Leí tu manual de instrucciones
sin entender nada y
mis palabras huecas
llenaron tu buzón de voz
reciclé entonces mis principios
los pinté de blanco roto y me acerqué
la bruma me devoró y perfiló el ser
la bestia negra de dientes afilados
ávido de sangre y de amor dulzón
bramó arañando la noche
sin manos, ni cuerpo
sin ojos, ni pestañas
creí ser nada, menos que nada
un punto luminoso en el firmamento
un párrafo sin justificar
un valor que no cotiza
una pistola en tu mano
Ahora soy otro
la enfermera asiente
mientras me da la medicación
mesando mis cabellos
con dedos salchicheros.