Él lo entiende todo a la primera, algo nada extraño si las conversaciones tratan de chismorreos, pero su compañera de trabajo le explica las mismas cosas cuatro o cinco veces, sin modificar ni un ápice su exposición, introduciendo continuamente ese “escuuuucha” que a él le sabe a rayos. Se lo dijo la primera vez, que ella le contó todo sobre los amores de Pacorrón. Pero ella siguió erre que erre, y él la mira entre el enfado y la condescendencia porque no sabe si le repite las cosas tantas veces porque ella es así o porque cree que él es corto de entendederas de ahí que ella deba emplearse a fondo. Desgraciadamente para él cuando debe solucionarle alguna duda informática a su compañera, no bastan las palabras, porque ella lo quiere todo por escrito, porque los informáticos son unos pesados, que se explican fatal de mal.