En mi casa hay hormigas
que viven gracias a mí pues no las mato
no me asustan como sí hacen los gatos
de pelos enhiestos y mirada penetrante
las hormigas van desde el microondas hasta el fregadero
recorriendo la encimera
me gusta observarlas
desde la silla quedan a la altura de mis ojos
transmiten vida que aumentó con la lupa
juego con ellas
dispongo migas en su camino
gotas de agua
obstáculos con forma de tenedor
cuchara o rallador
desorientadas buscan la entrada
recogen alguna compañera maltrecha en su camino
no sé como lo logran
pero al final tarde o temprano
después de dar muchas vueltas
entran por una pequeña abertura
que el papel albal no cubre
y desaparecen hasta que dejamos la cocina
con las luces apagadas