Supe de la existencia de este club Bilderberg por un familiar que había leído el libro de Daniel Estulin titulado “La verdadera historia del club Bilderberg” y me lo recomendó porque me abriría, según él, los ojos a una realidad ignorada. La periodista española Cristina Martín ha escrito también su libro titulado “El club Bilderberg, los amos del mundo“. Ambos nos dicen en el prólogo que escribiendo este libro sus vidas han corrido peligro, no sólo las suyas, también las de su familia. De momento los dos escritores están vivos. Dice la periodista que al ir al escribir el libro una amiga le dijo “no volverás a trabajar nunca, llamarán a todas partes y pronunciarán tu nombre para que nadie te contrate. Retirarán el libro de las librerías con una sola llamada”…..
Si retiran el libro de las librerías de esta periodista, será porque la editorial Arcopress no vende un solo ejemplar, algo lógico y normal y no lo editan, porque su libro es mucho peor que malo.

El Club Bilderberg se fundó en 1954 y reúne a gente poderosa como Jefes de gobierno, empresarios, banqueros, militares, académicos, !ojo! y hasta la Reina Sofía ha ido unas cuantes veces, así como todas las Familias Reales y según dicen los autores de estos libros, en sus encuentros los Bilderbergs mantienen charlas distendidas, de las cuales luego se toman decisiones que afectarán al precio del dolar, al del petroleo, a la seguridad nacional, y medidas encaminadas a crear un “Gran hermano transnacional” que nos vigilará a cada uno de nosotros así como organizaciones supranacionales para las cuales los gobiernos solo serán marionetas, anulando nuestra libertad individual, esclavizándonos, a nosotros, pobres ciudadanos. La idea es que haya una única religión, un único gobierno y un solo ejército, dice Estulin. Esos dicen ser los planes del Club Bilderberg y su instrumento sería la ONU que actúa como salvadora a nivel mundial.

Esta gente, los miembros del Club Bilderberg, ya tiene dinero de sobra y lo que quieren, es el poder, dominar el mundo. (¿Se acuerdan de Dicaprio en la quilla del barco gritando eso de, Soy el rey del mundooooooooo?. Pues algo parecido.)

Las reuniones que se mantienen en el Club son secretas, así que los autores deben especular sobre lo que se cuece en su interior, a no ser por algún documento que han conseguido sacar a la luz, jugándose la vida de nuevo. La suya y la de su fuente. De España personalidades como Javier Solana, Esperanza Aguirre, Joaquín Almunia, Pedro Solbes, Fraga, Felipe González, dicen los autores del libro que han asistido a las reuniones de este selecto Club, y también periodistas como Jose Luis Cebrián del periódico El País (consejero delegado del grupo Prisa, de Polanco).

Que los peces gordos se reúnan y hablen de sus cositas es algo normal, lo mismo que hay sociedades gastronómicas, peñas de fútbol, club de fans de Bustamente, club taurinos, etc. Que lo allá expresado marque el rumbo a seguir a nivel mundial ya es más cuestionable, pero si se reúnen los dueños de las petroleras, los jerifaltes de las empresas de telefonía y comunicaciones, los jefes de los gobierno (a título privado), y todo aquel que juega un papel importante en la economía mundial, ya sean dueños de las farmaceúticas o de las agencias de seguros no es de extrañar que de esas charlas puedan luego surgir las líneas de actuación futuras, así como acuerdos y compromisos verbales que no precisan plasmarse en un papel.

Poco se sabe del Club Bilderberg por que no quieren sus miembros que nada de ellos se sepa, buscando la mayor discrección, lo que ha conllevado ese halo de secretismo que ha permito especular mucho sobre su existencia y fines, vetando a los medios de difusión que pretendan hablar de dicho Club. Medios de comunicación según Estulin en manos de los Bilderbergs.

Veo en estos libros, sobre todo en el de Daniel Estulin, el cual está bien documentado y da toneladas de datos, un material sumamente interesante para realizar una película de suspense, como lo fueron las notables Conspiración o Enemigo público, donde el Gran Hermano también movía los hilos, para restringir la libertad de sus ciudadanos, echando mano de la informática y de los satélites, para tener a todo el mundo bajo control.

Cuando aplicaciones informáticas gratuitas como Google Maps nos permiten ver la azotea de nuestra casa o las calles próximas con mucha nitidez, esto me lleva a pensar qué información no tendrán los gobiernos, qué serán capaces de hacer con la información registrada por los satelites que tenemos sobre nuestras cabezas que todo lo ven y lo graban y cuya existencia desconocemos.

Del mismo modo si ese Gran Hermano ya fuera una realidad, no entiendo como no fueron los americanos capaces de haber previsto y evitado el 11-S, así como haber dado ya caza a Bin Laden, si como afirman estos libros los Bielderbergs tienen a todo “el mundo” tan controlado, aunque todavía no nos hayan implantado un microchip en nuestro cuerpo como parece ser su deseo.

Puede ser que ese “Gran hermano” o bien es una ilusión que algunos quisieran ver materializada, o bien que los actos terroristas del 11-M convengan a los intereses de los Bilderbergs, que no solo no lo evitaron, sino que ellos lo organizaron, a fin de poder luego enfrentar a Occidente y Oriente, criminalizando el entorno árabe y así poder justificar aberraciones como Guantánamo con la que poner en solfa los derechos civiles de los detenidos ante la pasividad internacional (¿cómplice también con los atentados del 11-M?) y tener argumentos para invadir un país (Irak) provocar 700.000 muertes, arrasarlo y luego reconstruirlo con fondos americanos, a través de la empresa Halliburton por ejemplo, que ha obtenido la cantidad 16.000 millones de Dólares para la reconstrucción del país, con Bush y Cheney como accionistas de la empresa.

Podemos especular lo que queramos, ver mensajes subliminales en los dibujos animados, recelar de los gobiernos, pero al final lo que no se ve no existe y entonces nuestros delirios conspirativos se convierten en una cuestión de fe, sino hay pruebas que acrediten esa conspiración interplanetaria. Lo que más me ha gustado del libro de Estulin son los apartados dedicados a hechos constatados, como el empleo de las tarjetas créditos en lugar del dinero físico, lo que permite seguir la pista a alguien con facilidad, los carné que integran datos personales, el implante de microchips en discotecas de lujo a fin de facilitar el acceso a las mismas, la manipulación de la información orientada a determinados fines que implicarían el aumento de las ventas de ciertas empresas de microchips, el papel que juega en la ONU como velador internacional y la colisión con la potestad de autogestión de los países, etc..
En el final del libro Estulin apuesta por la fuerza armada, por ello llama payaso al documentalista Michael Moore, porque este pone en entredicho la existencia de “La asociación Nacional del rifle” por ejemplo. Según Estulin, después de mucha palabrería, la solución pasaría por armarse hasta los dientes para defender nuestros derechos. No estamos solos nos dicen. Hay mucha gente preparada para luchar. En este tono belicoso, ya mi interés decrece. Menos mal que lo deja para el final, porque de decir semejantes majaderías en el proemio lo mismo no hubiera pasado de ahí.

Del libro de Cristina Martín, poco se puede decir además de que es horrendo. Es un “libro de investigación” en el que la periodista arriesga su vida según ella, para coger cuatro cosas de internet y citarlas en su libro como fuente. Habla de gente que ha investigado El Club Bilderberg pero curiosamente nada dice del libro de Estulin el cual si que ha sido un éxito de ventas, que se publicó en 2005, el mismo año que el suyo y el cual lleva 13 años siguiendo la pista al Club.
Lo que pergeña aquí Cristina Martín estaría bien en un artículo de fin de semana en una revista para pasar el rato, pero no en un libro de investigación, en el cual no hay apenas datos y donde la mayoría de las cosas que dice son obviedades, o dar datos que están en internet al acceso de todo el mundo.
De los grandes hallazgos de la periodista citar la charla que mantuvo con Esperanza Aguirre.
“cada asistente solo tiene un minuto para dar su opinión” le dijo la Presidenta de la Comunidad Madrileña, y que se lo pasó chupi (esto lo reinterpreto yo). Ni un segundo más. Sólo 60 segundos, como el programa de la tele.
De esas microintervenciones luego se llevan a cabo las grandes acciones. Es de chiste.