El año del diluvioCon Eduardo Mendoza me he reído mucho, en libros como El Laberinto de las aceitunas, Sin noticias de Gurb o El Último trayecto de Horacio dos. El año del diluvio, el libro que nos ocupa, se publicó hace 15 años, en 1992, cuando las Olimpiadas en Barcelona.

Esperaba mucho más de este magro libro. Su reducida extensión no ha de implicar que la historia no sea interesante. Pero su lectura sabe a poco. De modo abrupto pasamos de los años cincuenta a los ochenta. Ese amor no consumado entre la monja y el terrateniente se atisba pero no cuaja. Mendoza no acaba de coger el tono adecuado y al final con la aparición de los maquis se meten con calzador personajes estereotipados de corto alcance que nada aportan a la historia.

El mayor problema que le encuentro al libro es la poca hondura en la construcción de los personajes principales, en especial la monja que es el cimiento fundamental de la historia, que sufre un maremoto interior o eso nos cuenta el autor y deja entonces de lado sus convicciones más profundas, para ir a parar a brazos del galán a retozar sobre un sofá, sin prever la consecuencias, ni sin que ese cambio quede bien explicado. Más que un libro menor en la bibiliografía de Mendoza, lo considero un libro muy flojo, con poco mordiente y poco atractivo en comparación con lo que es su obra.

El libro ha sido llevado a la pantalla grande en 2004, pero dado que las películas por lo general son malas en comparación con los libros que adaptan. Una vez leído el libro, pocas ganas me quedan de ver la película, salvo que alguien que haya leído el libro y visto la película me convenza.