Dice Ray Loriga, autor que se dio a conocer con su libro Héroes y Días extraños, que lo complicado es publicar el primer libro, que luego si tienes cierto éxito te publican cualquier cosa y que los editores no dedican mucho tiempo a leer el material nuevo ni a cuestionar su calidad. Lo que interesa para la editoriales es un escritor, reducido a un nombre, que venda bien, que tenga cierto tirón y que publique regularmente (para lo cual es mejor deshacerse de la idea de buscar la inspiración precisa que permita alumbrar una obra maestra), convertidos en funcionarios de las letras, para tener las estanterías de las librerías y de los centros comerciales abarrotadas, en las secciones de novedades. Se lee lo mismo que siempre, muy poco y se publica más que nunca. Es posible que el 90% de la población española solo haya leído un libro este año y que ese libro sea La catedral del mar. No es un libro redondo, no se convertirá en un clásico pero Falcones tenía su manuscrito, en un taller de creación literaria se lo pulieron y su editorial ahora que ha despachado más de un millón de copias ha descubierto que lo que había entre manos era un diamante, no en cuanto a calidad, sino en cuanto cantidad. Falcones seguirá publicando y seguro que vendiendo como lo hace Matilde Asensi, Nuria Navarro o Javier Sierra a rebufo de obras anteriores que vendiero mucho. Dan Brown es el ejemplo más claro de la irracionalidad en el mercado. Publicó el Código da Vinci y luego le publicaron todo lo anterior que antes no lo había querido ninguna editorial. Sus libros de la noche a la mañana no eran mejores, ni estaban mejor escritos, pero eran más vendibles. Dan Brown ya era “todo un nombre”, una máquina de hacer dinero, así que había que coger material anterior y darle salida, que viera la luz, así se publicaron tres libros anteriores suyos. Parecido han hecho con Zafón que a raíz de superventas ahora han reeditado sus libros anteriores de literarura infantil. La literatura está para hacer dinero y obtener unas plusvalías, lo mismo que el cine o la música, es así. Al final las vacas sagradas de la literatura como ocurre con las películas de las “major americanas” copan las estanterías y se nombran en los telediarios como sucedió con el último libro de Harry Potter, mientras los que publican en editoriales minoritarias, no se jalan una rosca, venden cuatro libros están muy lejos de los gastos que se permiten ciertas editoriales, premios mediante para vender sus productos, digo libros.