Las estadísticas muestran cifras que según quien las interprete toman un valor u otro. Cuando nos hablan del IPC y nos dicen que ha subido un 3% o 4%, hemos de tener en cuenta un sinfín de bienes que forman parte de la cesta de bienes que conforman el índice.

Unos bienes al alza compensan los otros a la baj. En lo tocante a nuestros bolsillos, hay algunos productos que son más relevantes que otros. La subida de tipos por ejemplo, la subida del precio del dinero, nos perjudica si tenemos una hipóteca la mayoría. En cuanto a los alimentos básicos, de compra diaria, su encarecimiento no hace otra cosa que achicar nuestra nómina. Entendemos por alimentos necesarios e imprescindibles los huevos, harina, leche, pasta, aceite, frutas, verduras, carnes y pescados.
Si todos estos productos suben de precio, al final cada día que vamos al supermercado comprobamos como un billete de cincuenta euros se transforma en una docena de productos, o como al comprar fruta, te cobran doce euros o más, a nada que compres un par de kilos de naranjas, de manzanas, de cebollas, unas peras, un calabacín y unas patatas.

La leche ha incrementado su precio un 19%, el aceite de girasol un 17%, los huevos un 10%, las cebollas un 20%, la carne de pollo un 19%, la harina un 9%, los spaghettis un 9%. Con respecto al año 2006. No todo son malas noticias, porque el aceite de oliva ha bajado un 20% el precio respecto al 2006 (es el único producto que realmente veo que hay un ajuste entre oferta y demanda. Cuando hay buena producción el precio baja considerablemente, pues hace diez años estaba casi a ochocientos pesetas el litro y hace dos años también rondaba casi los cinco euros). Es la única alegría, los demás productos o han subido de precio o se han mantenido.

Así que cuando nos hablen del IPC, bajen al supermercado, echen un vistazo al precio del pan, de la leche, de la fruta, del conejo, pollo, del pescado y verán como todo sube de precio mucho más que lo que hace el IPC.

A cambio veremos que el precio de los DVD, de las pantallas planas, ordenadores, GPS, reproductores de mp3, vuelos son más baratos. Pero se trata de compras puntuales, esporádicas. Lo que cuenta en nuestras economías domésticas es el día a día. El pan del bocadillo, la leche del desayuno, las cebollas para hacer cualquier salsa, las patatas con el huevo frito, la harina para hacer unos bizcochos. Es ahí donde cada día somos más pobres y donde mil euros dan muy poco juego.