Nunca creía haber salido de su barrio hasta que una tarde sin saber primero por qué y sin recordarlo luego, lo hizo pertrechado de una bolsa de pipas de un euro. Fue dejando el reguero de cáscaras por el suelo y cada dos pasos miraba hacia atrás, tratando de retener todo cuanto sus púpilas excitadas archivaban. Cruzó la esquina y se levantó un viento norte que erizó los pelos de los viandantes. Sintió entonces que se ahogaba ya que no encontró ni rastro de ese cordón umbilical que lo llevaría de vuelta.
Preguntó a una señora si conocía la calle Colmado. La mujer se encogió de brazos, puso los ojos en blanco y dijo que no había oído nunca ese calle, pero que esto no era algo anormal porque ella nunca había salido de su barrio, de ese barrio por el que deambulaban.
Él maldijo su espíritu aventurero, esa emoción intensa que le impelía a hacer travesuras, a desafiar las paredes de su cuarto, las líneas del pentagrama, los márgenes del cuaderno, el volumen de las cosas y buscó asiento en un bordillo. Los autobuses pasaban rozando las puntas de sus pies pero él impasible miraba los carteles de próximos conciertos que habría en la ciudad.
Un policía lo llamó al orden y él se defendió comentando que se había perdido. El agente lo miró de arriba hacia abajo y no le gustó la broma. Tiene usted edad de ser mi padre dijo con tono desafiante, mirándole fijamente a los ojos, mostrando una autoría moral que el perdido no estaba dispuesto a concederle. Algún día usted también estará perdido y entonces me entenderá dijo con los ojos humedecidos, convertido todo su ser en un interrogante. Algo se agitó entonces en el interior del cuerpo del fornido agente, una reacción física que luego fue mental, que le hizo dudar, perder su aplomo, sus ojos brillaron y preguntó con un hilo de voz que de dónde venía. Se avino a llevarlo en su coche e incluso sonarían la sirena para él, si este era su deseo. El espíritu navideño lo enternecía y lo ablandaba como el turrón. Su padre sufría también de Alzheimer y la interrogante se convirtió en una afirmación humana, a la que pasó el brazo por los hombros camino del coche patrulla.