Has desbaratado
de tal forma
mis ritmos biológicos
que tras coleccionar amaneceres
ahora vendo mis noches en vela
en el rastro del insomnio
de cualquier ciudad.
Más inútil que un parking en rampa
secundo cuanto dices
y no llego primero a ningún sitio.
Tengo tantas botellas de sudor
en mi alacena
que no hay papel suficiente
para embutir mis mensajes
ya añurgados y esvafados.
Ni mi oso de peluche
osa a saludarme
moviendo sus ojitos,
se la pasa hibernando.
He puesto en cuarentena
los latidos de mi órgano vital
y en vista de la situación
me he autoproclamado
alquimista del tedio.