Es la evolución sin etapas
las palabras gastadas por el uso
la palmada en la espalda
el anticipo a cuenta
las cuatro estaciones
lo irremediable lo sabido
el sonido del trueno tras el rayo
el suelo que pisamos firme y embreado
lo que todos saben de nosotros
la máscara de piel que vestimos
el olor que expelemos
lo evidente, tangente, sensorial
la manta sobre las piernas
la mecedora vacía.
Si alguien te dice que tienes estilo al caminar
al vestir al escribir al comer nueces
tienes dos opciones
alardear de tu estilo y afianzar tu previsibilidad
o desandar el camino hasta volver al origen
ese tronco placentero del que manaste
buscar tu yo desestilado
en el espejo roto y en el agua turbia de una pila bautismal
bendecir el caos
ser una alma heterogena fragmentaria
un puzzle de carne con más piezas
que las que vienen en la caja
así no serás ya una marca
un producto cifrado
una señal de identidad
el faro en la loma
lo que todos esperan
un significante con significado trillado y vacío de contenido.
Serás tú mismo el que elija los afijos de tu raíz
altéralos a tu antojo, create y desconstrúyete a ti mismo
no bendigas la permanencia
porque la película de tu vida
no tendrá fotogramas ni títulos de crédito
solo risas y aplausos enlatados

Pues gracias a Prometeo que me lo ha recordado en un comentario, hace un año que nos dejamos caer por la red, y así golpe a golpe, pulsación a pulsación hemos cumplido un año desde aquella presentación. Así que daros las gracias a ese puñado de lectores que se pasan por aquí de vez en cuando, que comentan lo que escribo, entre esos cientos de millones de blogs que alimentan el ciberespacio. Espero seguir por aquí un tiempo más, aporreando el teclado, perdido en ese mar de pixel. Ya de paso ahí tenéis una carta para San Valentín que escribí el año pasado, por si hay alguna palabra o frase que os pueda ser útil con vuestras parejas.