El grado de placer y felicidad que nos proporciona a los humanos el dinero sigue un “rendimiento decreciente”. Esto nos viene a decir que si pasamos de ser mileruristas a ser dosmileuristas nuestra felicidad se duplicará, algo de todas maneras muy dificil de cuantificar. El incremento de nuestra felicidad obtenido al pasar de cuatro mil a cinco mil euros será inferior que el de pasar de mil a dos mil. Por eso son decrecientes, por que llega un momento en el que una vez cubiertas las necesidades básicas, el dinero proporciona un placer cada vez menor.

Hay gente la cual una vez llega a un determinado nivel económico, no es capaz de manejarse con sumas tan elevadas y comienza a desbarrar. Vemos como gente de la farándula: actrices, actores, cantantes, deportistas, hijos de famosos, etc comienzan un peregrinaje que les lleva por clínicas de desintoxicación y recorren un vía crucis por el lado más salvaje de la vida, hasta que algunos cruzan la línea y se van para siempre al más allá.

Dicen los economistas que el umbral, tras el cual se encuentra el bienestar y la felicidad, está en un nivel de renta de unos mil cien euros, para un país como España. Esa cantidad se asocia a la felicidad. Habría que matizar. No cunde lo mismo un sueldo en una ciudad como Madrid, que un pueblo pequeño. Todos conocemos también gente que ganando un sueldo superior a esa cantidad está amargada. No tiene tiempo para nada, tampoco amigos. Trabaja más de lo que quisiera, para así poder tener una segunda vivienda en la costa o en una urbanización, seguir endeudado con hipótecas a cincuenta años, durante media vida y no poder disfrutar de todo lo que tiene. Otros no llegan a los mil euros y no pierden la sonrisa. Cierto es, en parte, eso de que no es rico el que más tiene sino el que menos necesita, una frase que suena muy bien, pero dificil de llevar a la práctica si nuestros ingresos son tan bajos, que la necesidad es una imposición y no una opción personal.

El ahorro no obstante es una tarea difícil de llevar a la práctica, en una sociedad consumista, que requiere que todo sea repuesto a velocidad de vértigo, y donde la etiqueta “antiguo” es algo desdeñable. El “boom” de los móviles ha supuesto que ahora las facturas que se pagan a las operadoras cada mes, sean en muchos casos de importe superior a la suma de lo que que pagamos de gas y electricidad en un mes, cuando el móvil es algo perfectamente prescindible (se puede vivir sin un teléfono movil, aunque a algunos les parezca increible) y lo otro es necesario (sería muy jodido estar en una vivienda en la que no tuvieramos electricidad ni agua caliente).

El dinero creo que no da toda la felicidad, pues hay cosas como la salud, el amor verdadero o una amistad que no pueden comprarse, tampoco nos evitas las desgracias, ni los malos tragos, pero una posición desahogada contribuye en gran medida a conseguirla. No creo que nadie pueda ser feliz con un sueldo de seiscientos euros, o con una pensión pareja al Salario mínimo interprofesional. Con esa cantidad dificilmente se puede llegar a fin de mes. Hay unos gastos fijos de electricidad, gas, agua, cuotas de saneamiento, gastos de la comunidad, seguros, que son ineludibles. Igual que el gasto destinado a la alimentación o al vestir.
Por mucho que intentemos estirar los euros hasta lo inverosimil está claro que con 600 euros se malvive, que siempre andaremos con la lengua fuera. Cualquier imprevisto hará que se desbarate toda la economía como un castillo de naipes, y se nos negará la posibilidad de pensar en el mañana, de hacer planes, pues el presente será una correa alrededor de nuestro cuello, que nos ahogará cada día.

Sorprende oir a la gente que viaja a los países del Caribe a su regreso comentar eso de “no tienen nada, pero se les ve tan felices”,”si quieren algo de comer, lo cogen de los árboles” y “duermen en casas hechas de uralita, en las que el buen clima no les hace morirse de frío”….

Quizá esas afirmaciones valgan para aquellas latitudes, pero no creo que en nuestro querido país, nadie roce la felicidad, durmiendo entre cartones, ni alimentándose de lo que dan nuestros frutales. Un sueldo digno es la base sobre la que construir toda nuestra vida. Si el sueldo es bajo, nuestra vida tendrá cimientos de papel, y el destino nos tendrá contra la pared un día sí y al otro también.

Si algún día triunfa el verdadero comunismo y todos acabamos siendo iguales, yo reivindico, desde ahora mismo un salario de 1.200 euros para todos. Así todos contentos y felices, al menos en teoría.

Un salario mínimo que ofrecía IU en las elecciones de marzo de 2008, y que parece que no ha cuajado en la ciudadanía pues ha dejado de ser grupo político y LLamazares ha sido barrido por el tsunami bipartidista.