De tu cabello carbón a un niño malo
De tus ojos mares hirvientes desollantes
De tu boca besos de tornillo inoxidable
De tus fosas nasales no más fosas ni aspiraciones
De tu frente un minarete donde orarte
De tus manos caricias sin principio ni final
De tus falanges ejércitos en son de paz sobre mi piel
De tus dientes cascanueces de la dicha
De tus pechos goce y recreo respingón
De tus brazos los confines y los istmos
De tu vientre mi responso diario con oleaje
De tu pubis bosque encantado y como tal yo
De tus piernas el nido donde sueño y me evaporo
De tus pies los kilómetros que nos aguardan
De tu cuerpo fundido con el mío un sólo ser.