Todos tenemos momentos repetidos que nos parece haber vivido antes. Las mismas caras al ir a trabajar, las mismas historias de los abuelos, las conversaciones de las cuales sabemos al dedillo el comienzo y el final. Nuestra previsibilidad nos hace aburridos. En la biblioteca, frente a mí, se siente un hombre, que según llega se dirige a la estantería, coge siempre el mismo libro, y minutos después comienza a dormitar. No sé de qué libro se trata, es algo de códigos genéticos, pero tiene efectos embriagantes. Todos los días es la misma historia, como en la película El día de la marmota, este hombre es la marmota, que dormita en su saber. Luego tras una larga cabezada, alza la vista, sale de su ensimismamiento, pasa un página y vuelve a intimar con Morfeo, yo lo miro y vuelvo a repasar lo mismo otra vez más.