Oigo voces en el patio. Me asomo. Juego entonces al pilla pilla con mi voz interior. A polis y cacos también. Al escondite. Me escondo y me encuentra, ausculta mi silencio y pasa sus alas por mis lóbulos. Me caigo sobre el tendal y vuelo entonces agarrado a sus alas, a sus musculados silencios. Me alimento de olores de especiada comida paquistaní, que asciende por la pared como una enredadera, vocablos rumanos, música caribeña que incita al cachondeo. Estornudos de escala seis. Niños en la escalera, bicicletas en el portal. Publicidad tirada por el suelo. Un bochorno infernal que nos ahoga. Un cigarro en la ventana, coronado por el humo, a la fuga.