Hoy en el buzón me encontré con una carta “no comercial”. Parece algo normal, pero creo que llevaba más de un año sin recibir una carta escrita a mano. Era de una amiga italiana, y aún reconociendo las indudables ventajes del correo electrónico en cuanto a rapidez y disponibilidad, he de decir que coger una carta del buzón, abrirla, tocar el papel, descifrar el contenido de la carta, y si encima ésta viene con colorines y dibujos, hechos por la hija de mi amiga, entonces se convierte en un momento estupendo. Luego puedes coger el sello de la carta y guardarlo o dárselo a alguien que los coleccione. Las cartas son antediluvianas pero la sensación de recibir una es mil veces más gratificante que la deparada por los correos electrónicos, que son pasto del olvido inmediato, con un simple click del ratón.