De marcha por Logroño de bar en bar sin parar de gozar
Después de ver a Marea en Miranda de Ebro, fuimos para Logroño. Aparcar ya fue todo una odisea. Finalmente lo conseguimos y nos encaminamos hacia la Plaza del Mercado.
Allá estaba el resto de la cuadrilla, sentados tomándose unas cervezas de litro. Llegamos rozando las dos de la madrugada y la camarera nos dijo que no nos podía servir, así que ocupamos la silla y esperamos a que el resto de la gente finalizara.
De allí nos dirigimos al Martintxo, un clásico de la noche logroñesa, donde escuchar canciones de Rosendo, Extremoduro, La Polla, Reincidentes, La fuga, Marea, Platero y Tú, y mucho rock´n´roll del bueno. Llegamos muy justitos, a tiempo de tomarnos una birra, y ya nos dieron las luces y quitaron la música invitándonos a coger la puerta e irnos a otra parte.
Recalamos en El Brieva, otro clásico. Hay cosas que nunca cambian, El Brieva es una de ellas. Antes de entrar hice apuestas con un amigo a ver que canciones escucharíamos una vez dentro. No me equivoqué. Camilo Sexto, Rafaela Carrá, Miguel Bosé, Julio Iglesias, Ricchi e Poveri y demás clásicos de los ochenta que forman parta ya la banda sonora de nuestras noches de farra.
El bar, como siempre, estaba atestado. Todos nos sacábamos brillo mutuamente, ellas nos ponían los pezones a ras del pectoral, el culo en pompa, las manos de coger, de tocar, se abalanzaban sobre carnes mansas, ebrías de placer y desamparo. Las que iban de despedida, tocaban los pitos, y allí no había quien se enterara de nada, con las manos en las orejas pidiendo clemencia acústica.
Uno se acercó a la barra y cogió un micro para despedirse de un tal Napo que se iba a Alemania, otra, borracha perdida se agarraba a todos los hombres que veía, mientras su amiga nos convencía de que no era así, pero que esa noche llevaba unas copas de más y estaba desatada.
En la calle había unos disfrazados de toreros, otra de folclórica, alguna de mafiosa, otro de pollo, una de gallina, todos celebrando sus días previos al enlace matrimonial.
Antes de ir a casa, un colega me comentó algo de un local donde vendían patatas asadas. Fuimos para allí, y me pidieron una patata completa. Está asada y llevaba un relleno de mayonesa, palitos de cangrejo, aceitunas deshuesadas, zanahoria, aceite.. un batiburrillo en lo que lo más agradable era la textura suave de la patata calentita. Mi amigo experto, en patatas asadas, se comió una simple, asada también, pero regada con un poco de aceite de oliva extra virgen y un poco de pimentón. No hubo almendrado en Garpesa. Otro clásico de la noche Logroñesa. A la altura del ex-trenecito cada uno se fue a su casita.