia entre los programas políticos de unos y otros. En esencia son similares. Lo que cambia son los modos, las formas.

El talante de Zapatero se cuestiona, porque la política hoy es un guerra, donde se necesitan soldados valerosos, intrépidos, con lenguas afiladas, dispuestos a todo, y Zapatero peca de ñoño, de reiterativo y su talante es objeto de mofa. Muchos quieren un presidente Pujalteño o Zaplanista, que convierta la política en un circo, en un chasarrillo diario, en un presidente que lo mismo pueda estar en el Congreso como contar chistes en El Club de la Comedia, un presidente todoterreno, que dé pullazos de vez en cuando, que se enfade y patalee, que enseñe los colmillos relucientes de sangre fresca. Pero parece que Zapatero les ha salido rana y sigue en sus trece con su talante, para malestar de muchos.

Ni los partidos políticos ni los votantes de cada bando están para reflexiones de ningún tipo. Sólo quieren titulares, frases míticas como esa de !Váyase señor González!, que resumen la ideología de un partido, y que le permitió llegar al poder. La razón está de su lado piensan, porque todo cuando hagan en contra del Gobierno les dará votos y estos son la llave para abrir la puerta de la Moncloa. Si el Presidente va a Ceuta y le montan el pollo, la culpa no la tienen los que gritan y protestan, no, está claro que la culpa es del Gobierno español que no es capaz de controlar a la gente de esos territorios. A algunos les gustaría ponerles unos bozales, o directamente impedirles hablar. Si el Presidente de un país como Venezuela arremete contra el anterior Presidente del PP, y el actual lo defiende limpiando su nombre (no sé si habríamos visto algo similiar de haber sido a la inversa), las palabras pronunciadas por Chávez no son única y exclusivamente responsabilidad de quien las dice, porque tenemos que escuchar, atónitos, que la culpa en última instancia es del Gobierno porque ha generado un clima que permite estas cosas.

Si algún día algún pirado entra en un colegio, comienza a disparar y mata a cuarenta personas, después de visitar a las familias y mostrar sus condolencias, acto y seguido dirán los portavoces (al que el término vocero se ajusta mejor) del PP que la culpa es del Gobierno, por no haberlo previsto, por no haberlo evitado, por no haber puesto todos los medios a su disposición para evitar esta tragedia. Un pensamiento así es ruin, ilógico, malintencionado, lo sé, pero algunos anteponen su ansia de poder a todo lo demás.

Los políticos afortunadamente para nosotros no representan a los ciudadanos, que les damos mil vueltas, más allá del partido al que votemos y aún sabemos lo que es la moral y la ética y tenemos mucho mejor corazón que nuestros representantes. Esto hace que a pesar de las soflamas incendiarias de nuestros políticos, este rincón del mundo aún sea un país habitable, que no ha perdido aún el juicio, que ha sustituido el “paseillo“, por “el paseo en buena compañía“, anteponiendo la amistad a la ideología, como tiene que ser y de hecho es.