Ando leyendo La canción del cielo de Sebastian Faulks, y compruebo que cuando una historia se ambienta en el pasado y en el presente, la historia pretérita es con creces mucho más apasionante que la actual, como si esta época que vivimos fuera totalmente gris y desapasionada, como si esta era de la desinformación y la manipulación nos tuviera tan colmados de tedio y sobrados en todo lo material, que muchos no encuentren otra manera de pasar el rato que pegándose un tiro o confirmando su necedad consumiendo televisión.