El sexo que habla de Jordi CostaLa mejor manera de conocer el porno español es dando la palabra a sus protagonistas: actores, actrices, directores, organizadores de festivales, productores etc. Jordi Costa autor del libro, tras un comienzo desternillante, con la fecundidad y el buen humor que le caracteriza, da la palabra a los protagonistas. Avisa que el libro, de comienzo a fin, puede leerse con las dos manos. Doy fe de ello. Este es un libro que habla del porno, pero no es un libro pornográfico.

Se van planteando diversas cuestiones; el origen del porno en España, su escaso desarrollo, La Ley Miró, anécdotas de rodajes, el estrellato de los actores porno Españoles, la visión que las actrices tienen de su trabajo, etc. En cada cuestión, los protagonistas hablan y Jordi va transcribiendo sus palabras. El resultado es positivo porque permite hacerse una idea de cómo es el cine porno en España hoy.
Desde que murió Franco y España se convirtió en un país democrático, tuvieron que pasar casi veinte años para que se pudiera hablar de una industria del porno que generase dinero, a finales de los noventa, con empresas como IFG o Private. Hasta entonces solo gente como Jesus Franco, hacía algo parecido al porno. Algún fanzine y películas grabados con cuatro duros y distribuidas a particulares eran todo lo que el porno español daba de sí. El padre del Porno es Jose María Ponce que habla largo y tendido sobre la gestación del porno y cómo está ahora, detestando adonde se ha llegado, como ha evolucinado el género. María Bianco, actriz, productora y directora también fue determinante esos años.

Actores como Tony Ribas, Max Cortes y Nacho Vidal, tras su paso por la sala Bagdag aumentaron su popularidad, siendo reclamados fuera de nuestro país, para pasar a convertirse en los actores porno mejor pagados y más considerados. No sólo se les conoce fuera, también son populares en territorio español, ya que Nacho Vidal por ejemplo sale a menudo por las televisiones, ha hecho sus pinitos en el cine convencional (Va ser que nadie es perfecto) y en alguna serie de televisión (Los Simuladores). Se retiró, pero luego volvió, con Back 2 Evil 2 una película dirigida por él, en la que se veía las caras con 15 mujeres dispuestas a tener sexo salvaje con él. Otras actrices como Celia Blanco, a la que precisamente vi ayer en la serie RIS han salido mucho en televisión, en portadas de Interviú y la gente la reconoce por la calle, si bien su filmografía, al igual que la de Lucía LaPriedra es escasa. Las dos han sido promocionadas por los hermanos LaPiedra expertos en acercar las actrices porno al pueblo, muy hábiles con el marketing.

Leyendo primero a los chicos y luego a las chicas saco algunas conclusiones. Los chicos son unos folladores natos (born to fuck) y el porno les permite follar mucho y encima cobrar, no mucho al principio, hasta que luego, una vez que ya son famosos llegan a ganar unos 600 euros por rodaje, en el mejor de los casos. De todos modos es casi imposible vivir del porno, así que tanto ellos como ellas, tienen otras ocupaciones (analistas informáticos, enfermeras, comerciales cárnicos) y con los espectáculos en salas eróticas obtienen mayores emolumentos y más frecuentes que los que les deparan las películas que ruedan.
Los chicos no llevan del todo mal que los reconozcan, será, digo yo, porque en el fondo si un tío alardea de haberse acostado con mil tías genera a su alrededor un sentimiento de envidia, ganando enteros a los ojos de los demás, lo afirmen o no, como explica bien Conrad Son. La historia personal de Torbe (puta locura) es una orgía verbal, un parto, donde nos cuenta su obsesión por el sexo, por follar a todas horas, y por haber cumplido su sueño, de ser director y actor y como a pesar de su físico (algunas actrices han rechazado rodar con él por su aspecto) y de tener un miembro normalito poder follar lo que quiere, con mujeres rubias que cortan la respiración, pagando las más de las veces, eso sí, porque los focos dice que le restan apasionamiento al polvo. Torbe afirma que ahora tras su aventura en el porno, es feliz como sólo una vez antes lo había sido.

Con las actrices porno su visión de la profesión es diferente. Celia Blanco, Lucía LaPiedra, Salma de Nora, Alba Sanz, Sophie Evans, Malena Conde, Silvia Lancôme, Laura Brent, miran mucho por los suyos, por el qué dira su familia, qué sucedería si estos se enterasen y anteponen entonces su vida privada a su trabajo, que muchas acaban dejando. La sociedad tampoco ayuda ya que alguna de las actrices que tiene hijos debe escuchar por ahí que su madre es un putón verbenero y le muestran fotos de su madre trabajando. Entiendo que si algún actor porno tiene hijos no se dará esa misma circunstancia. Ellos quedan como super machos y ellas como putas, haciendo todos el mismo trabajo que no es otro que tener sexo delante de una cámara.

Ellos se lo pasan en grande rodando, esto es, teniendo sexo y es evidente (aunque hay truquillos) lo bien que se lo pasan, cuando llegan el momento del vacíado o la limpieza en seco.
Ellas afirman que nunca salvo contadas ocasiones logran un orgasmo en el plató. Una escena para grabarse requiere cuatro o cinco horas o más. No se rueda del tirón y que cada poco rato se para. Entonces ellas se relajan, estiran, calientan los músculos y luego las vuelven a poner en posición y siguen a a lo suyo, ya sea haciendo una felación, una doble penetración, o lo que se tercie. Ellos en los momentos de parón se dan duchas frías, cogen una revista porno y van calentando para que cuando les toque rodar de nuevo estar a punto o poder “darlo todo”.

Cuando ellos no pueden eyacular, se pone el miembro de otro actor, al que no se le ve la cara o se emplea jabón líquido (Lucía Lapiedra cuenta una anécdota al respecto). Si no están empalmados, ellas les cogen por detrás de los testículos haciendo que quede tirante el miembro y dando así el pego ante la cámara.

A veces ellas o ellos no hablan idiomas y si tienen que rodar alguna escena con actores de fuera, la incomunicación es tal que las actrices no saben cuando se la tienen que chupar al prota, así que alguien debe avisarle y cosas por el estilo, como le sucedió a Alba Sanz con el actor David Perry. Anécdotas como estas se cuentan algunas.
Ellos no se cortan en irse de putas en su tiempo libre. Ellas sin embargo no dicen nada al respecto e incluso afirman, las que tienen pareja, que cuando llegan a casa, las más de las veces cansadas, si practican sexo en el hogar quieren algo convencional, algo tranquilo, que no les exija hacer acrobacias circenses, ni posturas imposibles.

Los directores Sandra Uve, Narcis Bosh, Conrad Son, Isi Lucas, Pedro Calleja, los hermanos LaPiedra hablan de su modo de grabar, de como el porno les da unas pautas que deben seguir, imposibilitándoles la creación. Algunos ruedan según lo establecido para luego cuando consiguen dinero hacer la película que desean, aplicando sus conocimientos técnicos en la grabación de las secuencias. Casi todos repudian ciertas escenas, no ruedan por lo general gonzos ni las corridas faciales, tampoco las escenas en las que la mujer es golpeada o vejada. Son de la opinión que ellos y ellas deben gozar por igual, que la mujer debe gozar y transmitirlo, máxime si quiere acercarse a las mujeres al porno como espectadoras.
Les gustaría también que sus películas tuvieran algo de contenido, que no sólo sea un mete-saca donde el sexo se convierte en algo mecánico, gimnástico, previsible y aburrido, que las actrices y actores tengan algunas frases de diálogo (lo que se llama en el porno “hacer comedia”) que teatralicen. Abogan para que los aspectos técnicos sean considerados; lograr una buena fotografía y buen sonido, que se oiga a las actrices gemir por ejemplo. Conrad ha sacado algún niño en sus películas de soft-porno. No teniendo sexo claro está, sino que en las películas de Conrad aparecen familias, y las familias (los adultos) follan, y en sus películas se ve como lo hacen, es como las películas comerciales pero con sexo explícito (fóllame, Nine songs).
Uno de los apartados del libro se dedica a los hermanos LaPiedra (Pablo y Ramiro) que con películas como Aberración o La orina y el relámpago se han ganado el respecto de nada menos que Ramon Gubern, eminencia de la crítica cinematográfica (al cual tuve la suerte de ver cuando vino al Ateneo en Logroño a presentar una película junto a Juan Manuel de Prada, María Teresa León Goyri, viuda de Alberti)

Los productores ven el porno como un negocio, de ahí que alguno afirme que no ve ninguna de las películas de su catálogo. En todo caso algún fragmento.
El caso de Salvador Diago poco tiene que ver con el porno pero es muy interesante. Desahuciado, con una depresión irremediable viaja a Cuba, al interior, al poblado de Baracoa y allí se recupera casi al instante. Otros productores como Antonio Marcos o Victor Diago afirman que no lo tienen fácil, que los bancos cuando saben de qué va su negocio no les ponen las cosas fáciles y a menudo les dan con la puerta en las narices. Que puede que haya drogas en la profesión, como lo puede haber en todos. Que a veces el uso del condón en los actores sirve como elemto pedagógico en los espectadores.

Acabando el libro, Jordi Costa cede la palabra a John Morbus, director y empresario del porno. Es el creador de personajes como Johnny Supermiembro, el Argentino Meador, el Violador Gilipollas, el Torero Fechista, Enculator, etc.