Los políticos saben que la naturaleza humana es débil, que el egoísmo y la necesidad se anteponen a muchas otras creencias y valores. Saben que al que no tiene trabajo le importará muy poco tener a su alrededor un paisaje estupendo, un río caudaloso, un tupido bosque, si pasa las tardes en el bar esperando encontrar un trabajo que le permita tener unos ingresos, porque la naturaleza enriquece los sentidos, calma el ánimo y alimenta el espíritu, pero no el estómago.

Ahora en Soria, los políticos han dado luz verde para construir en un paraje protegido. La gente se les echa encima. Los políticos, que no son tontos, aunque muchos lo parezcan, le ponen a los lugareños el caramelo en la boca. Edificando aquí se crearán “x” puestos de trabajo, dicen. De este modo la batalla ya no se plantea en términos de si los terrenos donde se pretende proteger son o no urbanizables, de si se trata o no de un paraje protegido, del impacto que tendrá en la flora, en fauna de la zona, en los recursos hídricos y naturales esas nuevas construcciones, sino que lo que los políticos muy hábilmente hacen es obligarles a elegir entre destrozar el medioambiente u obtener como recompensa un puñado de puestos de trabajo y riqueza, mucha riqueza para la zona, dicen los promotores.

Los políticos creen que todos tenemos un precio y más cuando la necesidad aprieta. Así que en zonas deprimidas, el nivel de resistencia ciudadana será menor, preveen. Les toca elegir entre preservar su medio ambiente u obtener unos presuntos puestos de trabajo.
Seguro que los políticos se salen con la suya. En Almería, con la demolición del hotel El Algarrobico se encontraron con muchos ciudadanos en contra, que veían en ese hotel, la oportunidad de prosperar, de conseguir trabajo, de generar riqueza en la zona y atraer al turismo.

En Soria nada apunta que vaya a ser diferente. Cuando cierras centrales nucleares los lugareños tampoco están conformes, porque aunque el beneficio es “general” el malestar particular e individual, es mucho, pues el cierra de la central conlleva perder el puesto de trabajo. Todo es comprensible, y esto nuestros políticos lo saben de sobra. Así que ellos prometiendo puestos de trabajo y riqueza ponen la piedra en el tejado de los lugareños, suscitando el debate, creando la división de pareceres entre ellos, de los cuales surgirán encarnizados detractores y defensores con este proyecto.