Rosauro dio la voz de alarma a grandes voces. La enfermera confirmó que hasta las tres de la madrugada que había efectuado la última guardia el chico estaba allá. Las cámaras de seguridad registraron la salida a pie del enfermo a las 7,23 a.m. El doctor no daba crédito al ver las imágenes. No cabía duda de que el joven del monitor era el mismo que él había casi desahuciado el día anterior.
Lo ha vuelto hacer dijo Isabel, ha vuelto a huir. Su marido asentía. Parecía ser el sino del muchacho. Huir de los demás y también de sí mismo. Bajaron todos los presentes a la cafetería. El inspector se comprometió a tenerlos informados en todo momento acerca del curso de la investigación. Hablarían con gente de la zona, por si alguien lo había visto. Regina buscó una pensión dónde se alojarían los padres del joven. Tenía una intuición que prefirió reservarse

Se desveló, oyó un sonido repetitivo procedente de la puerta. Alguien estaba llamando, golpeando la puerta con ímpetu. Se acercó y miró por la mirilla. Una chica de pelo rubio platino estaba detrás. No sabía quien era. La chica seguía insistiendo. Ismael, estás ahí, preguntó. Dudó si abrir o dejar que se fuera. Entreabrió la puerta. La joven parecía feliz, exultante, estás vivo, gritaba como una loca. Por qué no debía de estarlo pensó. Déjame pasar, no seas tonto, estoy hay que celebrarlo por todo lo alto. Al ver que Isma no se decidía, hizo fuerza y empujando con su antebrazo se adentró en el recibidior, ante la mirada perpleja de su novio. Lo estrechó entre sus brazos. Tu madre estaba en lo cierto, gracias a Dios. Di algo, que parece que no te alegraras de verme. Te conozco, pregunto Ismael tímidamente, con un hilo de voz apenas audible. Regina no daba crédito. Así que no sabes quien soy. Pues mira, tú eres Ismael, yo soy Regina y somos novios, o al menos antes de ayer lo éramos. La cara alelada de él, la incitó a seguir. Hace dos días fuiste embestido por un coche y entraste en coma. Nos llamaron ayer del hospital para decirnos que habías desaparecido. Incluso sopesamos en un primer momento la posibilidad de que te hubiesen secuestrado, ya ves tú que tontería, con eso del tráfico de órganos no sabe uno que pensar. Algo me hacía pensar que si no estabas en el hospital estarías aquí, y no me equivoqué. Por lo que veo, no me conoces, porque tal vez tu en cerebro algo no vaya del todo bien, y no recuerdes algunas cosas. Isma no parecía muy convencido y seguía con los brazos caídos a ambos lados de la cintura, con la misma estúpida expresión de antes y Regina comenzaba a impacientarse. Mira dijo ella, extrayendo una foto de su cartera, lo ves, somos tú y yo, por cierto, tus padres están en la ciudad. Podemos pasar a verlos ahora.
No, replicó tajante. Estoy cansado, quisiera estar solo. Regina al borde del llanto tenía tantas ganas de abrazarlo como de caerle a golpes.
Está bien, cuando te aclares me llamas. Salió dando un estruendoso portazo.

Sintió un escozor en las entrañas, la rabia se apoderó de ella. Será gilipollas. Quizá no era lo más adecuado y se estaba metiendo en camisa de once varas, pero marcó el número. Rosauro, escuche atentamente, su hijo está vivo. Lo pueden encontrar en esta dirección y cortó. Llamaron a un taxi y se presentaron ante un edificio antiguo, en una callejuela estrecha a la que no llegaban los rayos solares y en la que la oscuridad reinante creaba una atmósfera respirable. La puerta de forja estaba entreabierta. Pulsaron el timbre. Nada. Decidieron subir los cinco pisos sin ascensor que los separaban de su hijo. Recuperaron el resuello ante la puerta tras las cual se encontraba su retoño.
Llamaron. Nada. Volvieron a intentarlo. Isma reconoció a la pareja de ancianos pegados al timbre. Abre, sabemos que estás ahí. Hijo, por qué nos haces esto, dijeron al unísono. No nos iremos de aquí hasta que nos abras la puerta gritó Isabel. Sólo queremos verte, nada más, luego te dejaremos en paz, si es eso lo que quieres. Ismael recordaba nítidamente el día que dejó su hogar, pero desconocía las motivaciones que lo llevaron a hacerlo. Si abría la puerta sabía que su vida anterior volvería de nuevo, que los lazos que había decidido romper volverían a atenazarlo, ahogándolo. No podía ceder. No quería traicionarse. Tenía que ser fuerte. Había hecho añicos su pasado y ahora sus padres venían con sus ruegos y sus lamentos tratando de recomponer el puzzle de una vida familiar pasada que él no quería revivir nunca más. No se irían. Lo sabía. Su padre había apoyado su espalda en la puerta, haciendo guardia. Tenía que buscar otra salida….

Regina se dirigió al hospital. Tras una larga espera el Doctor Brue le hizo un hueco en su agenda para atenderla. Ella le contó lo ocurrido con Isma. No lo culpes. No hay demasiados estudios científicos sobre el tema, pero la perdida de memoria es algo bastante normal. Puede tratarse de algo temporal o permanente pero eso es algo que sabremos más adelante. No me preocupa tanto que no me recuerde, si no su actitud, lo noto raro, frío, distante, y no sé si eso también guarda relación con haber estado en coma. Es como si fuese otra persona muy diferente al chico que yo conozco. Todo guarda relación. No nos comportamos de igual manera con nuestra pareja que con un extraño que va sentado al lado nuestro en el metro. Por tanto, si él no tiene recuerdos tuyos, y no sabe quien eres, es lógico que se muestre cauto contigo, que mantenga las distancias. En el momento en el que tú puebles sus recuerdos, entonces cambiará y te verá bajo el prisma del afecto. Estoy convencido de ello. El doctor le inspiraba confianza porque sus palabras eran claras, cortantes incluso, exentas de toda clase de paternalismo. ¿Le importa que vuelva alguna otra vez, a consultarle? Preguntó Regina A Brue no le pasó desapercibido que la joven, aunque desarmada por la situación mantenía una actitud desafíante, provocativa en cierta manera. Quizá fuera consecuencia del cansancio, de las treinta y seis horas que llevaba sin dormir, pero pensó que esa chica se le estaba insinuando.
Vuelva cuando quiera. Le ayudaré en lo que pueda.

….. continuará….

© Chufowski