He recibido últimamente un correo muy interesante en el que su autor comenta cómo eran nuestras existencias hace unos quince años. Cómo nos divertíamos antes y cómo se divierten ahora los más jóvenes. No había videojuegos, ni pantallas planas, nintendos, ni conexión a internet. Por ello las horas las pasábamos en los patios de los colegios o institutos haciendo deporte, tirando piedras a la vía, dándonos un paseo hasta algún centro comercial para comprar unas napolitanas, jugando a los canicas o de pachanga en las calles.

Eso sí, estábamos juntos más tiempo y nos veíamos las caritas y a veces también nos las partíamos. Me pregunto si la nueva tecnología aplicada al ocio ha supuesto una avance o un retroceso en nuestra felicidad. Internet está claro que propicia el aislamiento. Ahora es posible jugar a los videojuegos en red con cualquier otro joven que esté en el lugar más recóndito, siempre desde nuestros hogares, frente a una pantalla y con el teclado como vehículo de expresión.

No hablamos ya de los contenidos que internet ofrece a los adolescentes. Hay millones de blogs, pero internet queda reducido a mero ocio, un pasatiempo donde descargar canciones y películas, ver fotos, chatear con otra gente o acumular toneladas de pornografía. Otras posiblidades que internet se ofrece, como la adquisicón de conocimiento, se explotan bastante menos. Si bien, la explosión de las páginas personales, permite que la gente, como un servidor, demos rienda suelta a nuestras inquietudes, sean del tipo que sea, y eso es positivo.

De todas maneras sustituir internet por el “cara a cara”, por tomar unas birritas con los amigos, por dar un paseo por un parque, por leer un libro bajo las sombra de un árbol, o tomar asiento en un banco, donde los abueletes te cuentan sus historias vividas, es infinitamente más gratificante que dejarse los ojos y machacarse las falanges delante de un ordenador, que en última instancia fomenta el individualismo e impide el compañerismo, a no ser que los niños se junten no ya para disputar un partidillo de futbito sino para quedar en un ciber y jugar todos en red. Ya hablaré otro día de ese tema, reproduciendo en qué consisten esas quedadas y los términos en los que se expresan esos infantes mientras matan a los malos.