El niño con el pijama de rayas El niño con el pijama de rayas es uno de esos libros de los que todo el mundo habla, que lleva muchas semanas entre los más vendidos en España y le ha granjeado a su autor, John Boyne fama mundial.

En la contraportada del libro un texto del editor anuncia que no habrá sinopsis del libro para no desvelar la trama del mismo. Yo comentaré aquí de qué va el libro así que los que no quieran saber nada del mismo les recomiendo que dejen aquí de leer.

El protagonista es un niño de 9 años llamado Bruno. Vive con sus padres y su hermana Gretel de 12 años en Berlín y un buen día sus padres les dicen que van a mudarse. A los niños el cambio no les hace ninguna gracia. Dejan así Berlín, a sus abuelos y amistades escolares y van al campo a una casa más pequeña. Bruno se aburre como una ostra, pues no tiene amigos. Desde su ventana ve una alambrada y gente detrás de ella. El caso es que como la historia se cuenta a través de los ojos de un niño de nueve años, lo que para un adulto sería evidente y fácil de entender, para un niño no lo es, así que trabará amistad con Schmel, un niño que vive con su familia y otras cientos al otro lado de la verja. Schmel es un niño judío, muy delgado, que camina descalzo y tiene la cabeza rapada. Bruno y Schmel se verán casi todos los días, y uno a cada lado de la verja hablarán de sus cosas, de su vida se contarán anécdotas y Bruno le dará algo de comer tratando de que su amigo gane algo de peso.

El padre de Bruno es uno de los mandos de la SS que trabajan en el campo de concentración sito en territorio Polaco y su mujer quiere volver a Berlín pues a pesar de que estar allí sea lo mejor a los ojos de “El furias” ésta no cree que vivir allí sea lo mejor para sus hijos.

Hay libros que juegan con ventaja. El tema del holocausto judío es algo que siempre genera morbo o expectación. “Vida y destino” mismamente es un libro maravilloso que se ha vendido como rosquillas a pesar de ser tener más mil páginas (donde el tema del holocausto se toca de refilón) y su autor, Grossman detalló minuciosamente lo que vio en Treblinka, con tal claridad que incluso su testimonio se empleó en los Juicios de Nuremberg. Luego películas como “La vida es bella”, o libros como “Las benévolas” han sido también todo un éxito teniendo el holocausto judío como asunto.

Lo novedoso en el libro “El niño con el pijama de rayas” es que al contarse la historia por los ojos de un niño, este se va haciendo reflexiones de todo tipo y aquello que los adultos despacharían mirando hacia otra parte o dando por hecho que la situación de esa gente es la que procede siendo judíos y por ende inferiores, para el niño, sin prejuicios de ningún tipo, todos los humanos se le antojan iguales, de ahí que haya cosas que no entiende y comportamientos que no le gusten, como los del Teniente Kotler o el trato dado a Schmel o a Pavel (el doctor-mayordomo).

A fin de que el libro sea impactante y no se quede la cosa en agua de borrajas como hubiera ocurrido en el caso de haber vuelto toda la familia, o la madre con los hijos a Berlín, debe haber bajas, así que Bruno en su afán explorador ayudará a Schmel a buscar a su madre dentro del campo de concentración, con un resultado funesto como se verá.

Las escasas 200 páginas, los diálogos y una prosa nada alambicada, ni reconcentrada, sino directa y accesible, hacen que el libro se despache del tirón y seguro que haya provocado lloreras a más de uno y de dos, pero a mí he de decir que no me ha conmovido lo más mínimo. Reconozco eso sí el talento del autor para escoger un tema atrayente (el holocausto), plasmar una idea que daba como mucho para un relato en un libro (contar la historia a través de las pupilas de Bruno) y cerrarlo con un final demoledor (como el golpe de efecto propio de cualquier película de suspense), pero de recomendar un libro reciente que haya leído citaría El asombroso viaje de Pomponio Flato”, que no tiene nada que ver con este, pero donde se muestra el talento de Mendoza para escribir con una prosa envolvente donde el humor, la intriga, el suspense y reflexiones de toda índole van de la mano, para hacerme amar la lectura, algo que este libro no ha conseguido más que interesarme por su planteamiento.