Tras acabar de leer hace tres días “Los hombres que no amaban a las mujeres”, me he puesto a leer la segunda parte de la trilogía Millennium, titulada “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. El hecho de leer uno detrás del otro tiene en este caso un serio inconveniente y es que el autor, a fin de enganchar a los que no leyeron la primera entrega, repite bastantes cosas del anterior libro, en cuanto a la descripción de los personajes, la forma en la que se conocieron y aspectos de su vida, como el pasado de Salander, cuya relectura resulta bastante tedioso, además como la historia se contará desde varios frentes, son varios los que opinan sobre Salander, repitiéndose una y otra vez lo mismo.

Hubiera sido mejor que Stieg Larsson hubiera prescindido de estos detalles, así la gente se vería obligado a leer el primer volumen, ya que de esta manera, hay un buen número de páginas que son mero relleno (se explica así que sean más de 700). Si en ”Los Hombres que no amaban a las mujeres” había una historia de intriga apasionante, donde Mikael, un periodista en el dique seco tras una sentencia judicial se afana con resolver el caso que le propone un millonario, Henrik, un caso que lleva varias décadas sin ser resuelto, en esta ocasión, quien suscribe no tiene muy claro qué es lo que quiere contar Larsson. En su primer libro era un psicópata que mataba mujeres, aquí parece que el tema estrella del libro será “la trata de blancas”, pero este que en principio parece ser el tema del libro luego se diluye en naderías, demostrando que Larsson está más a entretener que hacer una denuncia social.

La protagonista absoluta de este libro es Salander. Si en el primer libro sabíamos que era una hacker de gran nivel, una de las mejores de toda Suecia, además de ser diminuta y delgada (que no anoréxica), que le costaba relacionarse con la gente que le rodea, que ha tenido familias de acogida, que no confía en nadie, que con 13 años le paso Todo Lo Malo, que no tiene problemas en acostarse con Mikael, que boxea, va tatuada y llena de piercings y apenas tiene pecho, en este segundo libro Lisbeth Salander aparece en el Caribe, pasando un año sabático con el dinero obtenido ilícitamente, acostándose con un menor al que salva la vida, sufriendo un huracán en una isla caribeña, viajando por Asia, operándose los pechos, quitándose algún tatuaje y varios piercing y socializándose bastante, porque si antes era huraña, ahora es capaz de invitar a comer a quienes le reforman su casa.

Tras unos capítulos bastante largos leemos que Salander vive a cuerpo de rey sin dar un palo al agua, que su madre ha muerto, y que cambia de residencia, yendo a parar a una zona cara con buenas vistas en la ciudad de Estocolmo, que su tutor legal ha cambiado y el nuevo que la viola recibirá su merecido, al poner Salander en práctica sus métodos expeditivos, el cual luego se vengará y Salander pasará del anonimato más absoluto a ser la persona más buscada de Suecia, cuando se le acuse de tres muertes, donde dos de los muertos tienen relación con la revista Millennium, donde trabaja Mikael, el cual va a publicar un artículo y un libro sobre La trata de blancas, contando con la ayuda de los ahora fiambres.

Salander soluciona todos sus problemas entrando a su antojo en cualquier ordenador, así cualquier idea por disparatada que sea es llevada a buen puerto por Salander y su amigo Plague, otro hacker, que le permite colarse con mucha facilidad en ordenadores de fiscales, periodistas y policías.

Cuando Salander es vendida en los medios como asesina, se inhibirá y preparará su defensa cibernética. Mientras Mikael, trata de ponerse en contacto con ella, pues la cree inocente. A Erika la tientan desde el principal periódico de Suecia y ella no sabe decir que no a una proposición semejante.

Aparecen en escena un fiscal, un inspector de policía, varios policías más, un boxeador amigo de Salander, una novia de ésta llamada Miriam Wu, reaparece su antiguo tutor legal, el cual no está muerto, tras haber sufrido un derrame y todos ellos aportan bastante poco a la trama, pues más allá de presentarlos y colgarles a cada uno una etiqueta, casi siempre girando todo en torno al sexo, dando información sobre si son infieles o no, o si son guapos o feos, apenas hay interrelación entre ellos y su calado es nulo.

Tras leer el libro, tengo la sensación de que Larsson escribió dos mil páginas se las dio a su editor y con su muerte no hubo mucho tiempo de pulir el material, y visto que el primer libro se ha vendido y se sigue vendiendo como churros en España y otro buen número de países (algo comprensible porque el libro es muy entretenido) este segundo parece llegar al mercado tal cual, cuando a mí entender le hubiera venido bien una mayor concreción. El libro son más de 700 páginas, algo que por otro lado no debe parecernos raro toda vez que Larsson repite bastantes cosas del primer libro, y se entretiene con descripciones como los muebles de Ikea del piso de Salander o enumerando la cesta de la compra que ocupan en total una cuantas páginas, que no son otra cosa que mero relleno y ese es el problema, que leemos porque queremos saber qué pasa al final, sin importar en exceso lo que leemos, devorando páginas, sin que su lectura conmueva o nos haga volver atrás a releer por el calado, sustancia o estética de lo escrito, y el autor tampoco se esfuerza demasiado en brillar escribiendo, de ahí que su estilo deje mucho que desear, dejando todo el peso de la trama en su resolución.

Resumiendo, el primer libro me gustó, el segundo no me ha gustado apenas nada. Todo me ha resultado en exceso simplista, tanto las situaciones cómo las descripciones de los personajes. (y no es una cuestión achacada a su condición de best-seller, pues hay gente como Follet, Pérez-Reverte, Asensi, Eco.. que son capaces de hacer libros entretenidos, vender mucho y escribir bien). Lo peor de todo es que se vende humo, pues esa “trata de blancas”, es un mero ardid, para poner en escena a Salander y a Mikael y certificar que conectados a internet todos somos vulnerables.
Por otro lado señalar que Mikael seguirá cepillándose a cuantas mujeres se crucen en su camino. En la primera entrega sabíamos que este intrépido periodista se acostaba con Salander, Cecilia y Erika. En este segundo volumen Harriet también es otra víctima del animal sexual Mikael, porque en los libros de Larsson todos son o muy activos o muy inhibidos sexualmente, pues no hay término medio en cuanto a la intensidad sexual de los mismos.

Hace poco Menkell decía al respecto de Larsson que le parecían los suyos libros interesantes, pero que se había levantado mucho revuelo con los mismos. Vamos que para nada eran algo extraordinario. Estoy completamente de acuerdo.

Millennium, ¿trilogía de culto?. Como chiste, pase. Además, ¿cómo puede ser Millennium trilogía de culto, o anunciarse así en la solapa de los dos libros publicados, cuando todavía no se ha publicado la tercera parte?. Se supone que algo es de culto, cuando el paso del tiempo le da la razón, no cuando todavía no se ha publicado más que las 2/3 partes de la trilogía. Puro marketing, y funciona porque sino yo estaría ahora hablando de otro libro, no de este.