De un tiempo a esta parte compruebo que en muchas películas cuando alguien quiere informarse de algo, recurre al buscador google y allí encuentra lo que busca. No sabemos a ciencia cierta si lo que en el mundo virtual se dice es cierto, pero se da por bueno. En la literatura es una práctica que también se viene practicando. En un libro que comenté hace unos días La clave Gaudí, uno de los personajes del libro, quería obtener información sobre un tema y lo consultaba en internet. Si en libros estupendos como En el nombre de la Rosa, los personajes eran gente letrada, con grandes conocimientos, del que nos hacían partícipes, las novelas históricas actuales, por llamarlas de algún modo, se nutren de
personajes incultos que para salir del paso y librar el pellejo de los malos, buscan lo que necesitan en google (siempre es este buscador) y así obtienen un conocimiento momentáneo, superficial y probablemente no veraz.
Si la literatura de masas va por esos derroteros vamos apañados, pues al final cualquier puede escribir un libro. Lo que no sepa, su personaje lo buscará en internet, el escritor, lo copiará y lo pegará, porque a menudo lo que hay en google no tiene derechos de autor y todos tan contentos. La era de la mediocridad ha encontrado en google su aliado perfecto. No es la era de la información la que nos ha tocado vivir sino la de la desinformación.
¿Para qué memorizar nada, si pones cualquier cosa en google, incluso mal escrita y te da lo que buscas?