La carretera último libro de Cormac McCarthyCormac McCarthy en este libro más que crear personajes dibuja para el lector un paisaje post-apocalíptico, donde sin saber las causas que han llevado a esa situación, un padre y su joven hijo (del que no sabemos la edad), sobrevive a duras penas huyendo del norte, camino del sur, buscando algo de calor, ya que el frío que los envuelve es tal que puede romper las piedras.
Es el paisaje que transitan un paraje desolado, hosco, agrestre, pintado de negro, con el aire cargado de ceniza, donde los cuerpos siguen en las calles y en los campos, demacrados, hollejos del fuego que los devoró.
Además del padre y del hijo, en su deambular, estos se cruzan con otras personas que sobreviven como pueden, muertos de hambre, vestidos de harapos, deshumanizados o bien bandas de criminales capaces de devorar los cuerpos de los bebés o de comer carne humana.
En esa huida desesperada, siguiendo las indicaciones de un plano, pegados a la carretera, a modo de cordón umbilical que los lleve a la placenta vivificadora, donde cada uno de los días es más gris que el anterior, tratan de mantenerse íntegros, de preservar una compostura ética, de seguir siendo humanos a pesar de todo, y el padre transigirá así con la inocencia de su retoño, que no puede digerir tanta violencia, un horror tan descarnado y nauseabundo, con cadáveres que poblarán sus pesadillas, cada vez más aciagas.
La prosa de McCarthy va directa al grano. Se suceden los párrafos como ráfagas, sin abusar de la adjetivación y el engolamiento y empleando las palabras justas y precisas para recrear ese paisaje que a medida que vamos leyendo vamos interiorizando, hasta ser capaz de oler esa lluvia, que huele a ceniza mojada, y seguir las famélicas sombras de estos supervivientes, en su camino hacia el sur.
La carretera es una lección de supervivencia, de superación, impregnada cada gesto, cada acción, de un amor filial, infinito, imponderable, que deja un marca indeleble de hollín en el paladar, de ceniza en la mirada y tiznado el corazón. Una obra contundente como un bofetón bien arreado y desoladora como lo es la imagen de un mortecino sol fagocitado por un mar grisáceo.

Del escritor americano, Cormac McCarthy se ha llevado a la gran pantalla su anterior novela, No es país para viejos.