quizá algún día mis dedos devengan amnésicos
o no encuentre en los cajones más folios
y sobren entonces todas la palabras
y esconda los bolígrafos
y apague el portátil
y dedique mi tiempo a mirarte a los ojos
a tomarte a las cinco
a enseñarte mi casa en las nubes
y así demostrarte la inexistencia de Dios
o quizá no y entonces le pida consejo
y bese su túnica
y acaricie su pelo
y hurgue en su flanco
y recibe una hostia
y me diga: “Chufowski, levántate y escribe”
y coja mis bolis
y enchufe el portátil
y airee mis folios
y obvie tus ojos